En 2022, después de dos años de ausencia a causa de la pandemia, el festival de Glastonbury hizo un regreso triunfal con una programación que buscaba estar a la altura de la celebración por sus 50 años de historia. En la primera de sus jornadas, Wolf Alice tenía un lugar envidiable en la programación del escenario principal, justo antes de Robert Plant & Alison Krauss, Sam Fender y Billie Eilish, pero una agenda sobrecargada casi le impide a la banda londinense ser parte del evento.
“Cometimos la estupidez de aceptar telonear un show de Halsey en el Hollywood Bowl la noche anterior. Tocamos, nos fuimos al aeropuerto y cuando llegamos habían cancelado casi todas las salidas”, recuerda hoy el guitarrista Joff Oddie. Los músicos y su staff pasaron toda la noche en vela evaluando posibilidades hasta que una compleja triangulación de vuelos los depositó en suelo británico con nulo margen para el error. “Aterrizamos a las 11 de la mañana y nuestro show era a las 4 de la tarde, así que nos subimos a una camioneta y salimos volando por la autopista. Cuando empezamos a llegar al lugar había gente con walkie talkies y motos con sirenas escoltándonos”, completa Oddie sobre una anécdota que se volvió graciosa con el paso del tiempo pero que en el momento fue estresante. “Lo peor es que tocamos y al rato nos tuvimos que ir porque al otro día teníamos un show con Harry Styles en Hamburgo”, remata.
La anécdota ilustra al mismo tiempo la abultada agenda que hace rato mantiene el cuarteto, como también su amplitud sonora, con un pie en el pop y otro en la cultura alternativa. Después de tres álbumes expansivos y etéreos con un dream pop alimentado a descargas eléctricas, Wolf Alice decidió dar un giro radical con The Clearing, su cuarto disco, publicado en agosto del año pasado, y que los traerá por primera vez a Buenos Aires este lunes 25 de mayo en C Art Media.
Para esta nueva etapa, la banda (que completan la cantante Ellie Rowsell, Joel Amey y Theo Ellis) decidió rendir homenaje a su manera a artistas como T-Rex, The Beatles y David Bowie. “Nos pareció muy inspirador, porque la música pop de los 60 y 70 la tocaban mayormente bandas. Hoy la música de bandas es más de nicho, no es necesariamente lo mainstream, así que nos interesaba ese período y ver cómo sería una versión moderna de eso”, dice Oddie para resaltar algo clave del disco: el factor humano.
Para el guitarrista, la búsqueda sirvió para ejecutar la máxima del arquitecto Ludwig Mies van der Rohe: menos es más. “The Clearing fue un poco una reacción a todo lo anterior, que era muy denso. Antes, en los discos, si había un poco de espacio sentíamos que estaba mal, que había que llenarlo todo. Fue un experimento muy interesante, creo que hay un poco más de ligereza en este disco, es un poco más divertido”, dice.
Para Oddie, la búsqueda en la música de antes tiene que ver con que “el indie y lo alternativo a veces puede ser un poco solemne”, y se anima a poner a los Fab Four como contraejemplo antes de ponerse teórico. “Nos inspiró mucho The Beatles, que eran capaces de escribir canciones de rock en una escala mayor, algo muy difícil de hacer. Podés boludear con una escala pentatónica, tiene sus límites aunque te sirve para hacer algo ruidoso y loco, pero es difícil escribir algo en escala mayor que sea rockero y no sea algo bajón o muy cursi”, explica sobre un proceso que definió también como un desafío bastante exigente. “Queríamos poder cerrar los ojos y ‘ver’ a la banda al escuchar el disco: allá está el baterista, ahí el bajista, allá la guitarra y los teclados, y acá la cantante. Tratamos de que la producción no tape a la canción o a la banda”, completa.
Wolf Alice nació como un dúo entre Oddie y Rowsell, pero al poco tiempo la dupla entendió que necesitaba sumar algunas piezas para completar el rompecabezas sonoro que tenía en mente. Ambos se conocieron en 2010, cuando Joff se mudó a Londres desde Cornualles, un poblado que, de acuerdo al folclore medieval, fue el lugar de nacimiento del Rey Arturo.
Ya en la capital, Oddie publicó un aviso clasificado para conseguir alguien con quien hacer música, y la que respondió esa publicación sería su futura compañera de banda. “Estaba claro que ella tenía muchísimo talento, pegamos onda enseguida. Trabajamos juntos un par de años haciendo noches de micrófono abierto, donde caés y cualquiera puede tocar un par de temas”, dice el guitarrista sobre esos primeros años que asegura tomaron su forma definitiva con la llegada de Amey y Ellis. “Antes tuvimos a otras dos personas que se fueron por distintos motivos, pero cuando nos juntamos todos y se armó la formación definitiva, la sensación fue otra. Había una calidad distinta. Creo que las bandas son ese viejo cliché de ser más que la suma de sus partes, y así se sintió. Cuando empezamos a tocar, se sintió potente e interesante”, reflexiona.
Con una década y media de proyecto a cuestas, Oddie asegura que lo que más lo motiva es la posibilidad de conocer un público nuevo, una sensación que se renueva constantemente. “Cuando empezás, al principio tocás para tus amigos y tu familia, hasta que de repente empieza a caer también gente desconocida y decís: ‘Che, esto es raro’. De a poco, la gente te empieza a conocer, salís de tu ciudad y llegás a otros lugares donde hay gente que sabe quién sos, y pensás lo mismo. Adelantá 12 años y estamos hablando antes de ir a otro lado del mundo, a un lugar donde nunca estuvimos, donde también hay gente que le gusta lo que hacemos y que quiere gastar su plata en una entrada para vernos. Es una sensación absurda, rara y maravillosa”, dice antes de su inminente debut porteño.
Después de tres discos publicados a través de Dirty Hit, un sello independiente, Wolf Alice decidió dar el salto hacia el mundo de las grandes discográficas con The Clearing, una situación que para sus propios protagonistas no es tan distinta al pasado. “Ahora estamos con RCA, que pertenece a Sony, y eran los encargados de publicar nuestros discos anteriores en Estados Unidos, y Dirty Hit estaba financiado por Polydor, que pertenece a Universal. Siempre hubo injerencia de sellos grandes, y parece ser cómo funciona el mundo de la música hoy en día; no sé cuántos sellos realmente independientes quedan”, explica el músico.
Para Oddie, la estructura de una multinacional fue clave para que el grupo tuviera el alcance suficiente como para llegar a nuevos territorios, y no cree que se trate de una escena en la que los héroes y los villanos están tan bien señalizados. “Yo cuestiono eso de que las majors son el lado oscuro del mal y los indies son los puros y morales. No creo que sea así, para nada. Hay historias de terror y cosas maravillosas en los dos lados”, sostiene.
Dentro de un mes y medio, Wolf Alice dará en su ciudad natal su show más grande a la fecha, en el Finsbury Park londinense. El lugar les es conocido: en 2018, la banda pisó ese mismo escenario para abrir un show multitudinario de Liam Gallagher, que también se encargó de manifestarle su apoyo cuando fueron nominados a banda del año en los Brit Awards de 2022, de donde se volvieron con estatuilla en mano. “Fue muy surrealista. Todos le tenemos un respeto enorme a Liam, Oasis es una banda importantísima y él es uno de los cantantes más icónicos de la historia. Además tuvo una carrera solista muy exitosa, lo cual es raro de ver. Es bizarro que alguien como Liam Gallagher sepa que existís, ni hablar de que le guste lo que hacés”, admite Oddie.
Wolf Alice volvió a los Brit Awards en febrero de este año donde, además de interpretar su hit “The Sofa”, volvió a hacerse del mismo premio que en 2022. Al momento de recibir el galardón, Rowsell dio un discurso destacando la importancia de las salas chicas de conciertos, que se encuentran en crisis en el Reino Unido, y el propio Oddie pasó por el Parlamento para exponer sobre el mismo tema, y propone ampliar más la discusión. “También hay que apoyar a los artistas que empiezan y a los pequeños productores. Es una relación simbiótica: no vas a tener salas si no hay artistas que toquen en ellos. Esto es un ecosistema”, dice antes de definir el presente de la música como una “anomalía económica” para todos los involucrados. “Todo lo que las bandas pagan cuando van de gira (nafta, plomos, hoteles, alquiler de camionetas) subió muchísimo en estos 15 años, pero el precio de las entradas se mantuvo más o menos igual. Al mismo tiempo, no podés pedirle a la gente que pague lo mismo para ir a un sucucho de 200 personas que para un show en un estadio”, asegura.
Como postura política, Wolf Alice adhirió a una campaña para donar una libra de cada entrada vendida para un fondo recaudador para salas pequeñas y artistas jóvenes que necesitan un primer financiamiento. “Si no tenemos cuidado, la música se va a convertir en algo que solo la gente adinerada va a poder hacer”, sentencia. Oddie considera a la medida clave para mantener a la industria. “Es plata bien invertida, porque los artistas la van a gastar en instrumentos, en contratar gente para su staff o en hoteles; todas cosas que vuelven a la economía. Aunque parte de eso se vaya en pucho y alcohol, está todo bien, todo sirve”, resume.
Wlf Alice. Lunes 25, a las 20, en C Art Media, Corrientes 6271. Entradas: $ 95000