El mundo de los seguros está bajo asedio y el atacante no es otro que un algoritmo. La aseguradora británica Aviva acaba de encender las alarmas globales al revelar que, durante 2025, detectó una cifra récord de 233 millones de libras esterlinas (unos 297 millones de dólares) en reclamos fraudulentos. Para dimensionar el golpe: la compañía bloqueó, en promedio, unos 638.000 euros diarios en estafas. Y las herramientas de creación de imágenes con pataformas de inteligencia artificial generativa son las protagonistas.
Siniestro sintético
Los estafadores utilizan herramientas de IA generativa para crear fotos ultra realistas como una evidencia que parece irrefutable. Según los reportes de Aviva, los delincuentes están fabricando escenas de accidentes de auto, manipulando imágenes de daños en vehículos y alterando documentos médicos o facturas con una precisión asombrosa.
El crecimiento es exponencial: se estima que para 2025 circularán unos ocho millones de deepfakes en la red, un salto masivo frente a los 500.000 registrados en 2023. Además, ha surgido el fenómeno del ghost broking (corredores fantasma), donde estafadores utilizan plataformas como TikTok para vender pólizas falsas o manipuladas a conductores jóvenes, dejándolos desprotegidos sin que lo sepan. El fraude automotor sigue siendo el rey, representando 7 de cada 10 casos detectados.
Algoritmos contra algoritmos
Aviva ha tenido que reconvertir su operación de siniestros. Trabajando con especialistas en datos, la firma desplegó más de 80 modelos de IA diseñados para detectar anomalías en segundos. Esta tecnología no solo busca frenar el fraude, sino que ha permitido reducir en 23 días el tiempo promedio para evaluar la responsabilidad en casos complejos y ha mejorado la precisión del ruteo de reclamos en un 30%.
La clave del éxito ha sido lo que llaman el enfoque de “doble hélice”: una integración fluida entre la IA y el criterio humano, donde la tecnología filtra el ruido y los expertos se encargan de los casos de lesiones personales o situaciones de alta sensibilidad.
El impacto de este hallazgo no es solo corporativo; afecta directamente al bolsillo del ciudadano común, ya que este tipo de fraudes terminan encareciendo las pólizas de todo el mercado: se estima que agregan entre 50 y 60 libras al costo de cada póliza de seguro de auto en el Reino Unido.
Además, ante la imposibilidad de confiar plenamente en las imágenes digitales, la industria está volviendo a valorar la vigilancia física y las inspecciones presenciales, lo que ralentiza todo el proceso, ya que no es posible confiar en una evidencia que sea solo digital.