Fue uno de los grandes profesores de francés y de literatura francesa en los Estados Unidos y le encantaba venir a Buenos Aires: Jeffrey Mehlman nació en 1944 en Nueva York y murió el pasado domingo en una clínica de Newton, Massachusetts, por dificultades respiratorias. Era un gran escritor e historiador de las ideas, profesor emérito de francés, traductor de esa lengua al inglés, y un excepcional crítico literario. Dio clases en las universidades de Cornell, Yale, Johns Hopkins y durante muchos años fue profesor de Literatura francesa en la Universidad de Boston; además, fue profesor invitado en la Universidad de Harvard; la Universidad de California, Berkeley; y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, entre otras.
Como traductor y profesor, Mehlman fue quien introdujo el estructuralismo francés de las décadas de 1950 y 1960 en los Estados Unidos y aplicó esa corriente de pensamiento a sus propias obras. Tradujo a Jacques Derrida, Jacques Lacan, Maurice Blanchot, Pierre Vidal-Naquet. Jean Laplanche, Roland Barthes, Georges Bataille y Michel de Certeau, entre otros autores.
Además, escribió varios ensayos: Un estudio estructural de la autobiografía: Proust, Leiris, Sartre (1974); Revolución y repetición: Marx, Hugo, Balzac (University of California Press , 1977), Catarata: un estudio sobre Diderot (1979), Legados de antisemitismo en France (1983), Walter Benjamin para niños: un ensayo sobre sus años de radio (1993). Uno de sus libros de mucha difusión fue el excelente Émigré New York,sobre los intelectuales, escritores y artistas europeos que se refugiaron en la ciudad norteamericana durante la Segunda Guerra Mundial. En él, Mehlman expuso con una ironía dramática las contradicciones, las penurias, y los episodios a veces dramáticos, a veces hilarantes, de esa colonia neoyorquina de la élite de inmigrantes de genio llegada de la otra costa del Atlántico, un libro excepcional.
Mehlman estuvo muy ligado a la Argentina porque su esposa, Alicia Borinsky, había nacido y estudiado en Buenos Aires. Ella emigró a los Estados Unidos en un período difícil para los intelectuales y artistas argentinos, considerados a priori sospechosos para la dictadura militar de la época. Allí se convirtió en profesora de Literatura latinoamericana en la Universidad de Boston, así como su erudito esposo neoyorquino lo era en literatura francesa en la misma institución. Además, Alicia era conocida por sus libros de poesía, cuentos y novelas. Más tarde, ya instalada en Boston, venía a Buenos Aires anualmente, en compañía de Jeffrey, por poco más de un mes, con un grupo de estudiantes estadounidenses a los que in situ les daba clases de literatura y cultura argentinas en español. Esas chicas y muchachos, por su cuenta, tomaban clases con maestros de tango muy selectos e iban a las milongas. Jeffrey y Alicia les daban el ejemplo porque los dos bailaban tango. Y lo hacían muy bien.
Jeffrey hablaba más que bien el español. Su sentido del humor era muy sutil. La ironía era su especialidad no solo en la vida cotidiana, sino también en su escritura. Ese era el estilo o el tono de la pareja que conquistaba a quienes los trataban. Jeffrey era un hombre de una gran delicadeza, sin ninguna afectación. No tenía nada de pedante y cuando hablaba de libros o citaba una frase de autor, lo hacía con tal llaneza que todos deseábamos que nos ilustrara. Era el profesor ideal. Jamás resultaba pesado, todo lo contrario. Practicaba en su vida la suprema elegancia y sabiduría del “no se nota”.
Su libro de memorias, Adventures in the French Trade. Fragments toward a life (Aventuras en el trato francés. Fragmentos hacia una vida) está hecho de capítulos en los que se ocupa de “Ciudades: Nueva York/Angulema”; y “Boston/Vichy”; “Padres espirituales: Quiasmos, Derrida, Bellow en Boston, El antinómico Steiner; “Un profesor se retira”; “Estudiantes: Genet en New Haven. Repercusiones y resonancias”; “Madre Harvard”; “El corazón de la materia (Un discurso de graduación)”; “Semejantes y hermanos: Louis Wolfson; Walter Benjamin; Afrancesado. Coda en Buenos Aires”. En ese libro final, Mehlman se despidió de sus amigos y sus lectores. Inolvidable Jeffrey, gracias.