Un especialista derribó mitos sobre los autos eléctricos

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Los autos eléctricos todavía representan una porción muy pequeña del parque automotor argentino, pero su presencia comienza a crecer y, con ella, también aparecen dudas sobre su autonomía, los tiempos de carga, la seguridad y su verdadero impacto ambiental.

Claudio Damiano, especialista en regulación y movilidad sostenible, repasó algunos de los principales mitos que circulan alrededor de esta tecnología y explicó qué hay de cierto detrás de ellos durante el summit de Movilidad Capítulo 6, organizado por LA NACION.

Según planteó, el crecimiento de los vehículos eléctricos no depende únicamente del interés de los consumidores. Hay tres factores que resultan determinantes: el desarrollo tecnológico, la diferencia de precio entre la electricidad y los combustibles líquidos y las regulaciones que establece cada país.

En la Argentina, sin embargo, la tecnología todavía se encuentra en una etapa incipiente. De acuerdo con los datos presentados por el especialista, los vehículos eléctricos puros a batería representan alrededor del 0,1% del parque automotor. Además, señaló que la Argentina se encuentra algo retrasada dentro de América Latina cuando se analiza la cantidad de autos eléctricos por habitante, aunque esto también representa un potencial de crecimiento.

Claudio Damiano, especialista en regulación y movilidad sostenible, derribó los mitos sobre la autonomía, pero también contó su contrapartida

Uno de los principales cuestionamientos apunta a la autonomía. La idea de que un vehículo eléctrico no sirve para realizar viajes largos porque obliga a detenerse constantemente para recargar es uno de los mitos que Damiano analizó durante su presentación.

El especialista explicó que el argumento pierde fuerza cuando se observa el uso cotidiano del auto. Los desplazamientos diarios suelen ubicarse entre los 40 y los 60 kilómetros, mientras que la autonomía promedio de un auto eléctrico a nivel mundial ronda los 380 kilómetros.

“Fíjense qué poca es la cantidad que usamos en los recorridos de costumbre, pero si hacemos un viaje, sí vamos a estar en problemas si nuestro tramo es superior a la autonomía del auto. En ese caso, la realidad es que vamos a tardar bastante en cargarlo y va a importar si hay cargadores en la ruta y si son rápidos”, detalló.

Como referencia, Damiano explicó que un cargador rápido de 150 kW puede permitir recuperar aproximadamente entre 180 y 200 kilómetros de autonomía en unos 15 minutos. Pero hay una condición: que el vehículo sea capaz de soportar esa potencia.

Para el especialista, los desplazamientos cotidianos suelen ser, en promedio, menores que la autonomía del auto

“No todos los vehículos soportan altas velocidades de carga”, advirtió. Por eso, no existe un tiempo de carga universal: depende de las características de la batería y del cargador utilizado.

Esta particularidad también está modificando la manera de planificar un viaje. Aplicaciones similares a Google Maps o Waze pueden considerar que el vehículo es eléctrico y recomendar dónde detenerse, qué cargador utilizar e incluso qué velocidad mantener para optimizar el recorrido, según el especialista. También pueden contemplar variables como el viento y la temperatura, que modifican el consumo energético.

¿Son más peligrosos?

Otro de los mitos está relacionado con la seguridad y los incendios de baterías. En esa línea, Damiano explicó que existieron generaciones iniciales de vehículos eléctricos (los pioneros) con baterías cuyo diseño presentaba mayores riesgos. El principal problema está relacionado con la temperatura de las celdas. Cuando alguna supera determinados niveles, puede producirse un fenómeno denominado “embalamiento térmico”, que puede terminar en un incendio.

Sin embargo, la tecnología evolucionó: las baterías posteriores incorporaron refrigeración líquida y estructuras más resistentes, mientras que las generaciones actuales (la cuarta) sumaron sistemas capaces de supervisar individualmente las celdas y detectar posibles problemas.

“Están siendo supervisadas una por una. Cada vehículo tiene un sistema de supervisión predictivo que ya sabe que hay una celda que está con posibilidades de tener problemas. Y eso hace presumir que el vehículo eléctrico es bastante más seguro que el de combustión. Pero cuando esto sucede, el fuego en un vehículo eléctrico tiene características diferentes al del fuego en un vehículo común”, explicó. Por este motivo, los cuerpos de bomberos se están capacitando para combatir este tipo de incendios.

Entre los nuevos elementos de seguridad, el especialista mencionó la incorporación de un botón físico de corte de batería, que permite separarla del resto del vehículo para prevenir problemas eléctricos y posibles incendios.

La evolución de las baterías también puede tener consecuencias sobre el mercado de vehículos eléctricos usados. Damiano destacó el desarrollo de sistemas de identificación y seguimiento de las baterías, similares a un “documento de identidad”. La idea es contar con información que permita conocer su “estado de salud” cuando el vehículo llegue al mercado de segunda mano para dar mayor transparencia y ayudar a determinar el valor de reventa.

Otro de los mitos que mencionó fue que los autos eléctricos son vehículos “descartables”, una idea que el especialista buscó derribar al explicar que su menor cantidad de partes móviles puede favorecer una mayor durabilidad.

“El auto eléctrico tiene menos partes móviles y es una consecuencia natural que dure mucho. Entonces, eso hizo que los fabricantes reforzaran la estructura de los vehículos para poder igualar la duración del tren motriz con la de las suspensiones y la carrocería. Eso muestra ahora sus resultados con los años: se empiezan a ver vehículos de generaciones anteriores con más de 500.000 kilómetros y, en algunos casos, superando el millón, como el Tesla, un auto de 2016 aproximadamente, con tecnología de hace 10 años”, dijo.

No toda la electricidad es igual

Damiano también abordó el impacto ambiental. Según explicó, la cantidad de dióxido de carbono asociada a la energía utilizada para cargar un vehículo eléctrico puede variar de acuerdo con el lugar donde se genera esa electricidad. “En un país donde se genere la energía con carbón, un auto eléctrico va a emitir más dióxido de carbono que si consumiera un combustible líquido”, explicó el especialista.

Además, señaló que las emisiones asociadas a la electricidad utilizada para cargar el vehículo también pueden cambiar según la hora del día. Por eso, quienes tienen flotas y buscan demostrar que son más ecológicas no solo deben tener en cuenta el precio de la energía, sino también elegir el momento en que las emisiones del sistema eléctrico sean más bajas. “Van a estar esperando la hora del día donde las emisiones del sistema eléctrico que abastece a la recarga del vehículo sean más bajas”, concluyó Damiano.

En ese sentido, la electromovilidad plantea un cambio que va más allá del reemplazo de un motor de combustión por uno eléctrico: también implica una nueva manera de gestionar la energía y de planificar cómo y cuándo se utiliza.


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