Tapia espera al FBI escondido en la basura

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¡Qué bochorno! ¡Qué afrenta! El referí de la final del Mundial dio por terminado el partido y en el mismo instante se puso en marcha una redada monumental de jueces, fiscales y agentes del FBI contra Cheque Tapia, Quinta Toviggino y Faraón Faroni (“Farfar”, lo mencionan en las pesquisas). El silbatazo era la contraseña que esperaban los sabuesos para lanzar la cacería judicial. Con buen tino, la Corte norteamericana que investiga a los jerarcas de la AFA y a su fiel amigo Farfar por desvío de fondos, lavado de activos y fraude bancario no quiso quitarle una gota de brillo a la gran fiesta universal del deporte. “O pateamos pelotas o pateamos expedientes”, explicó una fuente con acceso directo a la causa. Me permito no creerle del todo. Tiendo a suscribir parte de las teorías conspirativas que están dando vuelta desde el domingo. ¿Entró el FBI al vestuario argentino a buscar el celular de Cheque? Cheque niega que se lo hayan incautado; ni ahí ni después, cuando estaba por abordar el vuelo que lo traería al país, junto con el plantel. Messi, gambeteador, se vino en otro avión. Mi hipótesis: algo pasó, algo llegó a oídos de los jugadores, que, como pudimos ver, salieron a la cancha en un estado emocional distinto. No eran los mismos que acababan de vengar heroicamente, en la semi, el despojo de las Malvinas. Siendo generosos podríamos admitir que Tapia nos condujo a la tercera, en Qatar. Pero nos dejó sin la cuarta. ¡Duros con él, gringos!

Una pena que el escándalo opaque el título de subcampeones del mundo. La prensa internacional ya no habla de fútbol: no repara en la multitud que, muerta de frío, aclamó a la selección en la Riccheri, sino en que, pese a ser noche cerrada, Cheque apareció con anteojos oscuros. ¿Encontraron resistencia los agentes que fueron a secuestrarle el celu? También en nuestros medios, obvio, el avance de las investigaciones desplazó el foco informativo. Después de seguir a los enviados especiales en cinco semanas de ensueño hemos tenido que volver, maldita sea, a Alconada Mon, a Olivera, a Pagni, a Pizzi. La cosa es más grave. Todas las novedades vienen de allá, de la Corte del Distrito Sur de Florida, entretenidísima con lo que va descubriendo: una trama de 300 millones de dólares; decenas de empresas “fantasma” o “pantalla” que manejan fortunas y no tienen empleados; plata de la AFA cobrada afuera que nunca llega a la AFA. Los Tapia’s boys tenían que hacer transferencias millonarias y no encontraban intermediarios: en el apuro recurrieron al empleado de una farmacia, a una mujer que trabaja en un local de decoración y a una jubilada de 70 años. Los yanquis se pellizcan: no pueden creer que el politburó de Cheque no haya previsto dispositivos algo más sofisticados. Por ejemplo, está probado que la plata también se distribuía en bolsos, dato que alertó a los sabuesos: ¿estaría cobrando Cristina derechos de autor?

Siguiendo la ruta del dinero llegaron pronto al célebre Farfar, y siguiendo a Farfar se enteraron de que era íntimo amigo, socio, mecenas y paseador de Massita. Ahí se plantaron. “Wrong! Fake! No puede ser que donde toquemos aparezca Massa”.

Otro drama es que asistimos a un feroz caso de colonialismo; en este caso, judicial. Si se fijan, la crónica diaria sobre el AFAgate nos habla de Florida, FBI, Department of Justice, Grand Jury, Federal Court, discovery, subpoenas; del edificio Wilkie D. Ferguson Jr., en Miami, y de los fiscales Patrick Gushue, Christopher Ting y Michael Berger. En brutal contraste, poco y nada de “Comodoro Py”, “investigación”, “avances”, jueces Armella y González Charvay, camaristas Barroetaveña y Borinsky… Dolorosa derrota en la guerra cultural: se ha impuesto el relato de que solo en Miami están corriéndole el velo a la historia. Probablemente tampoco ayude la obsesión de Milei por la austeridad. Tres fuentes independientes entre sí y con ingreso irrestricto a los despachos de Javi y de Kari revelaron la orden de los hermanos al ministro de Justicia, Juan Mahiques: “Che, investigar es carísimo. Frená todo”. Mahiques, que suele leerles el pensamiento, ya lo había hecho.

Esa es la verdadera explicación a los denodados esfuerzos de Juan por diseñar un esquema que deje a salvo a Cheque y a Tovi. Preguntas del todo pertinentes: ¿es amigo de los dos?; ¿los asiste con su consejo profesional?; ¿ocupó un cargo en la AFA?; ¿conoce la quinta de Pilar? Sí a lo primero, sí a lo segundo, sí a lo tercero. Sí también a lo cuarto, con un matiz: la conoce porque fue veinte veces, pero nunca vio a los dueños, un monotributista de La Matanza y su madre, jubilada. Está enojadísimo porque no se los presentaron.

Tapia volvió al país y lo primero que hizo fue, en su casa, sacarse los anteojos negros; lo segundo, retomar la presidencia de la Ceamse, cargo que le ofrendó Axel Kicillof. Genio Kichi, le dio un despacho pegado al mayor asentamiento de basura del país.

Allí, parapetado entre porquerías, espera vigilante la llegada del FBI.


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