“No creerse todo lo que aparece en la cabeza”, la fórmula para que las malas noticias no afecten el estado de ánimo

COMPARTIR

Leer las noticias, en esta época, es exponerse a una variedad de sorpresas, cambios y temas disruptivos que no hacen más que generar incertidumbre. Guerra en Medio Oriente, desarrollos de IA que cambian para siempre la manera en que vivimos y trabajamos, amenazas de tiroteos en colegios de Buenos Aires y los temas habituales: inflación, corrupción, inestabilidad política, etc.

Si bien siempre hubo cambios en el mundo, pareciera que de un tiempo a esta parte múltiples factores estuvieran girándonos el piso en forma constante. Como si existiera una alfombra movediza que no nos deja pararnos con firmeza. ¿Cómo se hace, entonces, para lidiar con todo eso sin que afecte nuestro trabajo o vida diaria?

El contexto impacta, eso es innegable. No es lo mismo una buena noticia que una catástrofe, nadie puede discutirlo. Pero lo que define cómo nos sentimos y actuamos no es lo que ocurre afuera, sino el estado interno desde el cual se lo enfrenta.

Es importante entender que no somos seres escindidos del contexto. Lo que ocurre en el mundo nos afecta porque somos sensibles, porque estamos conectados. Pretender que no nos impacte es, en algún punto, una forma de desconexión. Es por ello que la clave no está en evitar el impacto, sino en poder reconocer lo que se activa en nosotros sin negarlo.

Aristóteles: “Una persona de gran alma es indiferente a la buena y a la mala fortuna”

El estado interno ante la incertidumbre

Mirar hacia adentro no es desconectarse del mundo, sino construir una base interna que permita procesar lo que sucede sin quedar desbordado. A menudo pensamos que la solución es “pensar en lo nuestro”, pero lo externo siempre nos llega, y no lo hace de manera neutra: arriba y se encuentra con nuestra historia.

Es por eso que dos personas pueden reaccionar de manera completamente distinta ante el mismo hecho. Comprender qué parte de uno está siendo tocada por lo que ocurre afuera reduce la reactividad y permite una relación más sana con el entorno.

Lo que ocurre en el mundo nos afecta porque somos sensibles

En momentos de cambio acelerado, como el actual, intentar aferrarse a certezas genera más fragilidad. Lo que nos sostiene, paradójicamente, es la flexibilidad; o sea la habilidad de ajustar el enfoque, recalibrar decisiones y avanzar aun sin tener todas las respuestas. Mantenerse firme hoy no es resistir el cambio, sino aprender a moverse con él.

Cuando una persona puede permanecer en contacto con lo que siente —sin huir ni anestesiarse—, desarrolla una forma más profunda de estabilidad, que no depende de que el mundo sea predecible.

Reprogramar el filtro de la realidad

Para lograr esto, el trabajo fundamental que se debe hacer tiene que ver con la propia mente, entendiendo que ella no distingue entre lo real y lo imaginado. Si uno está constantemente enfocado en noticias negativas, incertidumbre o miedo, la mente lo interpreta como una amenaza real y responde en consecuencia. El cerebro reacciona a lo que las personas repiten; quien está todo el tiempo expuesto a estímulos negativos, tendrá una mente en modo alerta y eso impacta directamente en el rendimiento. La clave es interrumpir ese patrón.

Aquí es donde herramientas como la Terapia de Transformación Rápida (RTT), que utiliza hipnosis entre otras herramientas, cobran sentido. La mente sigue instrucciones y este tipo de técnicas permiten dárselas de forma consciente. Es un entrenamiento del foco: de la misma manera en que cuando alguien quiere cambiar el auto empieza a ver ese modelo por todos lados, o una persona embarazada ve cochecitos en cada esquina, la mente puede entrenarse para ver el 10% positivo de cualquier evento.

Punta Mita: el desconocido paraíso sobre el Pacífico que eligen los millonarios del mundo y las estrellas de Hollywood para descansar

En RTT, por lo tanto, se trabaja justamente eso, que es cambiar el significado que la mente le da a las cosas para que deje de amplificar el peligro y empiece a priorizar lo útil.

No se trata de bloquear lo externo, sino de cambiar cómo lo procesamos. La mente no está programada para que tengamos éxito sino para protegernos, y muchas veces lo hace exagerando. Entender esto permite tomar distancia de los pensamientos y no creerse todo lo que aparece en la cabeza. Muchas personas creen que tienen que vivir con sus miedos o traumas, pero los patrones se pueden cambiar. Al cambiar el programa, cambia el resultado.

En síntesis, lo que planteamos no es endurecernos, sino poder hacernos más conscientes. No es necesario que el mundo tan cambiante se calme para sentirnos mejor. Se puede generar ese estado desde adentro y sostenerlo. La capacidad más valiosa hoy no es tener certezas, sino sostenerse en la incertidumbre sin perder la dirección.

La autora es especialista en Terapia de Transformación Rápida (RTT).


COMPARTIR