El resultado de la primera vuelta electoral en Brasil dejó una sensación de sorpresa generalizada. Con el pasar de los días, esa sorpresa fue siendo reemplazada por dudas e incluso algunos temores ante la posibilidad —para algunos una certeza— de que Brasil tendrá un gobierno Bolsonaro II.
Las inquietudes que se instalaron entre analistas, juristas, economistas y políticos brasileños tienen que ver con algunos temas centrales de la campaña electoral brasileña y, también, con otros no tan centrales, pero que están relacionados con posiciones tradicionales del bolsonarismo sobre agendas globales, como el combate al cambio climático. La campaña de Lula está aprovechando un ambiente nacional en el cual Flavio Bolsonaro, favorito para la segunda vuelta, es la gran atracción para instalar una campaña del miedo, sustentada justamente en temas sobre los cuales se duda y se teme un regreso del bolsonarismo al poder.
En su intento por recuperar terreno perdido y lograr lo que para algunos sería un verdadero milagro, Lula empezó a hablar del riesgo de que Brasil sea gobernado por el fascismo y por “los asesinos de la pandemia”, en referencia al negacionismo científico del expresidente Jair Bolsonaro. Brasil fue un epicentro dramático de la pandemia de Covid-19, marcado por una actitud irresponsable del entonces presidente, que se negó a vacunarse, no usaba barbijo y, para muchos, perdió la elección de 2022 contra Lula, en gran medida, por los más de 700 mil muertos que hubo en el país en ese período.
Durante toda la campaña, Flavio Bolsonaro buscó y sigue buscando mostrarse como el Bolsonaro moderado, vacunado, que trata bien a los periodistas y defiende la democracia. Pero eso convive con su promesa de indultar a su padre, condenado y preso por el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023, su cercanía con presidentes como Donald Trump en los Estados Unidos y, más recientemente, su promesa de reformar la Constitución en caso de ser electo. Después de ver cómo el gobierno Trump II fue mucho más allá del Trump I, en Brasil el fortalecimiento de la familia Bolsonaro —que también será dominante en el Congreso— entusiasma a muchos, pero asusta a muchos otros. Vale la pena analizar los puntos sobre los que Flavio Bolsonaro deja dudas y que hoy dominan el debate político en Brasil:
Compromiso con la democracia y propuesta de reforma de la Constitución
Después de la segunda vuelta, Flavio Bolsonaro dijo que Brasil no vive una “democracia plena” y defendió una reforma de la Constitución para “redemocratizar el país”. Sus declaraciones generaron mucha polémica y, ante una avalancha de preguntas sobre el tema, el candidato del PL afirmó que se refería a aprobar enmiendas constitucionales y no a reemplazar toda la Constitución. Pero, ¿por qué referirse a la democracia brasileña como no plena y por qué hablar de la necesidad de redemocratizar el país? Hasta ahora, el candidato a la presidencia no ha logrado despejar las dudas de sus críticos y adversarios sobre este punto.

Es especialmente delicado cuando el gobierno de su padre —a quien prometió indultar en caso de ser elegido presidente— no aceptó el resultado de las elecciones de 2022 y el 8 de enero de 2023 hubo un intento de golpe de Estado en Brasil. Esta semana, el presidente del PL, Valdemar Costa Neto, admitió en una entrevista a la Radio Gaúcha que hubo discusiones para dar un golpe al final del gobierno de Jair Bolsonaro, pero minimizó su alcance: “Discutieron dar el golpe. ¿Andando qué? Discutieron, pero no lo dieron”. También sostuvo que planear un golpe, sin llevarlo a cabo, no debería considerarse delito. Por ahora, lo único que aclaró el candidato del PL es que su plan es reformar el Poder Judicial, reducir la edad de responsabilidad penal y eliminar la reelección para cargos ejecutivos. Otros dirigentes del PL hablaron de ampliar el mandato presidencial de cuatro a cinco o seis años.
Ajuste fiscal inspirado en Milei
Si Javier Milei fue electo presidente de la Argentina prometiendo usar su motosierra para equilibrar las cuentas públicas, Flavio Bolsonaro, inspirado en el modelo argentino, habla del tijerazo en Brasil. La gran duda que el joven Bolsonaro y sus asesores económicos aún no aclaran es por dónde va a pasar la súper tijera con la que el presidente pretende reducir el déficit fiscal en Brasil.
Muy lejos del escenario argentino de 2023, Brasil necesita equilibrar sus cuentas, y eso es reconocido por el propio gobierno de Lula. Las proyecciones para 2026 fueron corregidas y hoy se estima que el déficit primario (sin contar intereses de la deuda, una de las principales causas del déficit fiscal) será del 0,59% del PBI. Contando los intereses, el déficit del gobierno de Brasil es del 9,48% del PBI. Cuando Jair Bolsonaro entregó el poder, el porcentaje era del 4,68% y el país tenía superávit primario. La deuda pública y sus intereses son uno de los mayores problemas que tendrá el futuro gobierno. Con Lula, la deuda pública pasó del 71,7% del PBI al 82,9% en agosto de este año. El principal motivo son las altas tasas de interés, definidas por el Banco Central —un ente autónomo en Brasil— como herramienta para contener la inflación. También influyen las dudas de los inversores sobre el creciente endeudamiento del Estado y la dificultad de bajar el déficit.
Flavio Bolsonaro prometió un ajuste del 1,5% del PBI, pero no dijo cómo lo implementaría. Se habla de reducir el número de ministerios —que hoy suman 31 o hasta 38 si se cuentan secretarías con rango ministerial—, recortar gastos administrativos y salarios, y hacer cambios en los pisos presupuestarios de salud y educación, así como en la indexación de pensiones. Hasta los economistas más progresistas de Brasil coinciden en la necesidad de un ajuste; la discusión pasa por dónde empezar y por la profundidad del corte.
Alianza con Trump y papel de los militares en la seguridad interna
El apoyo del presidente norteamericano Donald Trump a la familia Bolsonaro fue un elemento central de la campaña brasileña, incluso antes de que Flavio Bolsonaro fuera elegido como candidato del PL y representante de su padre en la elección. En 2025, Trump llegó a condicionar una negociación comercial con el gobierno de Lula a la liberación de Bolsonaro padre de la prisión y al fin de lo que la Casa Blanca y la familia Bolsonaro consideran una persecución judicial a los que intentaron dar un golpe de Estado en Brasil. Con el tiempo, Trump le soltó la mano a Bolsonaro padre, pero el Departamento de Estado comandado por Marco Rubio siguió apoyando fuertemente la candidatura de Flavio Bolsonaro.
En Washington, las articulaciones del exdiputado Eduardo Bolsonaro, condenado a cuatro años de prisión por intento de obstrucción a la Justicia, rindieron buenos resultados, aunque esos logros no siempre ayudaron a su hermano candidato. El tarifazo del 50% impuesto a las exportaciones brasileñas a los Estados Unidos ayudó a Lula a mejorar en las encuestas. Está claro que Rubio es el funcionario del gobierno americano más interesado en el resultado de las elecciones brasileñas. También está claro que, de ser electo, Flavio Bolsonaro pasará a ser un importante aliado del secretario de Estado —con ambiciones presidenciales— en la región. Brasil entraría al Escudo de las Américas y reforzaría la alianza con Estados Unidos en materia de seguridad.

¿Hasta dónde llegaría esa alianza? Está por verse. Esa duda inquieta a sectores de las Fuerzas Armadas brasileñas que siguen sosteniendo con fuerza la causa de la soberanía.
También hay especulaciones sobre si en un gobierno Bolsonaro II los militares saldrían a las calles con más intensidad para reforzar planes de seguridad interna. Es una posibilidad y no sería algo nuevo, sobre todo en estados como Río de Janeiro. Las misiones, que son excepcionales y limitadas por área y tiempo, se llaman operaciones de Garantía de la Ley y el Orden (GLO). Según datos del Ministerio de Defensa, entre 1992 y 2025 hubo 150 operaciones GLO por diversos motivos, no todas dedicadas al combate de la violencia urbana.
Negacionismo climático y científico
¿Qué dice Flavio Bolsonaro sobre las políticas de enfrentamiento al cambio climático? El candidato del PL no es favorable a este tipo de políticas, reforzadas durante el gobierno Lula III. Para el joven Bolsonaro, los fenómenos extremos —calor, lluvias y sequías— son cíclicos y no están directamente relacionados con el factor humano. Una de sus respuestas más frecuentes es que hay que invertir en saneamiento básico. En su programa de gobierno, el cambio climático ocupa un lugar muy limitado: se menciona en relación con obras para prevenir eventos extremos (como drenajes, diques y reservorios), pero no hay ni una palabra sobre reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Bolsonaro dice querer combatir la deforestación ilegal y reforzar la fiscalización ambiental, y apoya ampliar la exploración petrolera cerca de la desembocadura del río Amazonas. Hay preocupación en la comunidad ambiental y científica en Brasil, recordando que el negacionismo climático de Jair Bolsonaro transformó al país en un paria en diversos sectores de la comunidad internacional. A eso se sumó el negacionismo científico, que tuvo un enorme impacto negativo durante la pandemia de Covid-19.