Dos ángeles sobrevuelan el cielo de la dividida ciudad de Berlín, escuchando los pensamientos de los humanos que no pueden verlos y con quienes tampoco pueden intervenir. Pero uno de ellos se enamora de una bella trapecista de circo y anhela convertirse en humano. Así es la trama que el Premio Nobel de Literatura 2019 Peter Handke desarrolló junto a Wim Wenders y Richard Reitinger titulada El cielo sobre Berlín y que se convirtió en una película de culto desde su premiere mundial en el Festival de Cannes de 1987. Hoy gran clásico del cine, Las alas del deseo -tal su título de distribución internacional heredado de su estreno francés- vuelve a sobrevolar “la ciudad de la furia” porteña y es la película de apertura del ciclo En las rutas de Wim Wenders, que se realiza en el marco del Encuentro de Cine Europeo presentado en la Sala Leopoldo Lugones, del 15 al 30 de ocubre, junto con la Delegación de la Unión Europea, la Embajada de Alemania y Fundación Cinemateca Argentina y que permite reencontrar en la pantalla grande a una de las películas más importantes de la historia del cine para poder volver a subyugarse con la excepcional fotografía en blanco y negro del gran fotógrafo francés Henri Alekan, que construyó un universo de sentido que será de notable influencia para el cine posterior y se integra a la narrativa propuesta por una película que es fundamentalmente poética y romántica aunque también muestre una intencionalidad política.
“Los héroes de mi historia son los ángeles. Si, los ángeles. ¿Por qué no? Si estamos tan acostumbrados a ver monstruos y criaturas imaginarias en el cine. Entonces, ¿por qué para cambiar no darle un lugarcito a los buenos espíritus?”, diría Wenders sobre la película que tuvo como inspiración inicial la poesía del austríaco Rainer María Rilke y que además era una exploración sobre una ciudad dividida que culminaría condicionando su rodaje.

Todo comenzó el 20 de octubre de 1986 para una filmación que se extendió durante dos meses, fundamentalmente por escenarios naturales de la entonces Berlín occidental, pero que tuvo, increíblemente, un trabajo de guion que fue construyéndose paralelamente a la historia e incluso en las etapas de posproducción. Así lo recordaba Otto Sander, cuando Wenders lo convocó para el papel del ángel Cassiel: “Tenía una hoja de papel, con solo dos frases en ella”, decía al respecto del compromiso para rodar una historia que nadie sabía muy bien cómo se desenvolvería, pero que en el director tenía un punto de partida fundamental: los dos ángeles protagónicos debían ser actores que fueran amigos. Así se consustanció el elenco de Las alas del deseo, con Bruno Ganz y Otto Sander quienes habían actuado de manera conjunta durante dos décadas en diversas puestas teatrales y quienes pidieron incorporar a Curt Bois al elenco. Desde su regreso a Alemania en 1952, el actor prácticamente se había volcado al teatro y a la televisión, pero tenía de su exilio en los Estados Unidos el increíble recuerdo de haber integrado el elenco de la mítica Casablanca y así fue Homero, el anciano que camina desorientado por los baldíos de Potsdamer Platz buscando la palabra justa que lo convierta en “mensajero de la paz” y que fue su último trabajo para el cine; en tanto Peter Falk (el inolvidable Columbo) fue una sugerencia rápidamente aceptada por la asistente de dirección de la película, la no menos genial Claire Denis.

De ese elenco solo faltaba la musa que para Wenders tenía solo un nombre: Solveig Dommartin, entonces pareja del director. Sin doble de riesgo, pero también sin experiencia previa, Dommartin aprendió durante ocho semanas la técnica del trapecio que la subió a la cima de ese circo de ficción llamado Alekan, en homenaje al anciano director de fotografía que trabajaba por segunda vez con el director luego de El estado de las cosas, pero en la primera experiencia que devolvía a Wenders a Alemania y que era un mito del cine gracias a su formación en la escuela del realismo poético francés y por su labor en La bella y la bestia de Jean Cocteau.
Wenders volvía de ocho años de vida en territorio norteamericano y de una experiencia agridulce que lo lleva a desmitificar el “sueño americano”: “¿Qué clase de libertad es la que la estatua llamada Libertad promete?”, escribía en 1984. Por lo tanto, ese retorno además tenía el sustrato político de las diferencias entre Europa y los Estados Unidos, y además mostrar a una Berlín con la herida del Muro aún abierta, exhibiendo lo inhóspito de su geografía urbana en estado de vacío y destrucción, pero que para el director asimismo era un redescubrimiento.
Al comenzar el rodaje, sin un guion integral, los actores no eran enteramente felices, porque no sabían que iban a hacer y cómo. “Como ángel no tienes biografía”, les respondía Wim sobre esa falta de información sobre la psicología de los personajes que ellos demandaban. Dommartin recordaba que buena parte de los pensamientos internos de su personaje provenían del libro de Handke El peso del mundo, a los que añadió una improvisación y algunas frases que eran del director, a excepción de la escena del bar que si fue obra del escritor: “Así que Peter escribió la canción de la infancia, los dos largos diálogos entre los ángeles y luego mi monólogo final, nada más. Prácticamente todo lo demás fue escrito por Wim la noche anterior. Y todos los pensamientos internos -de los otros personajes- se hicieron con los actores, después de que terminó el rodaje, viendo la pantalla”, aseveraba en París en 1995 en una entrevista con Richard Raskin.
Aunque filmada primordialmente en escenarios naturales, el Muro fue otra de las partes conflictivas del rodaje dado que las autoridades de la República Democrática Alemana negaron cualquier tipo de filmación en el lado oriental o en sus proximidades y fue así que el muro atravesado por el ángel Damiel en su tránsito a la conversión humana fue una réplica parcial realizado en madera, que después de una copiosa lluvia ocurrida durante el rodaje tuvo que ser reconstruido aunque las tomas del lado occidental sí son auténticas. En el caso de la Siegessäule, la columna de la Victoria coronada por la diosa romana alada, su cabeza desde la cual los ángeles de Wim contemplan la ciudad también fue reconstruida en estudios combinadas con tomas del verdadero monumento.
En tanto en el parque Theodor-Wolff se montó la carpa del circo. A estas filmaciones se añadieron, entre otras, las locaciones de la Biblioteca Estatal de Berlín de Hans Scharoun; Potsdamerplatz con la vía elevada en desuso del M-Bahn; Goebenstrasse 6, donde Damiel cambia su armadura por una campera a cuadros; la estación de metro Güntzelstraße; las ruinas de la estación Anhalter Bahnhof; el Hochbunker Pallasstrasse, para la escena donde Peter Falk filma su película de la época nazi; y lo que quedaba del Hotel Esplanade para el recital de Nick Cave and the Bad Seeds.
Para Wenders no fue fácil dar con el oscuro y desgarbado Nick porque había que buscarlo en bares a partir de las 2 o 3 de la mañana, no había en esa época ningún hábito diurno para la banda. Finalmente, encontró al cantante y ante su sorpresa se entusiasmó con la propuesta: “Hacer una película en Berlín en aquella época sin Nick Cave era un pecado imperdonable. Él realmente simbolizaba el espíritu de la ciudad”, diría recordando aquel momento en el que se concretó una de las mejores escenas de Las alas del deseo cuando interpreta “From her to Eternity”. También se escucha “The Carny” y Crime and the City Solution aporta su “Six Bells Chime” para una banda de sonido que incluye a Laurie Anderson, Tuxedomoon y la música instrumental de Laurent Petitgand.
Cuando llegó a Berlín, Peter Handke descubrió que muchas de sus colaboraciones no habían sido utilizadas, que el primer corte de la película duraba cinco horas y que muchas partes no tenían siquiera sonido. Así se escribieron los pensamientos interiores y se añadieron incluso a la distancia, como en el caso de Peter Falk, improvisando los suyos en un estudio de sonido de Los Ángeles y con Wenders al teléfono. “Es mi mejor amigo, el más importante escritor en lengua alemana y el único al que considero realmente contemporáneo mío”, decía Wenders sobre Handke en su única visita a la Argentina para rodar un comercial, el 23 de Agosto de 1997 cuando tuvo contacto con la prensa y con LA NACION.
Las alas del deseo se había estrenado en la Argentina el jueves 9 de junio de 1988, traída al país por Marcelo Piñeyro y Bernardo Zupnik. Programada en el cine Loire por Alberto Kipnis estuvo seis meses en cartel.
Siendo rodada en fílmico, y con una fundamental dramaturgia cromática, las transiciones de blanco y negro a color demandaron tratamientos fotoquímicos distintos y el uso de varias copias para su restauración. Eso hizo que no existiera un único negativo original de Las alas del deseo y por lo tanto demandara el escaneo de una multitud de rollos para ensamblar fotograma por fotograma la versión 4K teniendo a una copia comercial como referencia. Esa copia hoy brilla y devuelve a un Wenders en estado de gracia: “Wim siempre se comporta como un niño cuando está rodando una película”, decía Dommartin sobre el siempre serio y reflexivo Wenders. Al fin y al cabo, la propuesta de Las alas del deseo es la de ver el mundo con los ojos del corazón. O como escribía Peter Handke para el recitativo de los ángeles que abre la película: “Cuando el niño era niño, no sabía que era niño, para él todo estaba animado, y todas las almas eran una”.
Para agendar
Las alas del deseo
- Jueves 15 a las 20.30 y sábado 24 de octubre a las 17.00 – Sala Lugones
- Jueves 12 de noviembre, a las 20.30 – Cine York de Olivos
- Jueves 17 de diciembre, a las 22.30 – Cine El Cairo de Rosario