La audaz bailarina que vistió el primer bikini y cambió las reglas del pudor para siempre

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Micheline Bernardini aceptó lo que otras mujeres habían rechazado. Frente a decenas de fotógrafos posó con un traje de baño mínimo, apenas 76 centímetros de tela, que dejaba el ombligo al descubierto y desafiaba las reglas del pudor de la época. ¿Qué modelo se atrevería a semejante audacia? Ninguna en París. Pero ella, que bailaba por las noches en un cabaret, no tuvo reparos. Un trabajo más, pensó. E hizo historia.

Detrás de esa provocación estaba Louis Réard, un ingeniero que había dejado el mundo automotriz para hacerse cargo del negocio de lencería de su madre. Réard había observado algo en las playas: muchas mujeres se arremangaban los trajes de baño para tomar más sol y dejar más piel al descubierto. A partir de esa escena cotidiana imaginó un traje de baño de dos piezas, más pequeño que todo lo que se usaba hasta entonces. Lo bautizó “bikini”, en referencia al atolón del Pacífico donde Estados Unidos acababa de realizar pruebas nucleares, y lo promocionó con un eslogan pensado para el escándalo: la première bombe anatomique (“la primera bomba anatómica”).

La imagen que dio la vuelta al mundo: Bernardini lució el primer bikini moderno, estampado con recortes de prensa y acompañado por una pequeña caja donde podía guardarse la prenda

El 5 de julio de 1946, en Piscine Molitor, una piscina pública de París, Bernardini apareció con un corpiño y una bombacha estampados con recortes de prensa. En la mano llevaba una pequeña cajita, parecida a una caja de fósforos, para mostrar que el traje entero podía guardarse allí. La prenda fue presentada como “el traje de baño más pequeño del mundo”. El impacto fue inmediato. La imagen dio la vuelta al mundo y la joven quedó unida para siempre a una prenda que cambió la moda.

Micheline Bernardini sostiene una pequeña caja, similar a una caja de fósforos, para mostrar que el traje de baño entero podía guardarse allí

Quién era Micheline Bernardini

Micheline Bernardini nació el 1 de diciembre de 1927. Trabajaba como estríper en el Casino de Paris. El cuerpo y la provocación eran parte del espectáculo. Y cuando presentó al mundo el invento de Réard, en la Piscine Molitor, tenía apenas 18 años.

La Piscine Molitor, en París, fue el escenario donde el 5 de julio de 1946 Micheline Bernardini presentó el bikini diseñado por Louis Réard

Aunque terminó luciendo el bikini con una naturalidad que ayudó a volver icónica la imagen, Micheline Bernardini no fue la primera opción de Réard. Antes de convocarla, el diseñador intentó conseguir una modelo profesional para presentar su invento, pero todas rechazaron la propuesta. El traje era demasiado pequeño, demasiado audaz y, sobre todo, dejaba a la vista una parte del cuerpo que todavía se consideraba íntima: el ombligo.

La historiadora de moda Audrey Millet, citada por Vogue, lo explicó así: “En la filosofía del cuerpo, el ombligo es el símbolo del cordón umbilical y, por lo tanto, de la maternidad. En esa época, esa dimensión del cuerpo femenino debía permanecer en la esfera privada y no mostrarse en las playas”.

Antes del bikini ya existían trajes de baño de dos piezas, pero eran más recatados: corpiño y bombacha alta, a veces casi como un short. Podían dejar ver una parte del abdomen, pero no el ombligo. Esa fue la frontera que rompió el diseño de Réard. (Keystone-France/Keystone-France—Getty Images)

Pero Bernardini dijo que sí. El traje de baño, estampado con recortes de diarios, fue presentado con una frase a la medida del escándalo: era “más pequeño que el traje de baño más pequeño del mundo”, dijo Réard a la prensa. Hasta ese entonces, las mujeres usaban trajes de baño de dos piezas más amplios, diseñados para dejar al descubierto solo una pequeña sección del abdomen.

Creador del bikini,  Louis Réard

Una revolución

El tiempo le daría la razón. Diana Vreeland, una de las grandes voces de la moda en Harper’s Bazaar y Vogue, llegó a definir el bikini como “el invento más importante después de la bomba atómica”. Para ella, esa prenda había abierto una revolución difícil de frenar, después de años de pudor y vergüenza, muchas mujeres empezaban a animarse a liberar el cuerpo y mostrarlo sin miedo.

Micheline Bernardini tenía 18 años cuando posó con el bikini diseñado por Louis Réard, una prenda mínima que escandalizó a la Francia de posguerra

Años después, el bikini empezó a salir del escándalo para entrar en el cine y en la cultura popular. En 1952, Brigitte Bardot, entonces una actriz de 17 años, protagonizó “Manina, la chica del bikini” y apareció en distintas playas de Francia con trajes de baño que todavía provocaban miradas. Los fotógrafos la siguieron, las imágenes llegaron a la prensa y el efecto terminó siendo más fuerte que la propia película. Poco después, otras estrellas como Sophia Loren, Anita Ekberg y Elizabeth Taylor también se animaron a lucirlo en público.

Brigitte Bardot ayudó a popularizar el bikini en los años cincuenta, después de protagonizar Manina, la chica del bikini

Volviendo a Bernardini, después de esa foto, siguió ligada al espectáculo, aunque su vida quedó menos documentada que la historia del bikini. Se supo que luego de que su imagen en la Piscine Molitor saliera en todos los diarios y revistas recibió más de 50.000 cartas de admiradores.

A fines de los años cuarenta se mudó a Australia y actuó en revistas del Tivoli Theatre de Melbourne, uno de los escenarios más conocidos del país. Sobre su vida privada hay menos certezas. Algunas fuentes señalan que, años después, se casó con un militar norteamericano y se instaló en Estados Unidos.

No hay registro de su fallecimiento, por lo que se considera que Micheline Bernardini hoy tiene 98 años.

Cuarenta años después de haber lucido el primer bikini, el 5 de julio de 1946, Micheline Bernardini volvió a ponerse uno, esta vez como un guiño a aquella escena que la había unido para siempre a la historia de la moda (Foto: Peter Turnley/Corbis/VCG via Getty Images)

Lo que sí quedó registrado fue que, cuarenta años después de aquella presentación, a los 58 años, volvió a posar en bikini para el fotógrafo Peter Turnley. Ya no era la adolescente que había desafiado el pudor de 1946, sino una mujer que podía mirar hacia atrás y saber que, durante unos minutos frente a una piscina de París, había quedado unida para siempre a una revolución que desató el bikini.


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