Juicio en Corrientes. Un segundo testigo ubicó a Benítez encapuchado la noche de la desaparición de Loan

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La octava jornada del juicio oral por la desaparición de Loan Danilo Peña volvió a girar sobre los dos ejes que sostienen la acusación: las huellas halladas en el monte —el corazón de la imputación contra Laudelina Peña por haber plantado de pruebas— y los movimientos de Antonio Benítez, el principal imputado, en las horas posteriores al 13 de junio de 2024. Ante el tribunal federal, que sesiona en el Escuadrón 48 de Gendarmería Nacional, declararon Miguel Ángel Noguera, tío materno del niño; Diego Arnaldo “Huevo” Peña, primo que participó del almuerzo en la casa de la abuela Catalina; y Roque Valeriano Noguera, el testigo que registró con su celular las marcas en el barro al día siguiente de la desaparición.

Fue una audiencia áspera, con lectura de declaraciones de instrucción para confrontar contradicciones, un cuarto intermedio forzado por un fuerte intercambio entre fiscales y defensores, y la reiteración —por segunda vez en dos jornadas consecutivas— de una escena que la querella considera clave: Benítez encapuchado, en moto y con una linterna en la mano, la noche en que Loan fue visto por última vez.

Miguel Ángel Noguera contó que se enteró de la desaparición mientras trabajaba en el campo, en una estancia cercana a 9 de Julio, y que salió a buscar a Loan junto a su hermano Alberto. El dato más relevante de su testimonio llegó cuando reconstruyó lo que ocurrió cerca de las 20.30 de aquel 13 de junio: dijo que Antonio Benítez lo detuvo cuando se acercaba a la zona de la desaparición, y lo describió con un buzo con capucha y una linterna en la mano. Aclaró, de todos modos, que el imputado no mostró “ninguna actitud sospechosa”. Dijo también desconocer las circunstancias de la aparición del botín de Loan.

Laudelina Peña, tía de Loan y una de las acusadas por la desaparición del menor

Es la segunda vez que el tribunal escucha esa escena: Alberto Noguera ya la había descripto en la séptima audiencia. La repetición del relato por dos testigos distintos refuerza la reconstrucción que la fiscalía intenta consolidar sobre los movimientos de Benítez en las horas posteriores a la desaparición, un tramo de la noche que el imputado nunca terminó de explicar.

El testimonio más esperado de la jornada era el de Diego “Huevo” Peña, presente en el almuerzo del 13 de junio y mencionado de manera reiterada en declaraciones previas, incluida la de su pareja, Camila Núñez. Fue, también, el más conflictivo.

El cruce estalló cuando Peña afirmó que “no había naranjas” en el naranjal hacia donde caminó el grupo de adultos y chicos aquella tarde, aunque describió que los árboles cercanos a la casa de la abuela tenían frutos “pintones”. El contrapunto entre fiscales y defensores obligó al tribunal a disponer un cuarto intermedio, y se leyeron declaraciones anteriores del testigo para confrontar diferencias sobre su presencia en el naranjal y otros puntos de su relato. Peña fue cuestionado, además, porque admitió que había transitado esa zona apenas “de paso”, dos años atrás.

El dato no es menor. El estado del naranjal toca directamente la verosimilitud del motivo del paseo —ir a buscar naranjas—, uno de los ejes sobre los que la acusación construyó la hipótesis de que la salida al monte fue una puesta en escena. Peña sostuvo también que la zona del naranjal nunca fue peligrosa, tampoco el lugar donde se encontró el botín del niño, y negó haber llevado a su hija al naranjal para una reconstrucción del hecho. Durante la audiencia se le leyeron asimismo declaraciones previas sobre el secuestro de su celular y su conocimiento del excomisario Walter Maciel, otro de los imputados.

El tercer testigo de la jornada fue Roque Valeriano Noguera, vinculado por afinidad a Benítez —su esposa es prima del imputado— y protagonista de uno de los episodios centrales de la causa: el hallazgo de las marcas en el barro. Abrió su declaración con una frase que marcó el tono: dijo que quiere que se sepa la verdad sobre lo que pasó con Loan.

Noguera relató que recibió la noticia mientras arreglaba un auto, que recorrió unos nueve kilómetros en moto hasta la casa de Catalina entre las 18.30 y las 19, y que al iniciar la búsqueda en la zona de la tapera de Caballero solo encontró a Laudelina Peña junto a un vecino conocido como “Don Chiche”, quien le dijo únicamente que Loan se había perdido en el naranjal.

Sobre el punto crucial, declaró que el 14 de junio encontró marcas en el barro mientras recorría el monte con otras personas, y que sacó el celular para filmar y fotografiar las huellas. Pero durante la audiencia se leyó una declaración anterior en la que había manifestado lo contrario, lo que generó inmediatos cuestionamientos de las defensas. La contradicción no es un detalle procesal: el episodio de las huellas y del botín es el núcleo de la acusación contra Laudelina Peña por el presunto plantado de la prueba, y cualquier fisura en el relato de quien las registró impacta de lleno en esa hipótesis.

Tres ejes quedaron planteados tras la octava audiencia. Primero, la contradicción de Roque Noguera con su declaración de instrucción sobre las huellas, que las defensas ya comenzaron a explotar. Segundo, el cruce por el estado del naranjal en el testimonio de “Huevo” Peña, que golpea la versión del paseo. Y tercero, la reiteración, ahora por un segundo testigo, de la escena de Benítez encapuchado y con linterna la noche de la desaparición.

El debate continúa este miércoles con otros tres testigos. Entre los citados figuran Alfonso Benítez y Lidia Noguera, la tía que fue de las primeras en apuntar contra Antonio Benítez durante la instrucción.

La jornada tuvo, además, un episodio insólito antes de que comenzara la audiencia. Carlos Pérez, uno de los acusados, se cruzó con Rozaxa Prado, integrante del grupo Madres Corajudas, que reclama justicia y el esclarecimiento del caso. Prado acababa de hablar con la prensa: consultada sobre quiénes considera más involucrados en la desaparición, respondió sin dudar que Pérez, su esposa Victoria Caillava y el excomisario Maciel, y cargó contra este último por no haber preservado la escena ni tomado medidas en las primeras horas: “Tenía que haber detenido a todos, tenía que haber vallado el lugar”, afirmó.

Después de esa entrevista, Pérez —que en ese momento estaba sin sus abogados defensores— se acercó a Prado, le dijo que él apoyaba el reclamo del grupo y que no tiene nada que ver con el caso, y le pidió una de las remeras que usan las integrantes del contingente, con la inscripción “Justicia por Loan”. Un agente de Gendarmería Nacional intervino y le pidió tajantemente que se llamara a silencio.


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