“Nosotros somos una familia de clase media y siempre quise que seamos así”. Eso les decía Jorge Messi a los que visitaban la casa de la familia para ver a Leo y se encontraban con un asado, un domingo, y todos sentados a la mesa.
“Son así, una familia común, de clase media, laburante, pese a que son millonarios”, afirma a LA NACION un amigo de los Messi en Rosario, donde Jorge eligió morir, porque desde hace ya muchos años vivía afuera.
En la ciudad Jorge conoció a su esposa Celia hace casi 50 años, armó una familia, propulsó la carrera de Leo en inferiores, en el humilde Grandoli de zona sur y en Newell’s. En el último tiempo volvió y desarrolló proyectos inmobiliarios. Hasta compró un bar emblemático, que funciona cerca del Monumento: el Vip.
Ahí, esta mañana luego de que Jorge muriera, un pizarrón, con letras en tiza, decía: “El bar hoy permanecerá cerrado”.

Cuentan los que conocían a Jorge en Rosario que en ese bar él tenía una oficina, desde donde direccionaba los contratos de su hijo más famoso, la vida de la familia y las inversiones. “Siempre estaba pendiente de los hijos súper dedicado, siempre atrás de los chicos”, lo describe una persona que sabe de él.
Jorge no sólo era el padre de Lionel, Rodrigo, Matías y María Sol. Fue la figura más influyente en la brillante carrera futbolística del capitán argentino, del mejor jugador del mundo.

Su enfermedad marcó el último Mundial de Leo, que lloró tras el partido entre la Argentina y Argelia, el debut en Estados Unidos, por “una situación ajena a lo deportivo”. Fueron, dijo el capitán, “unos días difíciles y complicados”. En ese momento, Jorge estaba mal por el cáncer que lo afectaba desde hace años.
Cada vez que habló de Jorge, Leo recordó sus extensas jornadas de trabajo en la metalúrgica Acindar, de Villa Constitución, con turnos rotativos incluso los fines de semana; pero a la vez sus grandes esfuerzos para volver en colectivo a Rosario, tomarse unos mates y llevarlo a entrenar. Las largas charlas que los dos compartían sobre fútbol. Las ganas de criar a sus hijos de la forma en que su papá lo crió a él.
“Mi viejo se levantaba a las 4 de la mañana y volvía a las 9 de la noche para cenar todos los días. Nos veíamos poco y cuando nos veíamos, me disfrutaba, no me cagaba a pedos nunca. Yo lo disfrutaba muchísimo a él porque lo extrañanaba y esperaba que llegara para poder abrazarlo”, dijo el capitán en una entrevista en 2019, para TyC Sports.
Jorge y Lionel compartieron una forma de ser discreta y una vida cruzada por el fútbol. Jorge le escapaba a las entrevistas. Alguna que otra vez esbozó unas palabras en un aeropuerto o después de firmar contratos megamillonarios. Pocas veces aparecía en público pese a manejar los destinos de una de las estrellas deportivas más grandes de la historia.
El 28 de marzo pasado, La Capital de Rosario lo sorprendió en una de las viejas tribunas del estadio Gabino Sosa de Rosario, donde fue a ver el choque por la Primera C de Leones FC, propiedad de su familia.
“Central Córdoba es el equipo de la zona sur de Rosario, es todo. Es un logro que Leones esté jugando acá”, dijo.
Desde sus épocas en la planta industrial en el sur santafesino, Jorge ya delineaba los pasos de Leo, al que todos le veían algo distinto, algo de fenómeno. Lo acompañó en las inferiores de Grandoli y de Newell’s, y fue el principal promotor de que con solo 13 años se probara en el Barcelona de España.
Los dos solos se subieron a un avión Ezeiza. Mientras el resto de la familia se quedó en Rosario, Jorge acompañó a Lionel en los comienzos de una carrera que -ellos no sabían- sería inolvidable.
Este 2026 fue distinto. Al Mundial de Estados Unidos viajó Lionel. Celia y los hermanos del campeón se quedaron entre Rosario y Buenos Aires para acompañar a Jorge, por eso durante toda la Copa no se vio la tradicional postal, que se repitió en Qatar y en la Copa América de Estados Unidos, del palco de los Messi a pleno.
Esta vez resto de la familia se quedó en Rosario, a cuidar a Jorge, el que tanto los había cuidado a ellos.