Fusiones, alianzas, educación para adultos: cómo deberá ser la escuela que sobrevivirá al desplome de la matrícula

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“Nos sentamos a escuchar el diagnóstico con miedo, casi temblando, pero sabiendo que esa es la realidad y que este es el momento en el que podemos tomar buenas decisiones que nos salven frente a un contexto muy adverso”. El que habla es Flavio Pinto, presidente de la Asociación de Instituciones Educativas Privadas de Argentina (Aiepa), durante el receso del Congreso Nacional de Educación, del que participaron unos 400 directivos de escuelas privadas de todo el país. Ocurre que, como nunca, la caída de la natalidad, la baja en la matrícula y el aumento de los costos fijos por alumno resultan una amenaza latente para todo el sistema educativo y en particular para la educación privada, que ve con temor el destino de la larga lista de colegios que en los últimos tres años debieron cerrar sus puertas, como ocurrió en los últimos días con el St. Martin in the Fields School.

Por eso, el Congreso Nacional de Educación de las escuelas privadas, que contó con la presencia del jefe de gobierno Jorge Macri y del secretario de Educación de la Nación, Carlos Torrendell, resumió una particular preocupación de muchos directivos.

El demógrafo Rafael Rofman fue el encargado de trazar esa radiografía que las escuelas privadas y sus proyecciones que son demoledoras: la caída de la natalidad no va a parar, aunque es probable que en los próximos años se estabilice o encuentre un equilibrio. De todas formas, esto no va a cambiar la realidad en las escuelas: “Hoy ya podemos saber cuántos estudiantes menos va a tener la escuela secundaria en 2030: van a ser la mitad que hoy. Y eso lo sabemos a ciencia cierta y es algo que no va a cambiar porque esos chicos ya nacieron. Lo que hay que preguntarse, es cómo tiene que ser esa escuela a la que van a ir esos chicos: no solo más chica, sino que también tiene que plantearse en qué habilidades tiene que formarlos, para que en los años siguientes, cuando sean la masa laboral, también mucho más chica, puedan sostener la economía”, planteó Rofman.

La caída de la natalidad y el impacto estructural en el sistema educativo atravesó todo el encuentro. Rofman explicó que el descenso de la fecundidad es un proceso histórico irreversible, que no se puede revertir con políticas de promoción de la natalidad, ya que tampoco es consecuencia de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, ni de políticas laborales, sino que es multicausal y producto de una transformación social que comenzó hace 250 años, y que en la Argentina, 150 años, con la reducción progresiva y sostenida de la cantidad de hijos por mujer. Que no vaya a revertirse no significa que las políticas familiares, como las licencias, políticas de cuidado, asignaciones familiares entre otras no sirvan. “Sirven para mejorar la calidad de vida de los niños que nacen, pero no producen un aumento de nacimientos”, apuntó.

El tradicional St. Martin in the Fields School, en el barrio porteño de Belgrano, cerrará a fin de año

La nueva realidad exige mejorar la productividad ante el envejecimiento poblacional. “Mientras que para la educación pública la caída de la natalidad representa una oportunidad de optimizar recursos y aumentar la productividad de la nueva generación, para los colegios privados supone un desafío económico crítico por la pérdida de matrícula”, dijo

“¿Cómo va a ser la escuela privada que sobreviva en este contexto?“, lanzó. Y la respuesta fue sencilla: Las instituciones deben adaptarse, generar alianzas, dejar de ver a la escuela que queda a tres cuadras como la competencia, pensar en trabajar juntas, evaluar fusiones, optimizar recursos mediante alianzas. También les habló de diversificar servicios, incluir propuestas para la educación de adultos, de la mano con el envejecimiento de la población, entre algunas decisiones claves y necesarias para alejar el fantasma del cierre definitivo. Pero no solo eso: también será fundamental y urgente repensar el modelo pedagógico actual para garantizar que los estudiantes adquieran las habilidades necesarias en un mercado laboral cambiante. “Los resultados de las pruebas PISA nos deben interpelar. Porque los padres también miran qué aprenden sus hijos, y comparan”, apuntó.

Gran dilema

“Organizamos este congreso pensando en este gran dilema de la educación privada. No nos queríamos quedar con el diagnóstico, que ya lo sabemos y es inexorable por la baja de natalidad. Al principio, el problema de la matrícula fue en los jardines maternales, ahora en los primeros años de la primaria, pero que sabemos que va a llegar a todo el sistema educativo, a la secundaria y al nivel terciario. Y ante estamos obligados a la transformación. Tenemos que ver económicamente cómo las estructuras de costos de las escuelas se van modificando, para afinar a dónde va el gasto y qué tenemos que hacer para optimizarlo. Pero también es un desafío de transformación para los equipos pedagógicos y de la incorporación de tecnología. ¿Cuál va a ser el diferencial que las escuelas vamos a tener que tener en una situación de competencia por la matrícula?”, sintetiza Martín Zurita, secretario ejecutivo de Aiepa.

“También necesitamos transformaciones desde la legislación. Ante esta realidad que existe, ¿sigue teniendo lógica imponer el mínimo de 20 alumnos por grado para sostener una subvención del Estado, cuando tiene que ver con algo más macro? Es algo que debemos plantearnos”, dice Zurita.

Irene Ferrara es una de las directivas de escuelas presente en el congreso de educación, que vivió en carne propia el cierre reciente de la institución de nivel primario primaria que fundó y que funcionó por 13 años en Mar del Plata, con el nombre John Lennon, con 90 alumnos. Hace tres años tuvo que cerrar sus puertas y ahora solo subsiste el jardín, que sí tiene una subvención. “Era un proyecto distinto, inclusivo. Al tener pocos alumnos teníamos excelentes resultados. Teníamos varios alumnos con altas capacidades, otros con neurodivergencias, que no encuentran espacios acordes en otras instituciones, que se favorecen mucho en grupos más pequeños, incluso diversos. Como habíamos empezado a fusionar grados, siempre con una visión personalizada, nos dijeron que no era posible y al no darnos la subvención tuvimos que cerrar. Los viejos paradigmas aplicables a los colegios, que tienen que tener un gran volumen de alumnos para ser viables se debería repensar. Teníamos un proyecto hermoso, pero lo tuvimos que cerrar”, cuenta Ferrara a LA NACION.

La caída de la natalidad aportará 1.200.000 estudiantes menos en el sistema educativo para 2030, esto será 50% menos en la secundaria y 27% menos en todo el sistema educativo, aportó Viviana Postay, especialista en gestión y conducción de las Instituciones Educativas por Flacso, que les explicó a los directivos de colegios sobre cómo hablarles a los padres y cómo avanzar en la toma de esas decisiones estratégicas para sobrevivir en un contexto tan adverso.

La baja sostenida de la natalidad genera un impacto crítico en los colegios privados por la estructura económica sobre la que funcionan, explicó Rofman. Lo primero es ver que la caída de la matrícula genera mucha presión económica, por la pérdida de ingresos directos: A diferencia de la educación pública, que puede reasignar presupuesto para tener mayor inversión por alumno, la educación privada depende fuertemente de las cuotas. Al ingresar menos estudiantes, hay menos entradas, pero los costos fijos (mantenimiento de edificios, sueldos docentes y gastos administrativos) permanecen prácticamente iguales. Entonces, se produce un encarecimiento del costo por alumno: Esto genera un dilema que explica muchos de los cierres de colegios: las instituciones enfrentan un costo por estudiante más alto, se ven obligadas a aumentar las cuotas o a buscar mayor asistencia del estado, pedir más subsidios.

En este punto, explicó Rofman, los cierres para muchas instituciones serán inevitables; cierre de salas, aulas e instituciones completas. Pero antes de llegar a ese punto, es posible pensar en la reorganización del sector: las fusiones, tanto de servicios como de instituciones puede ser una opción que salve del final más temido.

Esta realidad comenzó afectando al nivel inicial, se vio primero en maternidades y jardines de infantes y ahora se está trasladando progresivamente a la primaria y a la secundaria. Pero con una dificultad: mientras que en el nivel inicial es posible ofrecer salas multiedad, esto no está contemplado en el sistema educativo para primaria y secundaria. Es más, las instituciones que reciben una subvención tienen la obligación de garantizar un mínimo de 20 estudiantes por grado o curso.

Estrategias de adaptación

Para no ser arrastrados por esta caída de los nacimientos, Rofman insistió en que los colegios privados deben reaccionar con anticipación y propuso varias líneas de acción. Una es pensar en colaboración en lugar de competencia: pasar de ver a las escuelas vecinas como competidoras a considerarlas como socias estratégicas para concretar alianzas, fusiones o compartir infraestructura y costos. Además, ante la nueva realidad, las instituciones educativas no pueden limitarse a resistir, sino que deben rediseñar su propuesta. Los animó a pensar nuevas ofertas educativas que incluyan la educación para adultos y formación continua. También propuso pensar en una ampliación de la oferta comunitaria: Reutilizar la infraestructura y capacidades existentes para ofrecer trayectos de reconversión laboral y capacitaciones específicas.

Otro de los aspectos que será clave para salvarse y sobrevivir en el futuro cercano será tener un claro horizonte en las habilidades del futuro y productividad de la generación que hoy está en la escuela. Para eso, se necesitará un rediseño curricular con propósito: Superar el modelo tradicional de “sumar y restar materias” para enfocarse en la enseñanza de habilidades concretas y pertinentes para el mercado de trabajo del futuro, puntualizó Rofman.

Para esto, será clave el enfoque de la inversión en el capital humano. Ante el envejecimiento poblacional, el país transitará en estos años un bono demográfico: al tener menos chicos en los colegios, con similares niveles de inversión en educación se podrán obtener mejores resultados. Pero, advierte Rofman esto tiene más impacto en la educación pública, que si entiende esto, debería evitar recortar el presupuesto educativo por una caída en la matrícula, como forma de una inversión a futuro cercano, ya que la economía necesitará una fuerza laboral significativamente más productiva en los próximos años, lo que exige elevar drásticamente el nivel cualitativo de la formación técnica y secundaria.

También será el momento de reformular la formación docente y la calidad pedagógica, dice Rofman. Y destaca la posibilidad de aprovechar la estabilización en la cantidad de alumnos para reformular los programas de formación y actualización de los maestros y profesores.

“Se necesitarán nuevas estrategias didácticas: será fundamental invertir en innovación pedagógica y didáctica para ofrecer una propuesta de alto valor”, dijo Rofman. Y agregó que “con familias que tienen menos hijos, la exigencia sobre la calidad de los aprendizajes es y será cada vez mayor”. El especialista instó a las escuelas a pensar en alianzas estratégicas y servicios compartidos. Serán fundamentales las redes de colaboración: pasar de un esquema de competencia entre colegios a uno de asociación y colaboración. Pensar en servicios e infraestructura compartida, crear unidades de dirección conjuntas, compartir instalaciones, o fusionar niveles iniciales para sostener propuestas educativas más robustas e integradas.


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