LONDRES.- Muchos niños ingleses transcurren toda su educación sin oír sobre las “Falklands”, y menos, de las Islas Malvinas. Sin embargo, en estas horas, están en todos los portales digitales en el Reino Unido. Justamente por eso, la imagen que recorre el mundo de los jugadores argentinos con la bandera se vuelve especial: habrá más niños haciendo preguntas.
Una vocera del primer ministro, Keir Starmer, declaró: “El Mundial puede que no sea nuestro, pero las Islas Malvinas definitivamente sí lo son. Nuestra postura no ha cambiado. La autodeterminación les corresponde a los isleños, y nuestro compromiso con los habitantes de las Falklands nunca flaqueará”.

La mayoría de los medios y periodistas se alinearon, remarcando que fue una bandera política que violó las reglas de la FIFA. La cobertura también recordó que la disputa por la soberanía de las islas sigue siendo un tema espinoso en la relación entre ambos países, y se especula si la FIFA podría abrir una investigación (así lo pidió el primer ministro inglés) o aplicar sanciones. El conocido presentador Piers Morgan fue el más filoso: tildó a los jugadores argentinos de “sin clase” y escribió en X que esperaba que España los “aplastara” en la final.
El periodista Robert Taylor escribió en la emblemática revista política The Spectator. Tituló su nota “Sáquenle la visa a estos argentinos”, haciendo referencia a los jugadores argentinos que juegan en la Premier League. Describe al cartel como “horrible” y “defensivo” entre otras cosas. Plantea, a su vez, una situación hipotética contraria: “Es como si jugadores ingleses que jugasen en la liga argentina levantasen una bandera diciendo que las Falklands son británicas. Tuvieron la chance de irse con mucha dignidad, pero lo arruinaron”.
Así es como se sienten muchos ingleses. Jack Leonard tiene 38 años y es del norte de Inglaterra. No había nacido cuando sucedió esta guerra. Por lo cual, personalmente no le afecta, ni le da tanta vuelta al asunto de quién las tiene y quién las quiere. Culturalmente, para él pasa por el lado meramente futbolístico, incluido el partido del miércoles. Aún así, Jack afirma: “Creo que Argentina usa los partidos contra Inglaterra (y el hecho de que nos ganaron tantas veces) como una especie de revancha, y creo que están más motivados como consecuencia de esa guerra y más decididos a ganar. Por eso no me sorprende que uno de los jugadores haya agarrado una bandera del público y empezado a agitarla, porque creo que tiene sus raíces en ese conflicto, aunque no estoy del todo seguro de cuánta gente en Inglaterra es consciente de eso. Es realmente interesante”.
Classless pr*cks.
I hope Spain beat them as badly in the Final as we beat them in the Falklands War. pic.twitter.com/mC1YWVWfIb— Piers Morgan (@piersmorgan) July 16, 2026
Pero la historia y la memoria para su madre, Lindsay Leonard, de 71 años, es diferente. Lindsay es una periodista reiterada, y recuerda muy bien el conflicto. “Lo recuerdo vívidamente: en ese momento la gente estaba concentrada en la pérdida de vidas más que en el impacto político. Margaret Thatcher era primera ministra y era impopular entre mucha gente de mi generación en esa época. Generalmente se piensa que la Guerra de Malvinas salvó su carrera política”. Y en cuanto a los medios, Lindsay recuerda: “Los diarios demonizan a los argentinos, pero al final, la mayoría de la gente está demasiado ocupada con su propia vida como para preocuparse mucho por un país a miles de kilómetros de distancia”.
Lindsay Leonard concluyó, en conversación con LA NACION: “Mi reacción al verlos desfilar con la bandera… pensé que mostraba una falta de generosidad después de haber ganado limpiamente. Dejando de lado las consideraciones políticas, pensé que el equipo argentino podría haber celebrado la victoria con más nobleza. Eso cayó mal, no el tema en sí, sino la falta de nobleza deportiva”.
En la Argentina, el trasfondo es distinto. Estos episodios también se filtran en el fútbol nacional, y no es casual: el reclamo por Malvinas se transmite de generación en generación. Tampoco existe, del otro lado, una figura como la de Diego Maradona, que unió para siempre a la pelota con la guerra a través de la “Mano de Dios”. Los símbolos pesan distinto, y eso también cambia la manera de vivir el fútbol: para muchos argentinos, un partido contra Inglaterra nunca es sólo un partido.
Cuando se trata puntualmente de Malvinas, la edad no marca tanto la diferencia: Joshua Tyler, inglés de 25 años, se lo tomó de manera muy parecida. “Después del golpe futbolístico, cuando todos ya están molestos, enojados y un poco resacosos, en un momento de nacionalismo exacerbado, ver eso puede tomarse como una manera innecesaria de echarle sal a la herida y mezclar el deporte con la política donde no corresponde. De la misma manera, a mí también me pareció un poco innecesario que algunos ingleses fueran al partido con la bandera de Malvinas. Creo que el deporte debería ser un factor de unión y no un motivo de tensión internacional”.
Aún así, es necesaria la aclaración: en Inglaterra el fútbol no está libre de esa mezcla. Hinchas ingleses cantan hace décadas “Ten German Bombers” y “Two World Wars and One World Cup”, ambos en referencia a la Segunda Guerra Mundial contra Alemania, y ambos también cuestionados dentro de Gran Bretaña por xenófobos. La diferencia, dirán muchos, es que ahí el cántico sale de la tribuna y no de la cancha ni de los propios jugadores.
Las voces de estos ingleses dejan claro que la bandera no les hirió el orgullo, pero definitivamente cayó mal. Honestamente, no es sorpresa: en un país donde el deporte se asocia históricamente con el fairplay, con el cricket y con Wimbledon, lo que más pesó no fue la reivindicación en sí, sino la forma. Donde los argentinos vemos reivindicación y justicia, ellos ven malos modos. No ganarse el rótulo de mal perdedor, dirían ellos, importa tanto como ganar.