Corría el año 2000 cuando la actriz ganadora de dos premios Oscar, Jane Fonda, compró una propiedad al pie de las montañas Sangre de Cristo, cerca del pueblo de Pecos, en Nuevo México.
Forked Lightning Ranch perteneció a Fonda durante unos 15 años, tiene unas 930 hectáreas, atravesadas por el río Pecos. Allí, la actriz construyó su refugio después del final de su matrimonio con el empresario Ted Turner y llegó a describirlo como el lugar en el que pudo recomponer su vida.
Cuando viajó con su hija Vanessa Vadim para conocer el lugar, la decisión fue prácticamente inmediata. “En el momento en que pisé la propiedad supe que estaba en casa”, recordó años después la actriz en una entrevista con Architectural Digest.

El terreno estaba junto al Pecos National Historical Park y formaba parte de lo que antiguamente había sido un rancho ganadero que perteneció a la actriz Greer Garson y a su esposo, el empresario petrolero Buddy Fogelson.
Cuando Fonda llegó, la principal construcción habitable era una cabaña de troncos de dos dormitorios. Vivió allí durante aproximadamente tres años mientras desarrollaba la que terminaría convirtiéndose en la residencia principal del campo a la que bautizó River House.
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Pero la historia de la propiedad no terminó cuando Fonda decidió venderla en 2015. Actualmente, unas 902 hectáreas se encuentran bajo conservación que protege el hábitat natural, las tierras agrícolas, el paisaje y casi seis kilómetros y medio del río Pecos. La medida también impide que el terreno pueda fragmentarse mediante futuras subdivisiones.

Una casa de casi 900 m² que parece tener 100 años
La vivienda tiene aproximadamente unos 890 m², y fue diseñada con la intención de que pareciera una antigua construcción tradicional del norte de Nuevo México, aunque en realidad era nueva. El efecto fue tan convincente que, según relató la actriz, cuando Robert Redford fue a visitarla creyó que la casa llevaba allí por lo menos un siglo.

Y fue mucho más que una casa de vacaciones. “Es donde sané después de mi matrimonio, donde llegué a comprender mi vida”, contó Fonda. Allí también escribió buena parte de sus memorias, My Life So Far.
Pero, River House era apenas una de las construcciones. El complejo incluía además una hacienda de aproximadamente 197 m² utilizada como casa de huéspedes, otra vivienda de troncos de más de 300 m², la casa del encargado y un centro ecuestre con 12 boxes para caballos.


Fonda restauró buena parte de esas instalaciones intentando respetar la arquitectura histórica del lugar. También incorporó sistemas de eficiencia energética: paneles solares, reutilización de aguas grises para riego y materiales de origen local. La energía solar incluso complementaba el suministro eléctrico de distintas construcciones del campo.
Y había un detalle difícil de separar de la propietaria: un gimnasio de alrededor de 56 m², equipado con máquinas, pesas, accesorios de Pilates, una pared completamente espejada y hasta la colección de videos de entrenamiento de la propia actriz.

Lo vendió en 2015 por casi US$20 millones
Después de más de una década en el rancho, Fonda decidió desprenderse de la propiedad y en 2014, Forked Lightning Ranch salió al mercado por US$19,5 millones. En ese momento, la actriz explicó que los cambios ocurridos en su vida desde 2000 hacían que ya no pudiera pasar allí tanto tiempo como antes y que había llegado el momento de entregar el lugar a un nuevo dueño.
Finalmente encontró comprador en septiembre de 2015, después de permanecer más de un año en venta. Sin embargo, hay un detalle importante: aunque varias publicaciones posteriores dieron por hecho que la operación se había cerrado por US$19,5 millones, el precio final nunca fue informado oficialmente. La inmobiliaria que manejó la operación sostuvo entonces que los términos eran confidenciales. Los actuales propietarios son Scott y Kimberley Sheffield, según documentación del New Mexico Land Conservancy.


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Pero tal vez el dato más singular de Forked Lightning es que la tierra quedó jurídicamente protegida. El proceso había empezado incluso mientras Jane Fonda todavía era propietaria. El New Mexico Land Conservancy comenzó a establecer servidumbres de conservación en junio de 2010. La protección fue ampliándose en distintas etapas y temrinó en octubre de 2018, ya bajo los nuevos dueños. El resultado fue la protección de 902 hectáreas de las aproximadamente 930 que forman el rancho.
La tierra continúa siendo privada, pero se establecen restricciones permanentes destinadas a mantener sus valores ambientales y productivos, incluso cuando vuelva a cambiar de manos.