El linaje del Manco Paz y la memoria afectiva familiar

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Desde muy joven sentí un profundo interés por conocer quiénes fueron mis antepasados y reconstruir la historia de mi familia. Estoy convencido de que en esas vidas, en sus decisiones, en sus aciertos y en sus errores, se encuentran las raíces que, de un modo u otro, marcan nuestro presente. El resultado de esa inquietud es el libro El linaje del Manco. Genealogía de José María Paz.

La genealogía, para mí, es una forma de recuperar la memoria familiar, de descubrir vínculos desconocidos, de reconocer parientes cuya existencia ignorábamos y de fortalecer el sentido de pertenencia a una comunidad de personas unidas por una historia compartida.

El recorrido genealógico permite, además, tender un puente entre las generaciones. Las conversaciones familiares, las anécdotas transmitidas de boca en boca y los recuerdos conservados por los mayores adquieren entonces un valor incalculable.

Elegí colocar en el centro de esta obra a José María Paz, militar, escritor, quien gobernó Córdoba y fue -y continúa siendo- una figura ejemplar para toda la familia. Junto a él procuré describir la personalidad de otros integrantes de la familia, rescatando rasgos de carácter, costumbres y pequeños pero reveladores episodios. También quise rescatar costumbres de la vida cotidiana que hoy han desaparecido.

Por ejemplo, durante buena parte del siglo XX era habitual que los jóvenes organizaran reuniones para bailar en la casa de alguno de los integrantes del grupo. En uno de esos “asaltos”, Celso Mazzitelli, un joven sanjuanino que estudiaba Medicina en La Plata, conoció a Alicia Rebollo Paz. Aquella noche comenzaron una relación que los llevó al matrimonio y se prolongó durante casi medio siglo. Una simple reunión entre amigos terminó cambiando el rumbo de dos vidas y dio origen a nuevas generaciones de la familia.

Otra anécdota, igualmente reveladora de las costumbres de su tiempo, tiene como protagonista a María Rosa Rebollo Paz, nieta de José María Paz. Ya anciana, vivía en un hogar para personas mayores, donde compartía habitación con otra mujer de su edad. Un día esta última recibió la visita de un joven de aproximadamente veinte años que resultó ser un hijo extramatrimonial. Cuando Rosa conoció esa circunstancia, reaccionó con una indignación que hoy puede parecer incomprensible. Llegó a golpear a su compañera con un bastón hasta que el personal del establecimiento logró separarlas.

La anécdota, más allá de lo pintoresca, resulta valiosa porque permite comprender la enorme diferencia entre los valores sociales de aquella época y los actuales. La reacción desmedida de Rosa es el reflejo de una sociedad en la que la maternidad fuera del matrimonio era objeto de una fuerte condena moral. Del mismo modo, el relato del asalto nos acerca a una forma de sociabilidad que prácticamente ha desaparecido.

Estoy convencido de que la historia familiar no se construye solo con partidas de nacimiento, matrimonios o defunciones. También se construye con recuerdos, relatos, tradiciones y pequeñas historias transmitidas de generación en generación. Esos episodios ayudan a comprender la personalidad de quienes nos precedieron y aportan una dimensión humana que los documentos, por sí solos, no pueden ofrecer. Los archivos permiten conocer los hechos; las anécdotas permiten comprender a las personas.

En la actualidad, la genealogía es considerada una ciencia auxiliar de la historia y, como tal, exige un método de investigación riguroso. Por esa razón consulté archivos judiciales para examinar expedientes sucesorios; recurrí a registros civiles y parroquiales donde constan nacimientos, matrimonios y defunciones; e indiqué, siempre que fue posible, el lugar exacto donde se encuentra registrada cada información.

Pero también entendí que la memoria oral constituye una fuente de enorme valor. Muchas historias familiares jamás fueron registradas por escrito y solo sobreviven gracias al relato de quienes las escucharon de sus padres o de sus abuelos. Por ello incorporé testimonios, recuerdos y comentarios que han circulado durante décadas en el ámbito familiar, aun sabiendo que, en algunos casos, resulta imposible verificarlos documentalmente. Excluirlos habría significado perder una parte esencial de nuestra identidad y del patrimonio afectivo de la familia, capaz de fortalecer el vínculo de las nuevas generaciones con sus raíces.

Mario de Almeida es abogado e historiador; tataranieto del general José María Paz; el autor presentará el libro El linaje del Manco en el Museo Provincial de Bellas Artes de Córdoba el martes próximo, a las 18


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