Edinson Cavani rescindió el contrato con Boca y se va del club con pocos goles, muchas lesiones y ningún título

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Edinson Cavani dejó de ser jugador de Boca. Era una noticia que ya se conocía tras una reunión con la directiva comandada por Juan Román Riquelme y a la que solo le restaba la formalidad llevada a cabo durante este miércoles. Había arribado en agosto de 2023 con la expectativa propia de transformarse en ídolo del club que veía de joven, con la historia de Sergio “Manteca” Martínez y el alambrado como trasfondo, y la de la parcialidad xeneize, que veía en su equipo a una figura de talla internacional. Casi tres años después, firmó una triste salida.

No por el final de ni siquiera poder cumplir el contrato, yéndose por la puerta de atrás, sino por las consecuencias que llevaron su estadía a este desenlace. La acumulación de lesiones y también de bloopers al definir, como la recordada pifia debajo del arco que terminó con el papelón colectivo de ser eliminados en el repechaje de la Copa Libertadores 2025, llevaron a los hinchas a las sensaciones contrarias a las soñadas: los meses finales fueron de resistencia, crítica y hasta una última silbatina.

Una de las últimas imágenes de Cavani, en medio de la tormenta de molestias lumbares que atravesó: parecía ponerse a punto para intentar una revancha, pero no pudo ser parte y la llegada de Rodolfo Arruabarrena le puso punto final a su decepcionante estadía.

Fue al ser reemplazado de su última función, el 20 de febrero, en un empate sin goles ante Racing que también fastidió a las tribunas por la floja actuación en conjunto. Ya no existía, a esa altura, algún signo de piedad con la figura del uruguayo por su trascendencia en Europa: el crédito en Boca, acaso lo más importante para el hincha, había finalizado tras un ciclo que llegó a 81 participaciones, 28 goles y ningún título.

Así las cosas, Riquelme pasó de sentenciar ante su desembarco que se trababa del “mejor refuerzo extranjero de la historia del fútbol argentino” a tener que comunicarle, hace dos semanas, que su ciclo estaba cumplido, algo en lo que el delantero estuvo de acuerdo pese a que su contrato tenía punto final el 31 de diciembre próximo. Por eso, en estas últimas horas se procedió a la culminación en los papeles.

Los dolores los evidenció, incluso, cuando miraba los encuentros de Boca desde el palco.

Los problemas lumbares que atravesó desde los primeros meses de 2025 lo obligaron a tratamientos para intentar bloquear un dolor que se tornó insoportable. En consecuencia, la imagen del exatacante de la selección charrúa pasó a ser tradicional en la Bombonera, pero viendo los partidos desde el palco.

Con la llegada de Rodolfo Arruabarrena a la dirección técnica su salida tomó mayor fuerza y activó aquel acuerdo entre el jugador y el directivo, ya que el Vasco tenía decidido no incluirlo en los planes de lo que es su segundo ciclo como entrenador del club.

28 flechazos en tres años, un número flojo para semejante goleador que debió ausentarse en muchas oportunidades por las lesiones: empezó su etapa siendo aclamado y la terminó siendo reprobado.

“Sueño con retirarme en Boca”, había planteado en diversas oportunidades el Matador, algo que finalmente no será así: algunos rumores de las últimas semanas lo colocaron en Danubio, institución uruguaya de la que surgió futbolísticamente. Aunque si los dolores siguen, Boca pudo haber sido su final, pero no de la manera que anheló.


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