Día del Riesling: del olvido a la alta gama de un vino blanco que vive un nuevo momento en la Argentina

COMPARTIR

Las laderas que bordean los cauces de los ríos Rin y Mosela, en Alemania, son la cuna de una de las variedades de uva más preciadas por los conocedores, pero también por quienes se asoman hoy al vino en busca de frescura. En el Día del Riesling —variedad de moda a nivel global— es una ocasión de descubrir que en la Argentina hay ejemplares que provienen no solo de regiones clásicas (como la cuyana o la calchaquí), sino también de los nuevos hot spots de nuestra vitivinicultura, como Chubut o la región costera de la provincia de Buenos Aires.

“Es una variedad con un perfil marcado por su acidez”, destaca Guido Malacalza, enólogo de la bodega Otronia, en Chubut. En el vino, acidez es sinónimo de frescura y es también el elemento que augura un gran potencial de guarda: “El Riesling probablemente sea una de las variedades blancas que mejor evoluciona con el tiempo. Si bien los grandes blancos suelen envejecer bien, el Riesling destaca especialmente por su capacidad de guarda”, agrega por su parte Juan Pablo Murgia, enólogo de Rutini Wines.

Quedan muy pocas hectáreas plantadas con Riesling en la Argentina

“Su amplia paleta aromática y su gran capacidad de crianza en botella son otras de sus particularidades —retoma Malacalza—. En su fermentación y crianza, desarrolla aromas de fruta blanca, flores y cítricos, y luego de algunos meses en botella gana complejidad y capas aromáticas, llegando incluso a desarrollar notas minerales intensas”.

“Con el paso de los años, el Riesling evoluciona hacia aromas que incluso pueden recordar al combustible o al querosén, características muy apreciadas por los amantes de la variedad”, completa Murgia.

“Además de ser uno de los cepajes más sutiles y longevos que existen, es una de las variedades que expresa muy bien el terruño en el que se cultiva. Por lo tanto, es capaz de ofrecer versiones muy diferentes de sí misma”, agrega Pablo Cúneo, enólogo de Luigi Bosca, bodega que elabora esta variedad desde la década del 80 y una de las pioneras en hacerle un lugar al Riesling en la alta gama.

“Si nos referimos a las variedades blancas que explican los grandes vinos del mundo, son dos: en primer lugar, el Chardonnay y, muy cerca, el Riesling –explica Murgia–. Si bien no tiene la expansión ni el desarrollo que ha alcanzado el Chardonnay a nivel mundial, el Riesling encuentra su lugar en algunas de las regiones vitivinícolas más prestigiosas del planeta. En ellas se producen algunos de los mejores vinos blancos del mundo, especialmente en Alemania, Austria y la Alsacia francesa”.

Pero esta variedad que hoy celebra su día internacional puede parecer una novedad para muchos, aunque en realidad tiene una larga historia en la Argentina. “En las décadas del 60 y 70, cuando el consumo de vino en la Argentina era casi cuatro veces más elevado que el actual, el Riesling era una de las variedades blancas más implantadas en nuestro país”, cuenta Ezequiel Ortego, enólogo de la bodega Trapiche Costa & Pampa, que cultiva esta cepa en Chapadmalal, provincia de Buenos Aires.

Viñedos en torno al Río Mosela, en Alemania, una de las regiones donde el Riesling se destaca

Pero el éxito duró poco y el Riesling cayó en desgracia: “Cuando comenzó a disminuir el consumo de vino, muchas de las hectáreas de vid que se erradicaron en las zonas productivas eran de Riesling –agrega Ortego–. Además, hubo un cambio en el paladar del argentino, en el cual el consumidor terminó volcándose más al vino tinto que al blanco, lo que hizo que muchos productores sacaran sus vides de uva blanca para plantar tintas, que eran mejor pagas”.

El resultado es que hoy solo quedan 72,4 hectáreas de Riesling en todo el país (contra las 47.064 del Malbec); casi la mitad se encuentran en la provincia de Mendoza, mientras que Buenos Aires y Chubut, aun con pocas hectáreas, le están haciendo un lugar destacado en sus viñedos. A nivel nacional, las estadísticas del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) muestran que el retroceso de esta variedad sigue su curso: la superficie plantada con Riesling se redujo un 27,9% en el período 2014-2023.

El dato positivo es que, según las estadísticas más recientes, la venta de vinos varietales de Riesling es un 29,1% mayor a la registrada en 2014. También es auspicioso el destino que tienen las pocas uvas Riesling que se cosechan actualmente en la Argentina, que ha cambiado y para bien. Ya no van a parar como antaño a vinos de volumen, para todos los días, sino a grandes ejemplares; algunos de ellos incluso de muy alta gama.

“La superficie cultivada con Riesling en la Argentina es muy baja en comparación con las otras variedades blancas —explica Cúneo—. Por eso se la utiliza en vinos especiales que buscan diferenciarse en un segmento de alta calidad”.


COMPARTIR