KANSAS CITY (Enviado especial).- La imagen de los hijos y las hijas de los futbolistas jugando a la pelota con una botellita de plástico sobre el mismo arco en el que Julián Álvarez había marcado uno de los goles más gritados de este Mundial resumió buena parte de la esencia y el legado de esta selección. El de un grupo que convive con una presión enorme, pero que también mantiene el espíritu de aquellos chicos que crecieron jugando en la calle, en la plaza o en un club de baby, como si el partido fuera uno de esos picados en los que nadie quiere volver a su casa.
El triunfo sobre Suiza volvió a liberar tensiones en un plantel que descargó buena parte del peso que arrastraba y se permitió disfrutar la clasificación a semifinales con un festejo mucho más íntimo que otras veces, aunque con la misma carga emotiva.
Primero, en el vestuario del Arrowhead Stadium, con las nuevas canciones de la selección mezcladas con los clásicos que acompañan al grupo desde Qatar; después, ya con las tribunas casi vacías, compartiendo un largo rato con sus familias, conectándose por videollamada con los que quedaron en Argentina y sacándose fotos sobre el césped, imágenes que, si todo sale bien, algún día tendrán todavía más valor.

Y luego, ya entrada la madrugada, de regreso en el hotel Origin, con un brindis, risas y varias horas para bajar pulsaciones antes de volver a poner la cabeza en lo que viene: Inglaterra, este miércoles en Atlanta, por un lugar en la final en New Jersey.
Ese clima todavía flotaba este domingo en la práctica del plantel en el complejo Compass Minerals, el búnker que eligió la selección como base durante el Mundial y que ahora transita sus últimas horas antes de encarar el tramo decisivo del torneo. Los titulares no estuvieron a la vista de la prensa durante los 15 habilitados para la prensa. Trabajaron en la intimidad y, por primera vez en el Mundial, no se los pudo ver en acción ni siquiera durante el tramo abierto de la práctica, ante la presencia de casi 150 medios de distintos países.
En cambio, los que jugaron menos frente a Suiza y los que no ingresaron completaron una práctica de fútbol, ya con la pelota que se usará en semifinales y la final, intentando dejar una buena imagen para convencer a Lionel Scaloni de que están preparados si decide tocar un equipo que continúa avanzando, aunque todavía sin alcanzar el nivel que mostró durante gran parte del ciclo.
El día después de otra noche al límite todavía tenía gusto a clasificación. En muchas habitaciones del hotel volvieron a aparecer las imágenes del partido frente a Suiza. No tanto para detenerse en los errores, un trabajo que Scaloni ya había realizado junto a sus colaboradores, sino para volver a mirar el derechazo de Julián Álvarez, revivir el desahogo del final y repasar otro capítulo de un recorrido que ya tuvo varios partidos al borde del precipicio. Le pasó frente a Cabo Verde. También contra Egipto. Y volvió a suceder ante los europeos. Nadie dentro del plantel oculta que el equipo todavía debe mejorar. La ilusión es que esa versión aparezca justamente frente a Inglaterra, en el primer partido de verdadero peso de este Mundial.
El propio Claudio Tapia reflejó ese estado de ánimo en sus redes sociales. Con un perfil cada vez más activo durante la Copa, Chiqui publicó un video imitando la ya clásica escena de Guillermo Francella y celebró el “hermoso día” que se vivía en la concentración argentina. El cuerpo técnico, mientras tanto, dejó que los jugadores vivieran esas horas de alivio junto a sus familias, convencido de que el descanso también forma parte de la preparación. Desde este lunes, en cambio, el foco estará puesto en Inglaterra.
En el grupo hay una sensación que fue creciendo con el correr de los partidos. Haber atravesado tres cruces al borde de la eliminación, incluso jugando por debajo de lo esperado, fue generando una coraza para lo que viene. No desde la relajación, sino desde el convencimiento de que nadie se los llevará puestos tan fácil. El plantel también se fortaleció a partir de las críticas, sobre todo las que llegaron de parte de la prensa internacional y de algunos rivales, que insinuaron supuestos beneficios arbitrales o instalaron que la verdadera final sería el duelo entre Francia y España. De todo eso se agarró Argentina para construir ese enemigo invisible que muchas veces necesitan los grandes equipos para sacar fuerzas cuando el fútbol no aparece.
Mientras Scaloni evalúa variantes, los jugadores valoran los pequeños momentos que regala una concentración de casi dos meses: las charlas, los asados y el tiempo con sus familias. Porque esa es, quizás, la mayor fortaleza de esta selección. En medio de la presión de un Mundial, todavía se siente un grupo de amigos.