Desde el 28 de marzo, la obra “Desde el jardín” deslumbra a quienes concurren al teatro Metropolitan a ser testigos de cada función. Bajo la adaptación y dirección de Marcos Carnevale, la obra original del escritor Jerzy Kosinski narra las aventuras de Chance, un jardinero ingenuo y sin ambición, que se dedica a cuidar las plantas, ver televisión, comer y dormir. Interpretado por Guillermo Francella, este buen hombre se ve obligado a abandonar esta vida cuando el dueño de la casa donde trabaja fallece. De ahí en más, todo tipo de situaciones se suceden, de la mano de actores como Andrea Frigerio y Martín Seefeld, que van acompañando la búsqueda del personaje.

Además de esta promesa de taquilla -cuyas ventas ya acompañan las expectativas- lo que cosecha críticas positivas en esta obra es, también, la puesta en escena. Se trata de una escenografía que logra deslumbrar, acompañando la trama y con recursos que se funden para crear mucho más que una triple dimensión: una experiencia en sí misma. Julieta Kompel es la diseñadora de escenografía responsable de este logro descomunal, que estuvo acompañada en esta ocasión por Gonzalo Córdoba Estévez. Una entrevista con Julieta nos introduce en su obra.

-¿Cómo se inicia el proceso de pensar la puesta de una obra, en este caso la de Francella?
Cada proceso es distinto. En este caso, es una pieza que ya está presente en el imaginario colectivo, ya sea por la película o por el libro original. Eso trae el desafío de estar a la altura de ese recuerdo y, al mismo tiempo, proponer una nueva lectura para hoy y para otro soporte del que tenía, como es el teatro.
Empezamos a pensarlo junto con Gonzalo a partir de la lectura del texto, buscando referencias, dibujando y desglosando todos los espacios y climas que recorre la historia. Tuvimos muchas reuniones con Marcos Carnevale, el director, y con todo el equipo creativo, que incluye iluminación, video, producción, técnica y vestuario, hasta ir encontrando entre todos el lenguaje y el código que queríamos usar para armar la puesta.
Armamos renders, maquetas, planos y pruebas en los talleres hasta llegar al montaje en el escenario.

-¿Cuáles fueron los pedidos que tuvieron sobre la interacción con los actores?
Tuvimos muchas idas y vueltas con el director en relación con la interacción con los actores. Queríamos tomarnos ciertas licencias de abstracción, pero a la vez la obra tiene muchos puntos de realidad y necesidades de contacto con lo tangible: la casa, el auto, el jardín.
El lenguaje teatral permite trabajar la síntesis con la idea de la parte por el todo, y ahí estuvimos buscando ese equilibrio. Una vez que comenzaron los ensayos, también fuimos ajustando la idea inicial según las necesidades de acción que iban apareciendo en escena.

-¿Qué se buscaba en este caso en las escenas del jardín?
El jardín es uno de los cuadros más especiales, porque abre la obra y le da título. El personaje de Guillermo Francella es Chance, un jardinero que vivió toda su vida cuidando las plantas de ese jardín, y junto con la televisión es su único contacto con el mundo exterior. Ese jardín, además de ser real, tenía que ser simbólico y poético. Construimos módulos que bajan de parrilla, algunos suspendidos y otros a piso, que junto con la proyección de fondo arman un espacio en capas.
Cada módulo tiene aplicado en la cara posterior una tela traslúcida que diseñamos y sublimamos, lo que permite generar mucha profundidad y liviandad a esos elementos. También posibilita que los actores circulen a través, por delante y detrás de ellos, y que el espacio se vuelva inmersivo. El cuadro se completa con muebles de piso con plantas y macetas que los actores utilizan y, en otra escena, también se combinan con parte de la fachada de exterior de la casa.

-¿Con qué recursos contaron?
Los módulos del jardín están realizados por tres talleres y proveedores distintos. Por un lado, la estructura fue hecha por Francisco Pacciullo y equipo; el voile sublimado por TXD y la instalación de plantas y troncos por Juan Aristegui y su equipo.
Queríamos que no fueran el clásico jardín de plástico que uno está acostumbrado a ver en teatro, sino que tuviera cierta plasticidad y sensibilidad. Fueron elementos que llevaron muchas pruebas hasta encontrar la composición que queríamos lograr. Algo importante también es que cuentan con luz propia, diseñada junto al iluminador David Seldes, lo que aporta mucha profundidad y permite cambiar el clima según cada momento.

-¿Cómo pensaron la puesta?
Más allá de los jardines, la puesta cuenta con dos grandes carros que conforman los interiores de la casa donde transcurre gran parte de la obra y que, según la escena, van cambiando su mobiliario para mostrar distintos ambientes.
También hay un fragmento de auto real intervenido en taller, con movimiento y giro a la vista del público, que se complementa con proyecciones en distintas superficies; un set de TV de época; una abstracción de lago para el final; entre otras situaciones más.
Para esta puesta tuvimos que usar casi todos los recursos con los que cuenta la sala, e incluso se instaló un sobrepiso y sistemas para la entrada y salida de elementos. Además, contamos con equipamiento de proyección de primer nivel, que hace que el material audiovisual hecho por NOS destaque, y funcione como otro elemento espacial fundamental. La fusión con el recurso del video y lo cinematográfico era una idea presente desde el comienzo del proceso con el equipo creativo.

-¿Qué tipo de plantas eligieron y por qué? ¿Son naturales o sintéticas? ¿Cómo se cuidan o conservan?
Las plantas que usamos son una combinación de plantas secas nativas y artificiales.
Algunos troncos son naturales y otros, los más altos, fueron realizados con técnicas escenográficas. Algunos llegan a los 5 metros y teníamos el desafío de armar esos recortes de jardín en apenas 35 centímetros de espesor por su guardado.
Fuimos componiendo cada pieza en el taller junto con los realizadores, que luego las fijaron a la base y unificaron con pintura para emparejar brillos y darles mayor durabilidad.

-¿Cuál era el efecto que querían lograr en el público?
Sabíamos que, desde la producción y la dirección, era una apuesta importante y que buscaba generar impacto. No siempre se puede, por cuestiones de presupuesto o por el tipo de obra, desarrollar una escala así.
Es un dispositivo con mucho cambio y movimiento constante en escena, hay mucha transición entre espacios interiores y exteriores, que ayudan a contar la historia. La escenografía complementa la narración y pasa a ser parte de la dramaturgia. Ese siempre es el objetivo, que el público pueda entrar en esa historia desde todas las aristas que la componen.
Detrás del gran elenco que tenemos hay una maquinaria de trabajo en equipo: producción, técnica, música original, maquinistas, stages, cambiadoras y operadores que hacen posible llevar adelante este espectáculo. Para nosotros es un placer contar con este equipo y creemos que hace que todo luzca y crezca aún más.
-¿Cuáles fueron las repercusiones?
Nosotros quedamos muy satisfechos con el resultado al que se llegó, pero igualmente nos sorprendieron las repercusiones del público. Por suerte recibimos grandes comentarios sobre la escenografía y también sobre la obra en general.
La gente sale encantada con el espectáculo de manera integral, y para nosotros ser parte de algo así hoy en día en Argentina es un orgullo.

Jardín en escena
Gonzalo Córdoba Estévez nos detalla las plantas que fueron utilizadas para el armado del jardín. “Usamos una selección de plantas secas naturales y un número menor, pero no menos importantes, artificiales. Para reproducir un pastizal con apariencia de estilo inglés lo hicimos naciendo desde la base con una símil Dichondra artificial entrelazada en musgos naturales. Luego, en orden ascendente, continuamos con la franja media baja con pampa grass corto y cortaderas artificiales. Para la franja media, pusimos lo delicado y colorido intercalando Gypsophila naturales y teñidas, Caspia naturales y teñidas, Limonium y el invaluable toque de Statices (siempre viva) naturales y tejidas. Como última línea, coronando este pastizal, las estrellas Achillea naturales, Daucus carota (flores de cebolla naturales y artificiales), acompañadas de colas de zorro entremezcladas. Como predominio vertical, vaporosas matas verdes de treefer preservados, entreveradas con varas de mimbre seco. A esta verticalidad se le suma, para completar el cuadro escenográfico, ramas naturales de paraíso y álamo, y algunas reproducciones, con hojas de fresno blanco o similar y de ficus común”, detalla.