“Vine a Punta del Este por un año. Ese año se transformó en 20 y aquí me quedo”, cuenta la arquitecta brasileña detrás de uno de los proyectos más esperados de la ciudad costera. La frase resume una mudanza que comenzó como un experimento familiar y terminó modificando su vida profesional.
En 2005, Carolina Proto trabajaba en su país y tenía apenas uno o dos encargos en Uruguay. Ya conocía el destino porque su abuelo era uruguayo y su familia tenía allí una casa de vacaciones, entonces decidió instalarse durante un año junto a sus hijos mellizos, que tenían ocho años.
La idea era trabajar desde Punta del Este y viajar regularmente a Brasil. Sin embargo, la vida que tenían sus hijos terminó inclinando la balanza. Cuando llegó el momento de regresar, pidió un año más. Después vino otro. Y otro.
“Me quedé mucho por ellos”, reconoce. Sus hijos hoy tienen 29 años: la mujer es periodista y vive en Punta del Este; el varón estudió Relaciones Internacionales y trabaja en San Pablo. Ninguno siguió la arquitectura, aunque los dos crecieron mientras su madre construía un estudio llamado Obra Prima que hoy tiene cerca de 40 profesionales y desarrolla proyectos en Uruguay, Brasil, la Argentina, Portugal y otros mercados.
El gran punto de inflexión llegó en 2008, cuando comenzó a trabajar con el grupo Fasano, la compañía multinacional de hotelería y alta gastronomía de origen brasileño. Primero fue Fasano Las Piedras, el proyecto de mayor escala que había encarado hasta entonces en Punta del Este. Hoy, da un paso más con la transformación del antiguo Hotel Conrad en Fasano Península, un complejo que integrará hotel, casino, centro comercial, gastronomía y eventos.

En paralelo, Proto trabaja en Casa Living Manantiales, un desarrollo residencial ubicado en La Carolina del Mar, el exclusivo barrio cerrado de Manantiales. El proyecto de Desarrollos Norte, Donato Group y Baalbek combina naturaleza, amplitud y seguridad, todo bajo el sello de Casa Living. La particularidad de este emprendimiento es que desde un mismo departamento será posible mirar hacia la calma de Laguna Blanca o abrirse al Atlántico, con su vegetación, sus sonidos y su energía.

– Llegaste a Punta del Este con la idea de quedarte un año, ¿qué te hizo cambiar de decisión?
– Hace 20 años Punta era muy distinta de lo que es hoy. Tenía hijos chicos y encontraba buenos colegios, tranquilidad y una vida cotidiana que me gustaba. Vivía en una ciudad pequeña de Brasil que tenía muchos de los problemas de una ciudad grande, pero no sus ventajas. En Punta, mis hijos podían ir en bicicleta al colegio. Eso pesó muchísimo. Durante el primer año que estuve acá aparecieron nuevos proyectos, me encantó la vida y mis hijos estaban muy felices. Entonces dije: “Voy a intentar un año más”. Y a ese año le siguieron otros 20. En el medio cerré mi estudio en Brasil durante un tiempo y concentré todo en Punta. Años más tarde volvimos a abrir una oficina en San Pablo, pero el estudio principal sigue estando acá.
– Tu vínculo con Fasano nació, paradójicamente, de un proyecto que recomendaste no hacer. ¿Cómo fue esa historia?
– Una clienta brasileña quería desarrollar unas casas para vender en José Ignacio. Era un proyecto enorme y, para mí, hubiera sido muy importante hacerlo. Pero cuando analizamos los números vi que no iba a generar la rentabilidad que ella esperaba porque el valor de la tierra era demasiado alto. Le dije con sinceridad que no creía que debiera avanzar. Ella valoró que yo fuera correcta, aun cuando significaba perder un proyecto importante para el estudio, y me recomendó al grupo Fasano. Ellos me contactaron poco después. Ese proyecto que no hice terminó cambiándome la vida: por esa recomendación me quedé en Uruguay para siempre.

– Esa decisión te llevó a hoy liderar la transformación del antiguo Conrad. ¿Qué representó ese hotel para Punta del Este y qué significa para vos?
– El Conrad fue muy importante para todos los que vivíamos o pasábamos los veranos acá. Marcó un antes y un después porque ayudó a cambiar la estacionalidad de la ciudad. Antes, durante el invierno, Punta estaba prácticamente cerrada: los edificios vacíos, las casas con papeles en las ventanas y muy poco movimiento. Con el hotel empezó a llegar otro tipo de turismo durante todo el año. También impulsó a que otros permanecieran abiertos en invierno. Fue un proyecto que modificó la dinámica de la ciudad.
La llegada de Fasano Península creo que puede generar un efecto parecido al que produjo el Conrad hace 30 años, pero adaptado a la Punta del Este actual. Hoy hay mucha más gente viviendo durante todo el año y muchas familias que eligieron instalarse acá por la calidad de vida y la seguridad. Además del hotel, habrá un centro comercial que puede volver a atraer público hacia la Península. Hoy la ciudad está bastante dividida: quienes están en La Barra o José Ignacio muchas veces no van al centro. Este proyecto puede crear nuevamente un lugar de encuentro, con comercios, restaurantes y espacios de convivencia de buen nivel.
– Los hoteles Fasano suelen ser más pequeños que el edificio del exConrad. ¿Cómo se traslada su identidad a una construcción de esta escala?
– Ese fue uno de los grandes desafíos. Los hoteles Fasano suelen tener una escala bastante menor; el más grande tenía alrededor de 120 habitaciones y con este vamos a unificar muchas de las actuales para llevarlas a una escala diferente y pasará de tener 300 a 200. Además, para conservar su ADN, dividimos los grandes espacios en ambientes más contenidos. El lobby, por ejemplo, será mucho más pequeño que el que tenía el Conrad. Habrá distintos restaurantes y sectores con usos propios. Trabajamos con mucha madera y materiales cálidos para que no se perciba como un mega hotel, sino como un espacio más personal y así conservar la identidad de la marca, pero también la impronta de mi estudio con la escala humana. Nunca hacemos proyectos monumentales en los que una persona entra y se siente diminuta. Buscamos ambientes pensados a la escala de quien los usa.

– Algo así como sentirte en tu casa…
– No. Muchas veces se dice que un hotel tiene que hacerte sentir como en tu casa, pero no estoy tan de acuerdo. Cuando uno va a un hotel quiere sentirse en un hotel, no en su casa. Lo importante es sentirse cómodo, dentro de un espacio pensado para uno y no dentro de un edificio que busca parecer gigantesco. Por eso también pensamos en que todas las partes del nuevo edificio formen parte de un mismo ecosistema, a pesar de que sean espacios independientes. El hotel tendrá su propia entrada, el casino tendrá otra y el centro comercial también. Hoy existe una especie de columna vertebral que obliga a que todo se mezcle. Con el nuevo proyecto, un huésped que no quiere ir al casino no tendrá que atravesarlo, y alguien que va al casino tampoco tendrá que pasar por el mall.
– Cuando alguien viaja a otra ciudad quiere ser parte de ese lugar, sentirse un poco local. ¿Cómo se reconoce a Punta del Este en el nuevo proyecto?
Primero se reconoce porque está dentro de un edificio que ya forma parte de la historia de la ciudad. No podría ser igual al Fasano de Las Piedras, al de San Pablo o a uno ubicado en Cerdeña. Cada uno tiene que responder a su lugar. Este proyecto parte de una estructura que los habitantes de Punta ya conocen y que tuvo un papel central en el desarrollo de la ciudad. La transformación busca respetar esa historia, pero darle una nueva identidad acorde con lo que Punta del Este es hoy. Por eso la estructura del edificio se mantiene, mientras que el resto será reciclado.

– ¿Eso pasa también en otras partes? En un mundo donde es posible conocer en tiempo real lo que se construye en cualquier otro lado, ¿cómo se logra que la arquitectura no sea idéntica?
Hoy uno puede ver inmediatamente lo que se está haciendo en cualquier parte del mundo, incluso antes de que una obra esté terminada. Eso es muy enriquecedor, pero también genera el riesgo de que todo se vuelva masivo o uniforme. Por eso los arquitectos están cada vez más preocupados por conservar una identidad y, al mismo tiempo, respetar el lugar. Un buen arquitecto puede trabajar en Japón sin perder su impronta, pero entendiendo que ese proyecto está en Japón, quiénes lo van a usar y cuáles son sus características culturales y naturales.
Lo mismo ocurre en Punta del Este: un proyecto tiene que respetar la naturaleza, el entorno, los vecinos y la manera en que se vive. Creo que la arquitectura está avanzando hacia soluciones más locales, y no hacia una arquitectura mundial idéntica en todas partes.
– Con más de 30 proyectos en marcha, dos estudios y casi 40 profesionales, es difícil seguramente manejar la vida profesional y personal, ¿te consideras una workaholic?
No, porque amo lo que hago y no siento que estoy trabajando todo el tiempo. Como en cualquier profesión, hay un porcentaje de problemas, administración y situaciones que resolver, y otro de creatividad y glamour. Pero me gustan las personas, hablar con los clientes, conocer proveedores, investigar y proyectar. Entonces, una parte muy grande de mi trabajo no la vivo como una obligación. Aparte, mis mejores ideas aparecen en los momentos de ocio. Cuando estoy en el estudio, entre las ocho de la mañana y las seis de la tarde, casi no proyecto, sino que me reúno con los arquitectos, tomo decisiones y resuelvo cuestiones administrativas. Proyecto más durante las noches o los fines de semana. El ocio es muy creativo para mí. Ahí es cuando puedo pensar con otra libertad y aparecen las ideas.