Campino, de Die Toten Hosen: el recuerdo de la difícil imagen de Joey Ramone, la decisión de dejarlo todo en un buen momento y el amor por la Argentina

COMPARTIR

“Siempre que venimos a Argentina rezamos: ‘Dios, por favor, que sea como los viajes anteriores’”, dice Campino, nacido con el nombre de Andreas Frege hace 64 años, cantante de la banda alemana más argentina del planeta: Die Toten Hosen.

Los “viajes anteriores” fueron nada menos que quince, de 1992 en adelante con una frecuencia de entre dos y cuatro años, y dentro de esas visitas hay… de todo: shows espontáneos en la calle, escenarios derrumbados, Ramones, disturbios, festivales, Iggy Pop, excursiones al interior y un largo etcétera. Pasa con muy pocos grupos, y con ellos pasó: vienen, tocan una fibra sensible en nuestro público y éste los abraza, no como visitantes ilustres, sino como locales que hablan otro idioma por esos caprichos de la geografía. Megadeth, los mencionados Ramones, un poco Pearl Jam desde su histórico show en Ferro en 2005 y no muchos más: Die Toten Hosen integra ese selecto cúmulo de artistas a los que, por lo que nos dieron, les emitimos pasaporte y les pusimos la celeste y blanca.

El tema es que todo tiene un final, y ahora los de Düsseldorf están en fade out: esta sería, dicen, su última visita. Aunque todavía son jóvenes y se los ve en excelente estado, quieren colgar los botines a tiempo. Así las cosas, la gira Fútbol, Asado, Vino y Adiós Amigos es una despedida en cuotas que los llevará por el Club Unión y Progreso de Tandil este lunes 5 de octubre y por el La Segunda Seguros Arena de Rosario el miércoles 7, para terminar con un mega concierto en el Movistar Arena porteño el sábado 10. Pero antes hubo un extra sorpresivo: una presentación con 2 Minutos como grupo invitado en el Teatro Vorterix este viernes 2, anunciada un día antes y con las entradas agotadas en tiempo récord, a modo de “calentamiento” para lo que sigue.

Campino, dice, está triste por el retiro pero siente que hace lo correcto. Sobre eso, y sobre música argentina, y sobre tocar punk en un mundo incendiado, hablamos con él en la previa de su concierto espontáneo.

Durante 34 años, Die Toten Hosen visitó el país y acrecentó el amor entre la banda alemana y el público argentino

–Hay algo que le pasa a los boxeadores con el ring y que a veces también le pasa a los músicos con el escenario: la idea de que siempre se puede subir una vez más. Así es como en algún momento terminan noqueados por cualquier desconocido. ¿Cómo resistís la tentación de dar una pelea más cuando todavía estás en forma, grabando buenos discos, dando grandes shows?

–Estamos muy agradecidos por haber tenido tanto tiempo siendo una buena banda y estamos muy felices de seguir de pie. Y espero que todavía no estemos haciendo el ridículo. Cuando salimos al escenario queremos darlo todo, y creo que todavía somos capaces de hacerlo. Cuando fuimos a River a tocar con los Ramones, yo estaba detrás del escenario. Vi la manera en que Joey tenía que luchar para mantenerse. Cada pocas canciones tenía que volver atrás, respirar y… quiero decir, fue increíble la manera en que peleó para atravesar todo el show. Pero, por otro lado, me puso un poco triste. Yo quería conservarlos en mi cabeza como una banda fuerte, como una unidad fuerte. Y ahí fue uno de esos momentos en los que me dije a mí mismo: “No queremos terminar más tarde que esto”. Queremos terminar antes de llegar a ese punto. Y estamos felices. En toda nuestra carrera solamente cambiamos al baterista. Nuestro viejo baterista Wölly murió y entró Vom que es un tipazo, y el resto de nosotros estuvimos ahí desde el primer día y seguimos estando. Es una sensación increíble tenerlos a todos alrededor. No se sentiría bien tener un guitarrista diferente en Die Toten Hosen después de todos estos años y con esos tipos. Así que estamos muy felices de haber podido continuar durante tanto tiempo y está bueno compartir esto y compartir el último bocado.

–¿Cómo “el último bocado”?

–¿Viste cuando entrás a un restaurante, pedís un muy buen bife y sabés que este va a ser el último bife de tu vida? Lo disfrutás diez veces más. Cada pedacito que entra en tu boca lo disfrutás. Eso es lo que tratamos de hacer con estas dos semanas.

–¿Cómo pensás tu relación con Argentina de ahora en adelante? No nos imaginamos que no vayas a volver acá, incluso aunque Die Toten Hosen ya no toque.

–No, vamos a volver. Tenemos muchísimos amigos acá. Me encantaría venir a verlos, visitar todos los lugares y volver a pasar por todos esos momentos que disfrutamos durante nuestros días libres. Simplemente caminar, divertirnos con la gente. Así que no, como “civil”, seguramente voy a volver con mucho gusto. Pero cuando estamos con la banda también tenemos un poco de presión porque queremos estar a la altura. No queremos ser una mierda ni queremos que toda la gente se vaya triste diciendo: “¿Se terminaron los buenos años?” o algo por el estilo. Así que va a ser algo diferente, pero también va a estar bueno venir acá sin ninguna presión, sin pensar que tenemos que estar a la altura de determinados estándares o lo que sea. Eso se terminó. Y creo que ahora llevamos 34 años acá. La historia está contada. Tuvimos tantos momentos increíbles. No puedo imaginar que sigamos cinco años más. No queda otro capítulo que no hayamos vivido ya. Creo que es un buen momento para terminarlo.

Los Hosen en el Teatro Vorterix, el viernes último

–¿Qué va a pasar con las canciones que te surjan de ahora en más? ¿Dónde van a ir?

–No estoy seguro de qué va a pasar. No me gusta hablar de mí mismo como un “artista”. Creo que siempre resulta un poco raro. Yo me identifico más con los trabajadores o con algo por el estilo. Pero seguramente voy a seguir haciendo algo, ya sea escribir un libro, conocer a otras personas… Por ejemplo, puedo imaginar que muchos de mis amigos son músicos. Entonces, ¿por qué no salir de gira con cuatro cantantes diferentes? Cada uno solamente tiene que trabajar 20 minutos y vamos a pasarla muy bien. Así que en ese aspecto no se termina. Y si tenemos la sensación de que queremos sacar una canción más, una canción que realmente sea importante para nosotros, seguramente vamos a hacerlo. Pero, por supuesto, vamos a dar un paso al costado durante el próximo año y creo que estamos en el último tramo de nuestro camino. De alguna manera se siente triste. No estoy feliz por eso, pero se siente correcto. Y esa es la diferencia para mí.

–Hace un tiempo mencionaste una posible gira acústica. ¿Hay alguna chance de que suceda?

–Sí. Planeamos muy bien esta gira acústica y además ya grabamos un álbum para esa gira. Después llegó el coronavirus y todo fue cancelado. Y este sigue siendo un tema pendiente. Es algo que queremos hacer. Queremos hacer esa gira unplugged en algún momento. No sabemos cuándo, pero es algo que realmente nos duele no haber hecho nunca. Así que podría ser posible que hagamos una gira acústica.

–Sos muy apasionado por el fútbol y por la música. A veces en Argentina se critica la relación entre esas dos cosas, como si para un artista tener una base de seguidores incondicionales pudiera ser perjudicial, por tener la certeza de que todos te van a aplaudir hagas lo que hagas. ¿Qué pensás de esa relación entre el fútbol y la música? ¿Puede ser perjudicial para un artista tener esa certeza?

–Bueno, no. Durante toda mi vida amé el fútbol, amé la música y a veces esas dos cosas se encontraron de una manera muy linda y a veces no. Así que creo que, al menos dentro de los fanáticos de la música, hay mucha tolerancia. Podés ir a ver a Oasis, aunque sean hinchas del Manchester City. Quiero decir, no tienen ni idea de fútbol, esos idiotas [se ríe, lo dice en broma], pero hacen buena música. Entonces puedo ser fan de Oasis, pero no me gusta el City. Y no importa. En la música no importa. El fútbol es diferente. En el fútbol la gente se lo toma como algo personal. A mí me gusta cantar, me gusta cargar a los otros hinchas, hacer bromas y todo eso. Pero creo que hay una línea que no debería cruzarse.

Campino es un apasionado del fútbol y simpatizante del Liverpool inglés

–Pelearse…

–Pelearse entre nosotros me parece ridículo. Porque al final muchos clubes están haciendo dinero y nosotros, los hinchas, somos los idiotas que terminamos golpeándonos entre nosotros. Eso no puede ser. Ese es el punto con el que ya no estoy de acuerdo, porque tengo demasiadas malas historias de mi pasado. Yo era -y todavía soy- un gran hincha del Liverpool. Las grandes peleas de los años 70 y 80 fueron horribles. Murió gente. Ese fue un momento en el que todos aprendimos que se había cruzado cualquier límite y que eso no estaba bien. Todos deberían poder ir al fútbol y disfrutarlo. Cargar a los demás, hacer bromas, cantar canciones, todo eso está perfecto. Pero no debería llegar a lo físico.

–Es bastante evidente que te gustan muchas bandas punk argentinas. Sos amigo de varias de ellas. Pero quiero saber si escuchaste a alguien por fuera de la escena punk. ¿Escuchaste a los clásicos del rock argentino?

–Bueno, por supuesto. Primero fuimos por toda la música punk, después realmente nos metimos en el tango y después fuimos por bandas que son conocidas acá, como Ska-P y cosas así. Escuchamos esa música. En general, me encanta todo lo que está hecho a mano. Yo soy de esa generación. No puedo entusiasmarme realmente con un DJ tocando una sesión. Me gusta esa música y creo que podés pasar una buena noche. Pero para mí, el momento en el que alguien entrega algo hecho a mano, ese es el momento en el que me apasiono. Puede ser tango, puede ser música pop, puede ser rock, rock clásico o punk. Quiero decir, por supuesto que vengo de la escena punk y obviamente nosotros éramos una alternativa a los viejos clichés del rock. Bandas como Bon Jovi o todos esos tipos con esos cortes de pelo espectaculares, esos pantalones glamorosos… para mí todo eso era una mierda. Incluso Guns N’ Roses. Tenían discos fantásticos, no hay ninguna duda. Y aprendieron la lección del punk. The Spaghetti Incident? (1993) es un disco muy punk. Y tenían canciones fantásticas. Pero la actitud general de Guns N’ Roses y de toda esa época, personalmente no me gustaba. Había demasiado glamour, demasiada mierda de posar y aparentar. Pero definitivamente sí me encontrás con AC/DC. Soy fan de AC/DC al cien por ciento. O Nick Cave, Iggy Pop, pero AC/DC es un gran ejemplo: es una banda de hard rock directa y clara, pero tiene todo lo que me gusta.

–Alguna vez hablaste de tocar punk rock en un mundo en llamas. Si hace años estábamos en un mundo en llamas, ¿qué podemos decir de este? ¿Qué pensás sobre ese deber de protesta que tiene el punk rock en sus genes y cómo funciona en este mundo en llamas?

–Bueno, creo que estamos en un movimiento constante. Nada permanece igual y el ritmo de los cambios está aumentando. Por ejemplo, las redes sociales. Cuando dije eso creo que no eran un factor tan importante. Diez años después están explotando. Y todo el mundo queda atrapado en burbujas por culpa del algoritmo. Hacés clic dos veces en el contenido que te interesa y empezás a recibir solo noticias de eso que te interesa. Te quedás completamente metido en tu propia burbuja. Así que esto a veces hace difícil tomar distancia de las cosas. Y creo que una noche en vivo como la de hoy, ir a un show de rock, a un show de pop, a una obra de teatro o al cine, todo eso es como unas vacaciones de todo el vértigo y de todas las cosas con las que nos llenamos, por ejemplo, a través del celular. Está bueno apagar el teléfono durante un día e ir al campo, salir a caminar o lo que sea. Porque toda esta información que recibimos, no podemos evitarla. No podemos cambiarla. Y a veces nos llega hasta el cuello y nos hace sentir que, haga lo que haga, nunca voy a poder estar al día con todo otra vez. Y esa es una sensación horrible. Por eso, todo lo que tenga que ver con encontrarse con amigos, hacer nuevos amigos y pasar una noche juntos en un grupo grande, todo eso nos ayuda contra la frustración que a veces sentimos cuando recibimos las noticias del día a día.


COMPARTIR