El recorrido profesional de Dafne Cejas comenzó lejos de las luces de las capitales del diseño, en su Villa María natal, donde a los 16 años se desempeñaba como promotora en el Cosquín Rock. Sin imaginar el destino que le esperaba, fue descubierta por un agente en un contexto fortuito. Sobre ese inicio, Cejas recordó: “Era mi primer trabajo, pero estaba con la agencia de cultura; el trabajo era lo secundario, quería ver los conciertos”. Aquella oportunidad, marcada por la lluvia y el barro cordobés, la catapultó a un contrato internacional que definiría su carrera.
Al llegar a Nueva York entre 2009 y 2010, Cejas se insertó en el apogeo de la estética andrógina, un estilo que definió a su generación de modelos. “Se hablaba de la mujer andrógina, esa mujer que por ahí no es muy curvy, tiene rasgos más fuertes y cejas más pronunciadas”, explicó. Su ascenso fue meteórico: apenas llegada a Estados Unidos, fue seleccionada para una exclusividad con Givenchy, una experiencia que requirió un entrenamiento riguroso. “Aprendí en la agencia a desfilar con las manos atadas para mantener la postura, horas y horas”, confesó, rememorando el desafío de adaptarse a las exigencias de la alta costura.
La modelo también se refirió a la presión estética de la época, marcada por estándares que hoy resultan controvertidos. “Más que el peso, se exigían ciertas medidas, sobre todo en alta costura”, señaló al reflexionar sobre los años de exposición global. Pese a las complicaciones del mercado, logró equilibrar su carrera con inteligencia financiera, trabajando para firmas masivas y casas de lujo simultáneamente. En aquel tiempo, el contacto con fotógrafos de la talla de Steven Klein para la edición italiana de Vogue consolidó su prestigio.
Tras años de vorágine internacional, Cejas decidió dar un giro a su vida profesional impulsada por una búsqueda personal iniciada durante la pandemia. Actualmente, volcada al mundo de las artes visuales, lidera junto a su socio Fede Rabinovich la galería “Al Sur”, un espacio que busca integrar el mercado local con circuitos internacionales como Milán y Nueva York. “Queremos dedicarnos a vender arte y hacer que los artistas lleguen a mercados internacionales”, afirmó. Este nuevo proyecto, diseñado bajo el concepto de “home gallery”, busca una experiencia íntima, lejos de la masividad de su anterior espacio cultural en Barracas. Sobre esta etapa, la curadora admitió que sigue los consejos de su padre: “Él siempre me decía que tenía que estar informada y seguir adelante, haciendo lo que yo quería”. Hoy, consolidada como una figura versátil, Cejas equilibra su vida entre Buenos Aires y Europa, manteniendo siempre la seguridad en sí misma que, según reconoce, fue su herramienta fundamental desde que salió de Villa María.