Angel Di María vuelve al Monumental: desprecios, amores y odios de un campeón del mundo que juega con fuego

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Despreciado, atacado, a carne viva. Angel Di María construyó una carrera fenomenal en Real Madrid y PSG, es adorado en Benfica, jugó en Manchester United y Juventus y, sin embargo, la selección. No podía (como Lionel Messi y una lista infinita de fuera de serie) romper la pared. El tiempo puso las cosas en su lugar: no sólo es un campeón del mundo, sino que es la figura del equipo nacional más determinante en la historia, con goles en partidos decisivos en finales de Juegos Olímpicos, Copa América y Copa del Mundo.

Hasta convirtió en la Finalissima, en un choque entre la Argentina e Italia.

La Argentina venció por 1 a 0 a Brasil en la final de la Copa América 2021 que se disputó en el emblemático Maracaná. El golazo de Fideo, a los 37 minutos, significó el fin de una diabólica racha de 28 años sin títulos. “Se rompió la pared, se rompió”, decía el flaco rosarino, mientras lloraba y se emocionaba aún más por videollamada con su familia.

Di María con la medalla en un desierto Maracaná

Desgarros, roturas, fantasmas. Di María era el invitado estelar que solía fallar (esas cosas del destino) cuando la Argentina estaba por subir la última escalera a la fama. “Me la di muchas veces, pero seguí estando acá”, contaba, aquella noche consagratoria. La que cambió la vida de todos: desde Lionel Scaloni hasta el último soldado.

Tiempo después, hasta se hizo un documental: “Romper la pared”. Una docuserie sobre Fideo que tiene tres capítulos de testimonios de su círculo cercano. Su carrera gloriosa, las adversidades superadas y la importancia de la familia. “El mundo es de los que se animan”, sugiere en un momento.

Rosario Central lo estaba esperando. Había generado cierto temblor un par de amagos previos, hasta que volvió. Y fue una fiesta el 7 de julio de 2025. “Me falta ser campeón con Central, es lo único que me falta. El sueño de volver estaba, lo cumplí y el siguiente es el de ser campeón con Central”, sugería, a los 37 años. Días después, se presentó Leandro Paredes en Boca. Ya estaba Gonzalo Montiel en River. Hasta volvió el Huevo Acuña. No era lo mismo.

Los campeones del mundo, mezclados en la pasión y el barro de nuestro fútbol.

Todos eran aplaudidos. Sobre todo, Di María, figura estelar en Europa, campeón de campeones, habitual titular en todos los equipos. Símbolo de dos generaciones. Firmaba autógrafos, le dedicaban plaquetas y camisetas de otros clubes, lo aplaudía una tribuna entera, aunque Central fuera visitante. Con el tiempo, pasaron cosas.

La cordial relación de la AFA (de Chiqui Tapia, el presidente, de Pablo Toviggino, su mano derecha) con Rosario Central se puso sobre la mesa. No es el único equipo (son varios, en realidad) con un vínculo cercano con las autoridades de nuestro fútbol, pero todo cambió con aquel inesperado título de un jueves al mediodía, fotografía mediante en una combi. Sonrisas y un trofeo que no estaba estipulado. Justamente, en un fútbol que suele donar títulos para (casi) todos.

Un nuevo eslabón en la cadena de decisiones controvertidas de la AFA se dio en el marco de una reunión de Comité Ejecutivo. Rosario Central recibió una inesperada distinción por parte de la AFA: fue premiado como campeón oficial de la temporada 2025 por haber finalizado primero en la Tabla Anual. No es la primera vez que la AFA cambia las reglas en medio de la competencia. La sorpresiva decisión encendió la polémica en todos los ámbitos. El asunto excedió el ámbito del fútbol.

El título del escándalo, con Di María en el centro de la escena

En medio de la reunión clave que la Liga Profesional celebra en Puerto Madero, y que tenía en agenda temas estructurales como el formato de competencias para 2026, las fechas FIFA y los descensos, una resolución no contemplada oficialmente se robó la atención dirigencial: la consagración de Rosario Central como “Campeón de Liga”.

El club de Arroyito, que finalizó en lo más alto de la tabla anual, además de clasificarse para la Copa Libertadores 2026, se convirtió en el primero en recibir este tipo de reconocimiento. La decisión fue impulsada en parte por la idea de jerarquizar la regularidad por encima de un partido único, y se oficializó en presencia de una nutrida comitiva canalla, encabezada por su presidente, Gonzalo Belloso, la vicepresidenta primera, Carolina Cristinziano; el entrenador, Ariel Holan, y los referentes y capitanes del equipo Ángel Di María y Jorge Fatura Broun. Esa foto empezó a bajar la imagen positiva que tanía el campeón del mundo en casi todos los estadios.

El impacto fue mayúsculo. El título con el que soñaba Di María, de un día para el otro, lo tuvo entre sus manos. Lo que siguió fue una serie de episodios bochornosos, como el pasillo (obligado) de espaldas que le dio Estudiantes, que justamente le ganó esa tarde en Arroyito (1-0, el 23 de noviembre) y luego, se consagró campeón.

Di María, siempre figura

En esos días, en las siguientes semanas, Di María jugó fuerte. Defendió a Central, se respaldó en el Interior, acusó a Buenos Aires y a los equipos poderosos. Infracciones dudosas, penales controvertidos, un VAR amigable y ciertos manejos con los árbitros que en otros casos suelen ser castigados, sentenciaron su figura. El 28 de enero fue silbado en el Cilindro, en un partido contra Racing.

El oro y el barro: el fútbol argentino hace lo imposible con mezclarlo todo. Rosario Central es uno de los mejores equipos de nuestro medio y, tal vez, el que mejor juega de los cuatro que están en las semifinales del torneo Apertura. Sin embargo: siempre hay un sin embargo. En el recorrido, siempre hay espacio para la sospecha. Como en otros tiempos ocurría habitualmente con Boca y River, Central suele ser tendencia en las redes luego de cada partido. El último, contra Racing, en Arroyito.

Una serie de deslices (el principal, la expulsión de Maravilla Martínez, que suele utilizar los brazos al límite de lo pemitido), el llamado del VAR, la presencia de Darío Herrera. Ese combo derivó en un 2-1 del gigante rosarino, que terminó el partido con dos jugadores más. Diego Milito, el presidente de la Academia, habló como nunca antes. “El fútbol argentino está roto: no da para más”, asumió, luego de sentirse “robado”.

Di María nunca prefiere el silencio. “Después quieren que los campeones del mundo vengan a Argentina a jugar. ¿Para qué? ¿Para que solo digan que nos ayudan? ¿Que el fútbol está manchado? El fútbol no está manchado. Ahora somos todos iguales y eso molesta”, fue uno de los párrafos de un extenso posteo, en llamas, más allá de que había pasado un buen rato de la clasificación. “Caretas”, suscribía en una parte.

A los 38, Fideo la rompe. Lo que no pasa con Paredes, ni con el Huevo Acuña, mucho menos con Montiel. Y juega en el mejor equipo de los cuatro candidatos: sin embargo, esa sospecha (exagerada y maliciosa, en más de un capítulo) está instalada. No se puede borrar. Este sábado, a las 19.30, vuelve al Monumental (allí en donde brilló tantas noches de selección), para el choque decisivo con River, rumbo a la final del torneo Apertura. “Con la guardia alta”, asume Stefano Di Carlo, presidente de River, por todo lo que se generó con el Central de Di María.

El fuego suele apagarse con agua: no es este, el caso. Será la atracción de la noche de Núñez, dentro del entusiasmo global: puede ser un gran espectáculo. Cada gambeta, cada caída, cada protesta: va a ser más seguido que la pelota. Nicolás Ramírez, el árbitro, también va a estar bajo la lupa.

El último partido oficial de Ángel con la selección fue el 14 de julio de 2024, en la final de la Copa América disputada en Miami. Argentina derrotó a Colombia por 1 a 0, Fideo fue titular y reemplazado entre lágrimas a los 11 minutos del segundo tiempo suplementario.

Los futbolistas de la Argentina levantan a Di María en el homenaje por su retiro del seleccionado en la previa de un partido contra Chile, en el Monumental

El 5 de septiembre siguiente, recibió un homenaje y una despedida oficial como jugador de selección en el Monumental, previo a un partido de eliminatorias frente a Chile. Recibió una espectacular ovación.

El agasajo comenzó con un emotivo video que repasó la trayectoria y estuvo narrado con la voz de su hija, Mía. Luego, hubo un mensaje audiovisual del capitán, Lionel Messi. Tapia le entregó una plaqueta y el titular de la Conmebol, el paraguayo Alejandro Domíguez, le dio una réplica de la Copa América, mientras los jugadores ingresaban con una camiseta que en la espalda tenía la leyenda “Gracias Fide”, con la imagen de un festejo.

“Voy a estar eternamente agradecido a todos los que compartieron conmigo. Ahora soy un hincha más. Voy a seguir apoyándolos. Vamos a seguir por este camino porque tienen muchos huevos para hacerlo”, afirmó, emocionado.

Algo más de un año y medio después, Di María contra River, en el Monumental y con 85.000 espectadores presumiblemente en contra. Y sigue escribiendo la historia…


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