Guerra en Medio Oriente: qué puede pasar en 9 sectores clave de la economía argentina si continúa la escalada

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La escalada de la guerra en Medio Oriente volvió a generar volatilidad en los mercados internacionales. Este lunes, el petróleo llegó a superar los US$118 por barril y el gas natural licuado (GNL) registró fuertes subas en medio del riesgo sobre el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por donde circula cerca de una quinta parte del crudo que se comercializa en el mundo.

Aunque los precios luego retrocedieron y el Brent volvió a ubicarse por debajo de US$90, la incertidumbre geopolítica mantiene en alerta a distintos sectores de la economía global, y también de la Argentina.

Para el país, el efecto dependerá en gran medida de cuánto se prolongue la crisis y de si los precios de la energía se mantienen elevados. En ese escenario podrían aparecer impactos tanto positivos —como mayores exportaciones energéticas— como negativos, vinculados al aumento de costos en transporte, fertilizantes o electricidad. También podría haber efectos en los activos locales, el riesgo país y el precio del dólar.

Estas son 12 rubros de la economía nacional en los que la actual incertidumbre podría tener consecuencias si la crisis se prolonga.

La suba del petróleo podría tener un efecto doble en la Argentina si los precios se mantienen elevados. Por un lado, el país produce unos 860.000 barriles diarios y exporta cerca de 300.000, por lo que precios internacionales más altos implican mayores ingresos en divisas y mejores márgenes para las empresas del sector.

En 2025, las exportaciones energéticas alcanzaron US$11.000 millones y las proyecciones iniciales para este año apuntaban a US$14.000 millones. Con un Brent cerca de US$20 por encima de lo previsto, el ingreso adicional podría rondar los US$3000 millones.

Por otro lado, el impacto también se siente en el mercado interno. Los combustibles acumulan una suba cercana al 7% en lo que va del mes, mientras refinadoras advierten que existe un atraso de precios cercano al 25% respecto del valor internacional del crudo. El mercado está dominado por YPF (55%), seguida por Shell, Axion y Puma Energy.

El aumento del gas natural licuado genera preocupación en el sistema eléctrico argentino. El país depende en un 60% de generación térmica, cuyo principal insumo es el gas.

En los mercados internacionales, el precio del GNL pasó de alrededor de US$12 a más de US$34 por millón de BTU, justo cuando la Argentina se prepara para comprar los cargamentos que necesita para el invierno.

Aunque la mayor parte del gas consumido localmente se produce en el país —principalmente en Vaca Muerta— y se paga a precios cercanos a US$4,5 por millón de BTU, en invierno la demanda supera la oferta.

En ese período el país suele importar unos 25 buques de GNL, lo que podría implicar un aumento de los subsidios estatales para evitar que el salto de los precios internacionales se traslade plenamente a las tarifas.

El impacto sobre los precios de los granos es, por ahora, limitado. La soja en Chicago llegó a subir cerca de US$20 por tonelada tras el inicio del conflicto, pero luego recortó parte de ese avance y el aumento efectivo ronda los US$10, cerca de un 2%.

Según explicó el economista David Miazzo, el mercado llega a este episodio con una oferta global abundante, tras cosechas récord en Brasil y buenos resultados en Estados Unidos.

Además, la reciente apreciación del dólar frente a otras monedas suele presionar a la baja el precio de las commodities agrícolas.

El único canal potencial de mejora podría venir a través de los biocombustibles, si el petróleo se mantiene elevado durante un período prolongado.

El efecto más inmediato para el agro aparece en los fertilizantes nitrogenados, que se producen principalmente a partir de gas natural.

Por el Golfo Pérsico circula entre 25% y 35% del comercio global de urea, y varios de los principales exportadores —Irán, Qatar, Omán y Arabia Saudita— están vinculados directa o indirectamente con la crisis.

Tras la escalada del conflicto, los precios internacionales registraron un salto cercano a US$150 por tonelada.

La Argentina importó en 2025 alrededor de 1,4 millones de toneladas de urea, de las cuales entre 30% y 40% provinieron del Golfo, explicó David Miazzo. La paridad local ya ronda US$700 por tonelada, frente a los US$600-620 previos al conflicto.

El encarecimiento del petróleo podría impactar en los costos logísticos del agro si el petróleo se mantiene en niveles altos. El precio del gasoil es un insumo central para la cosecha y el transporte de granos.

El efecto llega en un momento clave del calendario agrícola. La cosecha de maíz ya comenzó y en pocas semanas arrancará la de soja.

En plena cosecha gruesa se consumen alrededor de 440 millones de litros de gasoil entre labores agrícolas y transporte. Además, cerca del 97% de la producción se traslada en camión, lo que vuelve al combustible uno de los principales costos de la cadena.

El combustible representa cerca de un tercio de los costos de una aerolínea, por lo que cualquier aumento del petróleo impacta directamente en la rentabilidad del sector.

Parte de ese incremento suele trasladarse a los precios de los pasajes. Sin embargo, muchas aerolíneas utilizan coberturas financieras (hedges) para amortiguar la volatilidad del combustible.

Las compañías suelen cubrir entre 30% y 80% de sus necesidades, lo que permite moderar el impacto de subas abruptas durante un tiempo limitado.

Según Brian Mulberry, jefe de estrategia de mercado en Zacks Investment Management, citado por el New York Times, la suba del crudo podría afectar las ganancias de las aerolíneas entre 15% y 20%.

Publicaciones como The Economist advierten que un combustible más caro suele traducirse en tarifas aéreas más altas y menor demanda.

Voceros de Aerolíneas Argentinas señalaron a LA NACION que el impacto todavía es limitado, aunque el precio del combustible seguirá siendo la variable clave si el conflicto se prolonga.

La industria automotriz sigue el conflicto principalmente por su impacto en los costos logísticos.

“Si se prolonga la guerra, el impacto del precio del petróleo podría golpear contra la cadena de autopartes”, explicó Dante Sica, socio fundador de Abeceb, a LA NACION.

El presidente de Afac, Juan Cantarella, señaló que el aumento de los fletes marítimos podría afectar especialmente a los trayectos más largos desde Asia o Europa. Además, cambios en rutas comerciales podrían sumar hasta 15 días de demora en algunos envíos.

En cuanto a la siderurgia, por ahora el sector no ve un riesgo inmediato para la producción regional, pero advierte que si el conflicto se extiende en el tiempo podría afectar los niveles de stock y eventualmente trasladarse a los precios de algunos modelos.

Para la industria del acero, el conflicto en Medio Oriente todavía no aparece como el principal factor de preocupación. “Por ahora no vemos afectación por la guerra. Es mucho más un tema de baja actividad del mercado interno”, explicó a LA NACION un referente del sector.

Según datos del Indec, la industria metálica básica registró en diciembre un uso de capacidad instalada del 57,5%. Aunque la producción de acero mostró una suba interanual del 11,9%, la demanda sigue condicionada por la debilidad de sectores como la construcción.

Tampoco se anticipan problemas en la provisión de insumos, ya que el mineral de hierro que utilizan las siderúrgicas locales proviene principalmente de Brasil, lo que reduce el impacto directo del conflicto.

En contextos de mayor tensión geopolítica, los inversores suelen refugiarse en activos considerados seguros, lo que impulsa al dólar frente a otras monedas.

Desde el inicio del conflicto, la divisa estadounidense mostró una tendencia de fortalecimiento a nivel global.

A nivel local, el movimiento se reflejó en una suba del tipo de cambio oficial, que alcanzó su valor nominal más alto en un mes, si bien luego volvió al mismo valor del viernes.

La volatilidad global también se trasladó a los mercados financieros. El temor a un conflicto prolongado y a un repunte de la inflación internacional llevó a los inversores a reducir su exposición a activos de mayor riesgo.

En ese contexto, el riesgo país argentino volvió a acercarse a los 600 puntos, lo que encarece el acceso al financiamiento internacional.

El aumento del petróleo podría mejorar el saldo comercial argentino por el lado de las exportaciones energéticas.

Según estimó Daniel Artana, economista jefe de FIEL, si el barril se mantiene cerca de US$100, el país podría sumar unos US$10 millones diarios adicionales por ventas de crudo.

La consultora Empiria, dirigida por Hernán Lacunza, calculó que un escenario conservador implicaría unos US$2500 millones anuales adicionales de exportaciones. Ese beneficio, sin embargo, podría verse parcialmente compensado por mayores importaciones de GNL y combustibles.

*Con la colaboración de Sofía Diamante, María Julieta Rumi, Esteban Lafuente, Melisa Reinhold e Iván Mazorco


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