Después de la petición que reclamaba la restitución de la placa en homenaje “a los 30.000 desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado 1974-1983” que se había colocado en 2022 en la Casa de la Argentina en la Ciudad Internacional Universitaria de París (CIUP), hoy se elevó una nueva carta abierta dirigida a los directores, administradores y usuarios de la CIUP, donde hay más de cuarenta casas de diferentes países que reciben por año a miles de estudiantes, investigadores y artistas de todo el mundo. El actual director de la institución es el abogado Santiago Muzio; la Casa de la Argentina depende de la Secretaría de Educación, en la órbita de Sandra Pettovello.
La hija: el último misterio de Goya se llama Rosario Weiss
Desde el Ministerio de Capital Humano habían informado a LA NACION que el retiro se hizo por “un plan de mantenimiento y modernización para que la sede refleje, con calidad y cuidado, el perfil cultural e institucional de la Argentina”. El hecho coincide con el 50° aniversario del golpe de Estado de 1976. La placa aún no fue repuesta.

La petición inicial –impulsada por los académicos Julio Premat, Sergio Delgado y Magdalena Cámpora– cosechó más de cinco mil firmas, entre ellos, de reconocidos escritores, artistas e intelectuales como Claudia Piñeiro, Martín Kohan, Selva Almada, Guillermo Martínez, Martín Caparrós, Dolores Reyes, Laura Alcoba, Eduardo Stupía, Daniel Link, Josefina Delgado, Andrea Giunta, Graciela Montaldo, Leopoldo Castilla, María Sonia Cristoff, Diego Muzzio, Silvia Baron Supervielle, Mariana Travacio, Elsa Osorio, Patrice Vermeren, Daniel Balderston, Jens Andermann, Raúl Antelo, Florent Guénard y Jean Jacques Kourliandsky, además de exdirectores de la entidad en distintos gobiernos, como Diana Saiegh, Nora Hochbaum y Marcelo Balsells. Firmaron responsables de 45 centros de investigación, directores de seis revistas científicas y el Comité de Vigilancia frente a Usos Públicos de la Historia.
Hoy, un grupo de escritores, artistas y académicos que solían realizar actividades en la Casa de la Argentina dieron a conocer una carta abierta en la que se denuncia ante la prensa francesa que Muzio se negó a firmar el estatuto de la CIUP y que utiliza la institución para albergar reuniones de grupos políticos europeos de extrema derecha. Desde Francia, diversas fuentes dijeron a LA NACION que Muzio ha impuesto un clima de intimidación, agresividad y censura.
“Nosotros, responsables de centros e instituciones de enseñanza y de investigación, de sociedades científicas, de revistas científicas y de secciones del Consejo Nacional de Universidades firmantes, les escribimos para poner en su conocimiento la situación actual de la Casa de la Argentina, tal como la hemos conocido a través de numerosos testimonios personales y por artículos aparecidos en diarios argentinos –inicia la carta–. El actual director de la Casa de la Argentina, Santiago Muzio, nombrado por el gobierno de Javier Milei, se negó, al asumir sus funciones, a firmar la charte [el estatuto] de la CIUP que prevé, en su artículo 3, la obligación de respetar los ‘valores de tolerancia y de comprensión mutua’ y, en particular, ‘los principios de no discriminación y de laicidad’. Recientemente, hizo retirar la placa conmemorativa en homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado durante la última dictadura argentina que se encontraba a la entrada de la Casa de la Argentina, y esto en vísperas del 50º aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976″.
“[…] Por otra parte, conviene señalar la organización de actividades realizadas en la Casa de la Argentina que manifiestamente no corresponden a las funciones de este tipo de institución. El Sr. Muzio es cercano a Marion Maréchal Le Pen y, con ese carácter, ha dirigido la sección española del Instituto de Ciencias Sociales, Económicas y Políticas fundado por la Sra. Maréchal. Es su derecho más estricto, a título personal. En cambio, ha utilizado en varias ocasiones la Casa de la Argentina para organizar talleres de formación de dicho instituto. Asimismo, ha aprovechado su mandato para albergar, en una de las Casas de la Ciudad Universitaria, reuniones de grupos de reflexión de las diferentes redes de extrema derecha y ultracatólicas europeas de las que forma parte, como lo demuestran numerosas fotos disponibles en internet: el Instituto de Formación Política francés, la fundación polaca Ordo Iuris y el Instituto húngaro Mathias Corvinus Collegium, muy cercano al presidente Viktor Orbán. Se convendrá que estas actividades no mantienen ningún vínculo con la vocación inicial de la Casa de la Argentina. Resulta tanto más chocante cuanto que las actividades propuestas por los residentes son, por su arte, sistemáticamente censuradas, sobre todo si tocan la cuestión de los Derechos Humanos”.
Los firmantes consideran “deletérea” (es decir, mortífera) la situación “que ya ha sido objeto de discusiones en el Senado en Francia y en la Cámara de Diputados en Argentina” [diputados opositores expresaron su repudio]. “La Casa de la Argentina debe dejar de ser instrumentalizada con fines políticos y debe volver a ser, lo antes posible, el espacio de encuentro y de convivencia democrática que siempre ha sido”, concluyen.