“En Brasil se tolera más un robo que un insulto racista”, confirma la abogada brasileña Carla Junqueira para explicar la situación que está viviendo desde hace unas semanas la joven Agostina Páez, detenida en Brasil acusada de insultos y gestos racistas a unos empleados de un bar de Río de Janeiro. Páez está acusada de “injuria racial” un delito que en Brasil puede tener penas que van de los 2 a los 5 años. En las últimas horas, la justicia ordenó a la Policía de Brasil su detención. Sin embargo, horas después fue liberada al revocarse la prisión preventiva. Páez permanecerá con la tobillera electrónica en el domicilio y no irá por ahora a una cárcel común.
Vale señalar que Agostina no lastimó ni agredió a nadie, cometió un acto de discriminación absolutamente reprobable y para muchos resulta incomprensible que esa falta no pueda ser sancionada con una probation o un pedido de disculpas público, pero los delitos raciales no tienen esa alternativa para pagar la pena, es cárcel efectiva en la mayoría de los casos.
La abogada argentina seguramente no sabía que hoy en Brasil existen 291 personas alojadas en penitenciarías, la mayoría de ellos ciudadanos brasileños, por cometer delitos de orden racial, un problema que atraviesa la historia del país vecino. El censo de Brasil de 2022, tomado por el IBGE, indicó que el 55,5% de la población se identifica como negra, mestiza o parda, reflejando un aumento en la autoidentificación racial. En total son 113 millones de brasileños afrodescendientes, es la población de color más grande del mundo viviendo en un país después de Nigeria. El racismo estuvo y está presente en la vida de los brasileños, pasaron del comercio de esclavos en pleno siglo XIX, duró hasta 1888 -fue el último país en abolir la esclavitud en América- a décadas de postergación y marginación. La población negra recién fue reivindicada en 1988 con la nueva Constitución que normatiza el racismo como delito. Hasta el gobierno de Fernando Henrique Cardoso y luego con la era de Lula- ambos gobiernos incorporaron más de 10 millones de chicos negros al sistema educativo, siendo los primeros integrantes de sus familias en llegar a la escuela- la población afrodescendiente prácticamente no tenía derechos, no accedía ni a la educación básica, mucho menos a la universidad, y los empleos calificados les estaban negados. Todo ese derrotero de destrato social generó una convivencia problemática y violenta entre ciudadanos donde el racismo estuvo, y está, a la orden del día. En 2015 una encuesta reveló que las personas afrodescendientes tienen salarios de hasta un 59% inferiores a los blancos y tanto el desempleo como el analfabetismo aún hoy es un 50% mayor entre las personas de color.
Las leyes duras fueron una necesidad para luchar contra el racismo, Agostina Páez está alcanzada por ellas. Cometió un error, un exabrupto repudiable, sus insultos y gestos despectivos fueron grabados y se viralizaron en todo el país. Los mozos y el personal de seguridad del bar donde ocurrió el incidente también profirieron insultos. Incluso uno de ellos, un hombre de seguridad, realizó un gesto obsceno a Agostina y a sus amigas. Además de una falta de respeto, un hecho cargado de misoginia. El hombre está libre y la justicia aún no lo incluyó en el expediente. Todo el hecho, con la joven argentina en los umbrales de ingresar a una penitenciaría de delitos comunes como es la de Bangú, que aloja ladrones, asesinos y narcos, parece absolutamente desmedido y suena como un castigo desmesurado.
En las últimas horas, el hombre más poderoso del mundo, Donald Trump, publicó un video conspirativo sobre las elecciones que muestra al expresidente Barack Obama y a su esposa Michelle como monos, en un insultante posteo que provocó la condena de destacados demócratas y de políticos incluso de otros países. Al final del video en la plataforma de Trump, Truth Social, aparecen durante dos segundos las caras de los Obama superpuestas en cuerpos de monos, con unas palmeras de fondo, mientras se escucha la canción “The Lion Sleeps Tonight” (“El león duerme esta noche”). Un gesto repudiable, patético e incomprensible de parte de un hombre que no mide el alcance de sus actos. En menos de 6 horas el vídeo ya se había reproducido en todos los portales de noticias del mundo y redes sociales y distintas plataformas. Miles de millones de personas lo vieron, representando así un ejemplo horrendo de racismo, con un agregado misógino ya que la burla es también sobre la exprimera dama de los EE.UU.
Trump preside un país que tuvo que atravesar una guerra civil entre 1861 y 1865 – la Guerra de Secesión- que dejó casi 800 mil muertos, para liberar a las personas de raza negra de la esclavitud. Aun así, Estados Unidos tuvo serios problemas raciales durante todo el siglo XX hasta normalizar la interacción racial en todos los órdenes de la vida pública, y a pesar de tener que lidiar con la violencia policial, hechos que generaron la creación del movimiento Black Lives Matter en 2013. Contra esa cruel historia cargó Trump. Justamente él, que se enojó por no ser considerado para el Premio Nobel de la Paz y que acaba de inventar un “club de amigos” con mayoría de países sin tradición democrática con el fin de buscar “la paz en el mundo”.
Sin redes sociales, y salvando las diferencias por el fin buscado, Adolf Hitler también supo en la década del 30 fomentar afiches y cartelería despectiva contra los judíos alemanes que eran colocados en los barrios donde habitaban o en puertas de sus negocios. No existe ninguna razón para justificar lo hecho por Trump, como tampoco para acompañarlo en silencio, como hicieron algunos mandatarios y personalidades de todo el mundo que simpatizan con el mandatario republicano, entre ellos, Javier Milei.
El racismo, la xenofobia, no son acciones que vayan de la mano de la convivencia y la paz, recurrir a ellos significa cometer un crimen. Cada país, con sus leyes, lo castiga a su manera. En Brasil, una abogada argentina puede ir a la cárcel por un exceso, injustificado, pero que podría resolverse de otra manera. Mientras que, en Estados Unidos, su presidente muestra una buena dosis de racismo oculto en lo que supone es humor y es celebrado por sus seguidores que replicaron el video y lo ponderaron. No es una exageración afirmar que, con algo tan sencillo como un vídeo realizado con IA, se puede incitar al odio racial a millones de personas o, al menos, sentir que se les otorga consentimiento porque su emisor es alguien tan poderoso.
A pesar de la gran diferencia entre un hecho y otro, Donald Trump seguirá en su lugar de poder, mientras Agostina continuará detenida en Brasil hasta que finalice el proceso. El mundo vuelve a demostrar que no suele ser un lugar justo.