Por qué Milei insulta a los empresarios

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Es raro que un presidente crea en el libre comercio y en el mercado como único árbitro de la economía, pero al mismo tiempo desconfíe de los empresarios. A tres de ellos volvió a insultarlos y a ofenderlos. Un caso especialmente extraño es el de Paolo Rocca, el industrial más importante del país, porque este viene de librar una batalla perdida (por él) con otros empresarios por la fabricación de caños para transportar gas desde Vaca Muerta hasta Río Negro. Son casi 500 kilómetros. De ese conflicto por la provisión de una cantidad monumental de caños participaron Rocca, que se presentó en el concurso de precios; la familia Bulgheroni, que forma parte de la empresa que construye el gasoducto y que eligió, liderando una mayoría accionaria, a una empresa india para la provisión de los tubos, y Marcelo Mindlin, que votó en minoría dentro de ese consorcio empresarios para darle otra oportunidad a Rocca de ofrecer mejores precios. El problema nació y se resolvió exclusivamente entre empresarios privados. El Estado no tuvo arte ni parte en ese diferendo. Un empresario tenía el derecho de ofrecer el precio que creía justo, y los otros empresarios tenían el derecho de aceptar el precio que consideraran más conveniente. Sin embargo, desde que se conoció la resolución de ese concurso privado de precios Javier Milei viene azotando a Rocca con desdeñosos apodos. Devoto del bajo perfil, Rocca se limitó a recordar públicamente que su empresa, Techint, invirtió en el país 1400 millones de dólares en 2024 y 1600 millones en 2025; anunció que prevé una inversión de 2400 millones de dólares para 2026. El mercado mundial de la siderurgia atraviesa una situación de exceso de capacidad productiva. Los empresarios siderúrgicos norteamericanos y europeos culpan de esa realidad a la competencia de los países asiáticos, que, según ellos, no cumplen con las reglas del mercado. El Washington de Donald Trump les aplicó aranceles del 50% a las importaciones de acero y aluminio (no los modificó la reciente resolución de la Corte Suprema que limitó el poder presidencial), y Europa estipuló entre cuotas y aranceles un porcentaje idéntico para esas importaciones. Canadá y México fijaron aranceles de entre el 35 y el 50%.

Si un presidente tan pendiente de la economía nacional y mundial prescinde de esa información esencial, ¿por qué lo hace? ¿Qué lo llevó de nuevo a enfrentarse no solo con Rocca, sino también con el dueño de la cerrada fábrica de neumáticos Fate, Javier Madanes, y con el CEO de la distribuidora de llantas Neumen, Roberto Méndez? Madanes y Méndez son casos distintos de los de Rocca, porque aquellos vendieron sus productos en el contexto de una economía argentina cerradísima y excesivamente protegida. Cualquiera recuerda los tiempos recientes en que los neumáticos costaban tanto como el auto. Méndez intentó seguramente quedar bien con el Gobierno recordando que les “robamos” mucho dinero a los argentinos con el precio de los neumáticos durante el kirchnerismo. Milei no lo perdonó y, por el contrario, lo tomó como ejemplo de los empresarios “corruptos”. En cambio, una de las empresas de Rocca, Tenaris, exporta el 70% de la producción de su planta en Campana.

“Estamos en estanflación, y es mejor que la culpa la tengan los empresarios antes que el Gobierno”

Otra vez: ¿por qué el Presidente prefiere denostar a los empresarios que pueden crear empleos? ¿Por qué, en un país que necesita la inversión privada para salir de la estanflación? ¿Por qué, en un país donde 270.000 empleados, entre privados y estatales, perdieron su trabajo en los últimos dos años? 170.000 trabajaban en la actividad privada, ya sea en la industria o en el comercio. Según fuentes oficiales seguras, nadie le aconsejó al jefe del Estado que emprendieran semejante cruzada contra dos de los más grandes empresarios argentinos, Rocca y Madanes. Fue una iniciativa solo de él, y fue solo él quien la puso en práctica. Esas voces del oficialismo deducen que Milei, que sabe leer los datos de la economía, conoce que el consumo no crece y tampoco la actividad económica. “Estamos en estanflación, y es mejor que la culpa la tengan los empresarios antes que el Gobierno”, infieren esos funcionarios. Una clase magistral de populismo. ¿O, acaso, Cristina Kirchner no denunciaba siempre una conspiración de los banqueros cuando subía el precio del dólar? ¿O alguien olvidó que Néstor Kirchner culpaba de la inflación a las góndolas de Coto? Sucede que en 2024 y en 2025 el ajuste lo hizo el Estado; ahora lo está haciendo el sector privado.

El país que conocieron los argentinos no es el país que imagina Milei. La buena noticia es que la mayoría de los empresarios reconoce ahora que es necesaria la integración con el mundo. En tal sentido, fue importante que el Congreso argentino haya sido uno de los primeros en aprobar el tratado de libre comercio con la Unión Europea entre los países que lo firmaron; fue, sobre todo, un síntoma de que la política también dejó de creer en la sustitución de importaciones y de que se puede “vivir con lo nuestro”, la frase que instaló Aldo Ferrer en los años 70 y que marcó la economía nacional durante más de 50 años, aunque el extraordinario proteccionismo del Estado al empresariado argentino -debe reconocerse- empezó mucho antes. La inflación no bajará significativamente en los próximos meses porque todavía falta que se terminen de actualizar los precios relativos, como las tarifas, los comestibles, el dólar y los salarios. “Hay que tirar la pelota de la culpa hacia otro lado”, defienden al Presidente. Es cierto que algunos empresarios dicen estar de acuerdo con la política económica de Milei, pero no quieren que cambien las reglas de su rubro. “Con la mía, no”. Es la famosa frase que ya denunciaba Mauricio Macri cuando era presidente. Pero se trata solo de algunos empresarios, no de todos. La mayoría reconoce que se está viviendo una transición entre un viejo modelo que fracasó y un programa nuevo que no mostró todavía todos sus resultados. El propio Rocca señaló en su única declaración pública que “la Argentina debe abrirse al mundo y nosotros apoyamos este proceso”, pero subrayó que “la forma en la que nos abrimos nos parece muy importante”. No habló tanto de la carga impositiva argentina como de defender la industria nacional ante la “competencia desleal”. Aquí y en el mundo, cuando se habla de “competencia desleal” se está hablando de China sin nombrar al gigante asiático. Un discurso muy parecido a esos industriales argentinos tiene Trump cuando se refiere a China. Milei no se enoja ni toma distancia de Trump por sus ideas proteccionistas. Llama la atención que ninguna organización empresaria haya salido hasta ahora a protestar por los nuevos agravios presidenciales a renombrados dueños de empresas. “¿Vamos a salir todos los días a reclamar por los insultos del Presidente?”, pregunta retórica e irónicamente uno de los líderes empresarios. Esperan, por lo tanto, un destino de tuits diarios y agresivos de parte del jefe del gobierno. Es lo que hay.

Según varios economistas, entre el crecimiento del primer semestre de 2025 y el estancamiento del segundo semestre, el crecimiento de la economía en los dos años de Milei fue cero. Nadie cuenta a 2024, porque fue el año del ajuste que llevó a la economía argentina de un déficit de más del 7% del PBI (el que dejaron Alberto Fernández y Sergio Massa) al superávit de las cuentas públicas. El mayor problema de las empresas argentinas no son las importaciones, sino la caída del consumo. De acuerdo con un estudio de Guillermo Oliveto, en 2024 el consumo, en cifras redondas, cayó comparado con 2023 el 14%, y en 2025 creció solo el 2,5%. En síntesis, el consumo está aún 11,5 puntos por debajo de 2023, antes de la severa política de shock que aplicó Milei para ordenar los números del Estado. Una parte muy numerosa de las pequeñas y medianas empresas están trabajando solo al 40 o al 50% de su capacidad productiva. Por eso, todos los días hay noticias de alguna empresa que cerró; nadie contabilizó todavía la cantidad de comercios que dejaron de existir. En la reconversión de un esquema económico a otro -siempre doloroso para muchos-, los sectores más beneficiados en los años de Milei fueron la producción agropecuaria (la cosecha total de granos de la campaña 2025/2026 es una de las mayores de la historia) y la de petróleo y minería. En cambio, chocaron contra un muro sombrío la industria, la construcción y el comercio. Estos últimos sectores de la economía son los mayores creadores de empleos, y son los que peor están. Esa economía dual es la que explica tan distintos y contradictorios entusiasmos sociales.

Pero, ¿quieren realmente los empresarios un modelo de apertura de la economía argentina? Merece estudiarse el caso, aunque Milei camina sin vacilaciones hacia ese paradigma. Uno de los dirigentes empresarios más importantes se quejó porque el debate económico argentino fue binario durante décadas: apertura total o proteccionismo defensivo. El “mundo real” es otro, suele decir, y agrega: “La integración inteligente (al mundo) es la que combina comercio, desarrollo productivo y generación de empleo”. Dicho de otra manera, la verdadera opción para los empresarios es la sustitución de importaciones o adaptarse a una economía nueva y diferente. “La mayoría hemos dejado atrás el amor por la sustitución y preferimos adaptarnos, pero el Estado tiene que hacer también su contribución. No se puede competir con sistemas estatales distintos”, razona otro dirigente empresario que prefiere el anonimato. Milei ratifica a diario su política, pero solo hace menciones generales a una reforma impositiva que no llega. Esa reforma es imprescindible para alentar la inversión.

Oliveto, un especialista en consumo y en olfatear el estado de ánimo social, suele recalcar que el consumo y la marcha de la economía están “disociados” de la imagen de Milei. Refiere a que el Presidente conserva, a pesar de todos los problemas de la economía, la simpatía (o la esperanza) de cerca de la mitad de los argentinos, según la mayoría de las encuestas de opinión pública. Es seguramente la consecuencia del enorme fracaso del kirchnerismo que lo precedió durante 16 años, y que lo acorraló a Macri cuando este fue presidente. Ahora, hasta la oposición del peronismo razonable o del radicalismo o de Pro está dispuesta a acompañar las políticas fundamentales de Milei, como se vio en días recientes en el Congreso con el tratado de libre comercio con los europeos, con la ley de Glaciares, con la imputabilidad de menores y con la reforma laboral. Una única y extraña excepción fue la de Miguel Ángel Pichetto, quien se reunió con Cristina Kirchner y le propuso unir al peronismo en un programa “centrista” para enfrentar a Milei en las elecciones presidenciales del próximo año. Es lo mismo que hizo Alberto Fernández en las vísperas de las elecciones de 2019; debe reconocerse que el expresidente kirchnerista convenció entonces de la necesidad de la unidad a una lideresa imponente en las urnas. Pichetto le habló ahora a una dirigente en irreversible decadencia, presa en su casa por delitos de corrupción y con la prohibición permanente para ejercer cargos públicos ordenada por la Justicia. Antes, cuando era rionegrino, Pichetto pasó de disciplinado jefe del bloque kirchnerista -en el apogeo del kirchnerismo- a negociar con Alberto Weretilneck, gobernador de Río Negro y líder de un partido provincial, la continuidad como senador nacional, pero esa estrategia fracasó por una decisión de la Corte Suprema. Luego, se acomodó bajo el ala de Macri y hasta aceptó ser su candidato a vicepresidente en el perdidoso intento de reelección del expresidente en 2019. Pero en 2023 volvió a ubicarse a la sombra del entonces Cambiemos y fue elegido diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, donde vive ahora. Ya como diputado, se alejó de Cambiemos y de Pro. Su actual mandato como legislador nacional vencerá el próximo año. Su regreso al madrinazgo de Cristina Kirchner tiene entonces una explicación, por más inexplicable que sea.


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