Por qué las personas más inteligentes suelen tardar más en responder una pregunta, según la ciencia

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El postulado común que vincula mayor inteligencia con una velocidad mental superior fue desafiado por un reciente estudio científico. Contrario a lo esperado, personas con un cociente intelectual (CI) más alto tienden a emplear más tiempo en resolver problemas difíciles, pero esta deliberación les conduce a decisiones de superior calidad y con un menor margen de error. El hallazgo, que reexamina pilares fundamentales de la investigación sobre inteligencia, fue publicado en la prestigiosa revista Nature Communications, producto de una investigación conjunta de científicos del Berlin Institute of Health, Charité-Universitätsmedizin Berlin y Gustavo Deco de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

El núcleo de esta sorprendente revelación reside en cómo los cerebros de alta inteligencia gestionan la sincronía entre sus diversas regiones neuronales. Los investigadores observaron que individuos con puntuaciones de CI elevadas, al afrontar tareas complejas, presentan una mayor conectividad funcional promedio, o sincronía temporal, entre sus áreas cerebrales. Esta coordinación superior permite a los circuitos neuronales del lóbulo frontal posponer decisiones por un período más prolongado que en cerebros menos coordinados. Michael Schirner, autor principal del estudio, explicó que “la sincronización altera las propiedades de la memoria de trabajo y la capacidad de ‘soportar’ períodos prolongados sin tomar una decisión”.

Las personas que piensan durante más tiempo su respuesta tienden a ser más inteligentes

A diferencia de esta ponderación deliberada, los cerebros con menor sincronía exhiben una clara propensión a “sacar conclusiones precipitadas”. Las simulaciones revelaron que estos cerebros, con conectividad funcional reducida, literalmente “saltaban a conclusiones” en la toma de decisiones. Esto ocurría al no aguardar que las regiones previas pudieran completar los pasos de procesamiento necesarios. En contraste, los cerebros más sincronizados aprovechan el tiempo adicional para la “recopilación de pruebas” de manera metódica. Schirner detalló que esta “acumulación de evidencia puede demorar, pero conduce a mejores resultados”. Este proceso es esencial para la precisión y minimiza los errores.

La investigación distingue claramente entre la velocidad de procesamiento simple y la resolución de problemas complejos. Mientras personas inteligentes son rápidas en tareas sencillas y de respuesta inmediata, como “frenar rápidamente ante un semáforo en rojo”, la dinámica cambia drásticamente al enfrentar desafíos que exigen una profunda reflexión, como “encontrar metódicamente la mejor ruta en un mapa”. Los participantes resolvieron patrones lógicos de dificultad creciente, con pruebas de su inteligencia fluida, la habilidad para solucionar nuevos problemas independientemente del conocimiento adquirido.

La “recopilación de pruebas” es fundamental para dar una respuesta más desarrollada

Para obtener estos reveladores hallazgos, la profesora Petra Ritter y su equipo desarrollaron “modelos cerebrales personalizados” innovadores. Utilizaron datos digitales de escáneres cerebrales y modelos matemáticos basados en conocimientos teóricos de procesos biológicos para simular el cerebro humano. Estos “avatares virtuales” se generaron con información detallada de 650 participantes del Human Connectome Project, una vasta iniciativa estadounidense sobre conexiones neuronales. Ritter afirmó: “Nuestros avatares virtuales igualan el rendimiento intelectual y los tiempos de reacción de sus análogos biológicos”. Esto valida la capacidad de reflejar la cognición real con notable precisión.

El estudio exploró un mecanismo neurofisiológico clave: el equilibrio excitación-inhibición cerebral. Este balance en las redes neuronales es fundamental para controlar la conectividad funcional, además de modular la amplitud y sincronía de las corrientes sinápticas. Esta modulación permite el intercambio entre velocidad y precisión, una teoría influyente en economía y psicología. Mayor sincronía entre regiones cerebrales se correlaciona con corrientes sinápticas de menor amplitud pero mayor correlación, lo que prolonga la integración de evidencia y hace que la toma de decisiones sea más dependiente de actividad reverberante. La habilidad de alternar entre modos de procesamiento rápido y profundo, según el problema, emerge como característica definitoria de la inteligencia.

El equilibrio excitación-inhibición cerebral, la clave detrás de las personas más inteligentes

Estos hallazgos no solo redefinen la inteligencia y nuestra comprensión del factor “g”, sino que abren nuevas vías para aplicaciones prácticas en la medicina. Petra Ritter destacó que esta simulación avanzada podría “mejorar la planificación personalizada in silico de intervenciones quirúrgicas y farmacológicas, así como la estimulación cerebral terapéutica”. Un médico, por ejemplo, podría usar una simulación computarizada para prever la eficacia y los posibles efectos secundarios de tratamientos para enfermedades neurodegenerativas como demencia o Parkinson, antes de su aplicación clínica. Esto impacta directamente la salud y la medicina personalizada, ya que ofrece una esperanza tangible para futuros y más efectivos tratamientos.


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