La globalización, la cantidad y la inmediatez que producen las noticias de boxeo han originado, en estos días, una mixtura desordenada y rara de comprender. Es decir, las informaciones más ruidosas e inverosímiles tuvieron mayor preponderancia que las más trascendentes y creíbles: las que realmente ameritan atención.
¿A qué se debe todo esto? A la imposición por parte de esta industria de los grandes nombres del pasado, gastados, sin las luces de antaño, pero de consumo masivo aún en el lote de espectadores fantasiosos que compran todo aquello que les ofrecen los vendedores de ocasión.

La reaparición de Floyd Mayweather, a los 49 años, a modo de paquete turístico con exhibiciones ante un poco salubre Mike Tyson, de casi 60 años, el 25 de abril próximo en Congo, pleno corazón africano, sin especificarse todavía las reglas del espectáculo, fue el tema en cuestión.
¡Pero la bomba está aquí! Floyd boxeará el 19 de septiembre venidero en combate oficial –sancionado por la permeable Comisión Atlética de Nevada- con el filipino Manny Pacquiao, de 47 años, en Las Vegas, once años después de aquella icónica y deslucida victoria por puntos sobre el asiático.
This moment between Floyd Mayweather and Manny Pacquiao at a Lakers game will always be iconic 😂
🎥 mannypacquiao/IG pic.twitter.com/KH9G9YN6bL
— Netflix Sports (@netflixsports) February 26, 2026
El foco de esta promoción está dado en la hipotética ruptura de su récord perfecto de 50 victorias consecutivas frente a un Pacquiao, que esgrimió un rendimiento abúlico en el sospechoso empate mundialista con Mario Barrios, en su rentré en 2025.
¿Seduce a alguien esta propuesta? A pocos. Seguramente atrapará al núcleo de los risueños del ring-side, indiferentes a lo penoso del ocaso de los ídolos que con sonrisas figurativas decoran estas veladas. Televisará Netflix en modo gratuito para sus suscriptores. Tal ocurrió cuando el “viejo Tyson” con problemas de traslación sufría ante un torpe Jake Paul, en 2024. El propio Paul acrecentó su torpeza meses después y terminó en el hospital cuando un desmotivado Anthony Joshua le hizo lo que quiso.
Día histórico: 2 de mayo
La confirmación de una primicia -vertida aquí- sobre la realización de los dos mejores combates de esta temporada en hemisferios opuestos del mundo no tuvo el eco esperado y resultó incomprensible. El sábado 2 de mayo será la fecha común.
En el célebre Tokyo Dome, de la capital nipona, en donde las 50.000 localidades ya están casi agotadas, dirimirán los mejores boxeadores japoneses del siglo XXI. Dos invictos y multicampeones con una particularidad: ambos ganaron sus 32 combates. Naoya Inoue, 32 años, poseedor de cuatro coronas en pesos diferentes y considerado -al menos para ese cronista- el púgil N°1 de los últimos años, afrontará la defensa más significativa del mundial supergallo ante su compatriota Junto Nakatani, quien subirá de peso para esta contienda tras haber acumulado tres coronas en categorías distintas en base a remates estridentes.
Este desafío se convirtió de interés universal y destaca la riqueza técnica y las variantes de KO que poseen estos campeones que penetraron en el boxeo universal como ningún otro japonés pudo lograrlo al cabo de la historia.
En tanto, en el T-Mobile de Las Vegas, dos bicampeones mundiales, bombarderos de sangre mexicana: David Benavidez, quien se cansó de esperar a Saul Canelo Álvarez, intentará conquistar su tercera diadema desafiando al titular de los cruceros (AMB–OMB) Gilberto Zurdo Ramírez, en un cruce de pegadores totalmente ajeno a la riqueza técnica que exhibirán Inoue y Nakatani en cuadriláteros orientales. Y esto es lo que vale: la clase, la jerarquía y la chance de KO.
La publicidad y las propuestas prefabricadas entre comunicadores y demás, es necesaria para este tipo de espectáculos, pero cuando hay dos boxeadores consagrados, enteros y vigentes sobre el ring no hay nada que pueda con ellos. Y afortunadamente, el ansiado 2 de mayo próximo no tendrá competencia alguna.