“No aceptaba lo que pasó”. El polista Clemente Zavaleta habla del accidente que hace cuatro años lo puso al borde de la muerte

COMPARTIR

En Cuatro Vientos Polo Club, en General Rodríguez, falta un rato para que arranque el partido exhibición a beneficio de la Fundación Circular (creada por el polista Rodrigo Rueda), pero ya se siente un lindo clima, con amigos de toda una vida poniendo el corazón por una noble causa: ayudar a chicos con cáncer. Entre ellos está Clemente Zavaleta (40), que ni bien baja de su camioneta saluda con una sonrisa contagiosa, invita a tomar asiento en los palenques y se presta a la charla con ¡HOLA!, que fluye entre la solidaridad, la amistad y todo lo que vivió a partir del accidente que sufrió el 17 de marzo de 2022 mientras jugaba un torneo en Palm Beach, y que casi le cuesta la vida. “Cuando me accidenté mucha gente me ayudó, así que esto es devolver un poco. Con Rodrigo somos amigos desde chicos por nuestros padres (los ex polistas Clemente Zavaleta y Rodrigo Rueda), y cuando me estaba rehabilitando en Atlanta, se ofreció a quedarse conmigo. Si bien no pudo volar a Estados Unidos porque no llegó con la visa, estuvo muy pendiente”, arranca Corchito, como lo conocen todos. Y sigue: “Él siempre fue muy solidario, entonces todos sus amigos nos sumamos a Circular. Nos ocupamos de los chicos y de sus familias, intentando mejorarles el día a día con pequeñas cosas”.

Junto a su amigo de toda la vida, el también polista Rodrigo Rueda, alma mater de la Fundación Circular, que ayuda desde lo social a chicos con cáncer y a sus familias. Desde el año pasado el esfuerzo está puesto en el Hospital Austral

–¿Cómo estás hoy?

–Estoy muy bien, mucho mejor. Pasaron cuatro años y me voy dando cuenta de lo que perdí mientras lo voy recuperando. Siento un poco de empatía hacia mí mismo porque no concientizaba, quería hacer cosas que no podía, no aceptaba los tiempos que me tocaban. Y aunque agradezco cada avance, es difícil ser consciente todo el tiempo, tendés a naturalizar. Por eso, de vez en cuando tengo unos videítos para acordarme de que lo que tenemos no hay que darlo por hecho.

–¿Tenés recuerdos del accidente?

–Tengo imágenes de esa mañana, de estar desayunando con mis hijas (Olympia, de 9 años y Assia, de 7), pero del accidente en sí me dijeron que no voy a recuperar nada, por suerte. Al principio yo estaba muy inseguro, incómodo, de repente te despertas y no sabes cuánto tiempo estuviste inconsciente (estuvo un mes y medio en coma), no veía bien, tenía un ojo casi tuerto y no podía mover bien la parte izquierda. Hace poquito me operé los ojos gracias a Hugo Nano, que me lo propuso y me cambió mucho. No saber caminar, no poder tomar agua, porque si tomaba rápido me atragantaba… Estaba muy inseguro en todos los aspectos de mi vida, como padre, marido, amigo, jugador, todo. Y hoy capaz que sigo, pero ya estoy algo más asentado.

Con los tacos bajo el brazo, Corchito se prepara para salir a la cancha

–Mucha gente rezó pidiendo por tu recuperación. ¿Lo sentiste?

–Eso fue impresionante y todavía me sigue pasando que mucha gente me dice que rezó por mí, y a algunos por ahí no los conozco. Es fuerte, pero no sabés lo bien que te hace. Al principio quizás me ponía incómodo, pero hoy me llena.

–¿Sos creyente?

–Siempre fui creyente, siempre recé. No es que soy más o menos creyente por mi accidente, pero sí tuve una experiencia, algo que me sucedió muy lindo, pero es muy personal para contarlo. Lo único que puedo decir es que si alguien perdió a un ser cercano, que se quede tranquilo que está en la vida que viene después de la muerte. Eso es seguro. Yo lo tomo como una experiencia, no como un sueño, ni una alucinación.

La previa incluyó unos mates para Facundo Pieres

–Me conmueve recordar a tu mujer (la amazona francesa Isabelle Strom) o a tu mamá (la Trilliza de Oro María Emilia) con mensajes siempre positivos, dos leonas.

–Mi familia siempre estuvo full. Lo mismo que mis amigos, y otros que no lo eran tanto, pero a raíz de esto ahora lo somos. A Isabelle siempre le cuento que me despertaba cada día a las tres de la mañana y cuando escuchaba los carritos o a los enfermeros pensaba: “Es ella”. Pero Isa volvía a las 8 de la mañana, y cuando sentía que llegaba me relajaba y me dormía. Después, cuando pasé a la rehabilitación, dormía al lado mío, en un sillón.

Equipazos de amigos. Cruz Heguy, Rodrigo Rueda, Gonzalo Pieres, Santiago Tanoira, Facundo Pieres, Nicolás Pieres, Joaquín Pittaluga y Corchito salieron a la cancha 3 de Cuatro Vientos, en General Rodríguez, para dar visibilidad a la causa

–¿Y tus hijas?

–Mi mujer tuvo que tomar la decisión fuerte de mandarlas a Francia. Separarme de mis hijas lo sufrí más que nada, pero sabía que estaban donde tenían que estar porque confío en mi mujer. Aparte, Isabelle estaba conmigo, ella también lo sufrió. Su decisión fue la más acertada y hoy te lo confirmo todavía más porque no estaba bueno que las chicas se quedaran con esas imágenes.

–¿Cómo fue ese reencuentro?

–Espectacular, todavía no encuentro las palabras para definirlo. Por suerte salió todo bien y hoy estamos hablando de este tema como un recuerdo.

–Qué lindo poder decir eso, por más que el proceso fue duro.

–Cuando te pasa a vos es menos grave que si le pasa algo a un hijo, a un padre o a un amigo. Sufrí otras cosas, pero no ese dolor. Insisto, no era tan consciente de cómo estaba. Tanto es así que estaba atado a la cama para no caerme y pretendía jugar al polo enseguida.

Facundo y Nicolás Pieres compartieron equipo

–Una de tus primeras salidas fue ir a un recital de Calamaro. ¿Era tu ídolo?

–Su música me acompaña desde los 9 años, cuando un compañero de colegio me regaló un CD de Los Abuelos de la Nada. Al año sacó Alta suciedad y ahí quedó para siempre en mi vida, hasta me dormía con su música. Estoy todo el día escuchando sus canciones e incluso mis hijas las cantan. Cuando estaba internado me dejó un audio a través de mi madre, y cuando pude, fuimos con Isabelle a verlo tocar. Fue espectacular conocerlo, poder hablar con él. También me mandaron videos Bochini, Percudani, ¡soy hincha del Rojo a full! [Se ríe].

–Dicen que las situaciones límites te cambian la vida. ¿Lo sentís así?

–Yo los primeros años empeoré, estaba enojado. Pero no por victimizarme ni por preguntarme “¿por qué a mí?”, sino por lo que estaba pasando. Lo más difícil es aceptar los tiempos que te tocan. Y en eso estoy. Sí me cambió la forma en que veo a mi mujer, a mis padres, a mis amigos. Me pasó algo muy fuerte y cambiar la perspectiva no fue de un día para el otro.

La sonrisa de Cruz Heguy refleja el espíritu de camaradería que se impuso durante toda la tarde

–¿Cómo fue volver a subir a un caballo?

–Estaba muy asustado de cómo iba a reaccionar, pero cuando me subí me volví a sentir normal. El tema es que también me subí a una película y me dije: “Ya está. Mañana estoy jugando un partido”. Y la realidad es que estaba montando y haciendo un montón de cosas antes de tiempo. Me hizo bien, pero me hizo mal también porque después vino mucha frustración, porque me estaba viendo en un lugar que no iba a llegar. Insisto, no se pueden apurar los tiempos.

Corchito está casado con la amazona francesa Isabelle Strom y son padres de Olympia, de 9 años y de Assia, de 7
Al final del match los ocho polistas grabaron un video en el que invitan a la gente a dar una mano y sumarse a Circular

–Hoy estás a full con tu cría, el polo en Francia…

–Estoy muy agradecido a Sainte Mesme (la organización de polo de la familia Strom), que me pudieron bancar los primeros años. De hecho, tuve la suerte de ganar con ellos ese año del que hoy te digo que no estaba listo ni siquiera emocionalmente. Tengo también trabajo acá en Argentina (vive parte del año en Francia), esa es la parte linda. Todos los días trabajo en la caballeriza, tengo mi cría de caballos y trato de jugar y trabajar en las cosas que proyecté y competir cuando me toca. Mis hijas, a través de mi mujer, están muy entusiasmadas con la equitación, así que me encanta acompañarlas, ver cómo se motivan y divierten. Lo hacen cada vez mejor y son competitivas. No juegan al polo, pero están aprendiendo a taquear, a veces me acompañan. En todo este tiempo el mayor aprendizaje es aceptar lo que te toca en la vida, transitarlo de la mejor forma posible sin victimizarte, no buscar el porqué ni compararse. Y no hay dudas de que la familia es lo más importante.

La tapa de revista ¡Hola! de esta semana


COMPARTIR