Newell’s fue de la angustia y los insultos contra todos al desahogo tras el demorado gol de Mazzantti

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Newell’s es un gigante dormido. No le sale una desde hace demasiado tiempo: pierde en todos los órdenes de la vida. Crisis existencial: dirigencial, económica, futbolística. La gente vive de la nostalgia. Hasta que un gol (¡un gol!) le devuelve la esperanza. Tal vez por eso, el fútbol es tan traumático como maravilloso.

A cinco minutos del final de una suerte de finalísima con Gimnasia, de Mendoza (Newell’s piensa en la tabla de abajo), se impuso por 1 a 0, con un grito de Walter Mazzantti, que apareció por detrás de los defensores mendocinos, tocó de zurda al gol y, por las dudas, miró al línea, al juez y hasta al cielo, por si en una de esas se lo anulaban.

El delantero, que dejó Independiente -donde decepcionó a todos-, llegó hace un par de semanas al Parque Independencia, por la complicidad de Frank Kudelka, el entrenador en el Parque. Y marcó… tres goles: un grito que pudo ser el triunfo contra Platense (anulado), un cabezazo que pudo ser el tempranero 1-0 de este sábado (anulado) y este último, el del desahogo. Había gente con lágrimas en la platea en los últimos minutos, toda una postal.

Newell’s sigue último en el Grupo A, ahora con seis puntos, la misma cifra que Deportivo Riestra, que tiene un partido menos. Sufre en los promedios y en la Tabla Anual.

Pero antes, mucho antes, lo de siempre: silbidos para todos (antes del arranque del partido), cuando los jugadores saludaron al público y críticas furiosas contra Chiqui Tapia, el presidente de la AFA, luego del gol anulado en el amenecer del encuentro.

Es que en el prólogo del partido en el Coloso se registró la gran polémica de la tarde, cuando Mazzanti convirtió de cabeza, pero luego de una extensa revisión de unos cinco minutos, el VAR determinó que estaba en fuera de juego y anuló la conquista.

Todo ocurrió a los cuatro minutos de la primera parte. El extremo conectó con un frentazo, luego de un pelotazo de desde lejos de Jerónimo Gómez Mattar. Todo Newell’s lo festejó y fue un desahogo. Sin embargo, de la alegría pasó al enojo por la decisión de quienes estaban en el VAR: según las líneas que se trazaron, el ex Huracán estaba apenas adelantado. Muy fina fue la jugada, en realidad.

Y en Newell’s sospechan de todo. Más aún, por la sintonía fina que tiene su colega, Rosario Central, con las autoridades de la AFA.

Al haber muchos futbolistas de los dos equipos dentro el área, en realidad se hizo difícil observar con absoluta claridad el fuera de juego de Mazzanti, que hace poco padeció una situación similar también en el Parque Independencia. Ante Platense, le anularon el gol del triunfo por una falta previa de Facundo Guch.

“Terminalo”, pedía la gente, a los gritos, después del 1-0, cuando Rigamonti, el arquero visitante, se mandó al área de enfrente a buscar el gol del empate. Fue expulsado Armando Méndez, desatado y con insultos agraviantes al árbitro, Sebastían Zunino, de habitual deslucida tarea. Hasta que marcó el final. Y Newell’s sintió que volvió a vivir, con un goleador que hace unos días jugaba en otro equipo. Y que marcó tres goles: solo le validaron el último, el de la explosión final.


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