ROMA.- A cuatro años de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, el papa León XIV volvió este domingo a levantar la voz para denunciar la dramática situación que vive “el martirizado pueblo ucranio” y reclamar un alto el fuego y “decisiones responsables” porque “la paz no puede posponerse, es una necesidad urgente”, según clamó.
“Han pasado ya cuatro años desde el inicio de la guerra contra Ucrania. Mi corazón sigue la dramática situación que todos tenemos ante nuestros ojos: ¡cuántas víctimas, cuántas vidas y familias destrozadas, cuánta destrucción, cuánto sufrimiento indecible!”, exclamó, durante la tradicional oración dominical del Ángelus, que ofició como siempre desde la ventana de su despacho del Palacio Apostólico al mediodía romano. “En verdad, toda guerra es una herida infligida a la familia humana: deja tras de sí muerte, devastación y un rastro de dolor que marca a generaciones”, siguió, hablando en tono fuerte ante miles de personas presentes en la plaza de San Pedro.
“La paz no puede posponerse, es una necesidad urgente, que debe encontrar espacio en los corazones y traducirse en decisiones responsables”, sumó. “Por eso renuevo con fuerza mi llamamiento: que callen las armas, que cesen los bombardeos, que se llegue sin demora a un alto el fuego y que se refuerce el diálogo para abrir el camino a la paz”, pidió.
“Invito a todos a unirse en la oración por el martirizado pueblo ucraniano y por todos los que sufren a causa de esta guerra y de todos los conflictos en el mundo, para que brille en nuestros días el tan esperado don de la paz”, concluyó.
Así como cuatro años atrás su predecesor, el papa Francisco, en un gesto fuera de protocolo, al día siguiente del comienzo de la invasión de Ucrania (el 24 de febrero de 2022), definida “operación militar especial para desnazificar” al país por el presidente ruso, Vladimir Putin, fue a verlo al embajador ruso ante la Santa Sede para tratar de hacer algo, León XIV desde que fue electo, en mayo pasado, intenta mediar para su fin.
Más allá de que la diplomacia vaticana en estos últimos años se ha movido a través del cardenal polaco Konrad Krajevski para enviar ayuda material -generadores, fármacos, víveres, ropa-, también se ha movido, de la mano del cardenal italiano Matteo Zuppi, para ayudar en las negociaciones para el intercambio de prisioneros y para la liberación de niños secuestrados por Rusia.
Además, el papa León, que hizo saber que el Vaticano estaba a disposición de un eventual encuentro de los dos enemigos -algo siempre rechazado por Rusia-, recibió tres veces al presidente ucraniano, Volodimir Zelensky: el 18 de mayo, el día de la inauguración del pontificado, el 9 de julio y el 9 de diciembre pasado.
Justamente por eso, está totalmente informado de los diversos intentos de negociación para alcanzar la paz, o, al menos, un congelamiento del conflicto, emprendidos bajo el impulso del presidente estadounidense, Donald Trump, que hasta ahora fracasaron.
Apaguemos los smartphones
Antes de su renovado llamado a que callen las armas, en el primer domingo de Cuaresma -el período de penitencia de cuarenta días que precede la Pascua-, el papa León reflexionó sobre los cuarenta días de ayuno de Jesús en el desierto, cuando sintió “el peso de su humanidad: el hambre a nivel físico y las tentaciones del diablo a nivel moral” y enfrentó “la misma dificultad que todos experimentamos en nuestro camino y, resistiendo al demonio, nos muestra cómo vencer sus engaños y sus trampas”.
A horas de comenzar junto a la curia un retiro espiritual en la Capilla Paulina que durará hasta el viernes -cuyas meditaciones serán predicadas por el obispo cisterciense noruego Erik Varden-, entonces también habló del significado de la Cuaresma y de la penitencia.
“En este tiempo de gracia, practiquémosla generosamente, junto con la oración y las obras de misericordia; demos espacio al silencio, apaguemos un poco los televisores, la radio y los smarthphones“, exhortó.
“Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros, en las familias, en los lugares de trabajo y en las comunidades”, subrayó.
“Dediquemos tiempo a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos. Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario”, resaltó.
“Entonces, como dice san Agustín, ‘nuestra oración, hecha con humildad y caridad, acompañada del ayuno y las limosnas, de la templanza y del perdón; practicando el bien y no devolviendo mal por mal, alejándonos del mal y entregándonos a la virtud, llegará al Cielo y nos dará la paz’, concluyó.