Para muchos es el bailarín Tony Manero, el sicario Vincent Vega o el encantador Danny Zuko. Para otros, es el que un día fue a comprar medialunas a una panadería de Castelar, provincia de Buenos Aires, o el elegido como partenaire de Lady Di para bailar en la Casa Blanca allá por 1985. A veces se tiende a pensar que los actores de Hollywood son una especie de seres especiales que no enfrentan las dificultades de, básicamente, la vida misma, y que su día a día se asemeja más a una ficción que a una realidad. Parte de eso es cierto, sí, pero al mismo tiempo son simplemente seres humanos, con todo lo que eso conlleva. Y si alguien sabe de eso, es John Joseph Travolta. Las escenas de acción y danza que lo llevaron a la fama se alejan mucho de lo que atravesó durante sus 72 años, los cuales celebra este 18 de febrero. En su juventud conoció al amor de su vida, pero una enfermedad terminal le arrebató su futuro juntos. A los tumbos, volvió a ponerse de pie, tuvo una segunda oportunidad para el amor y formó una familia, pero la muerte le tocó la puerta, no una, sino dos veces más.

Un primer amor con 18 años de diferencia que nació en un set de filmación y se terminó demasiado pronto
Cuando tenía 22 años y aún era un joven de Nueva Jersey con muchos sueños y pequeños proyectos, John Travolta fue elegido para protagonizar El chico de la burbuja (The Boy in the Plastic Bubble), una película para televisión inspirada en un caso real sobre un niño con una rara enfermedad inmunológica que se enamora perdidamente de su vecina y debe decidir entre seguir a su corazón o evitar su muerte. Pero, como suele suceder muchas veces, en el set encontró algo más que solo la oportunidad de afianzarse como actor.
Cuando vio a la actriz Diana Hyland, sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Por ese entonces ella, que era 18 años más grande que él, estaba en el proceso de divorciarse de su marido, el productor Joe Goodson, padre de su hijo Zachary. En la película, por la cual ella recibió una nominación al Emmy, interpretaron a madre e hijo y, aunque no tenían un vínculo sentimental, se enamoraron perdidamente.

“Nunca estuve tan enamorado de nadie en mi vida”, le reconoció Travolta en 1977 a la revista People. “Pensé que había estado enamorado antes, pero no. Desde el momento en que la conocí, me sentí atraído. Lo curioso es que antes de que nos conociéramos pensaba que nunca tendría una relación exitosa, y a ella le pasaba lo mismo. Pero de un momento para el otro nos encontramos y nos enamoramos”, aseguró.
Su entorno estaba escandalizado con la diferencia de edad, pero para ellos era un detalle sin importancia: estaban juntos, felices y disfrutaban de una vida compartida en Los Ángeles con el hijo de ella. Paralelamente, Travolta estaba en plena producción de Fiebre de sábado por la noche (Saturday Night Fever), la película que marcaría un antes y un después en su carrera. Pero la felicidad fue demasiado corta. A fines de 1976, Hyland fue diagnosticada con un cáncer de mama terminal y murió tres meses después, a los 41 años. Su pareja estuvo a su lado hasta su último aliento.
“Le di una gran alegría en los últimos meses de su vida. Siempre siento que está conmigo; es decir, sus intenciones están ahí. Diana siempre quiso el mundo para mí, de todas las maneras posibles”, expresó Travolta. Si el primer amor es difícil de olvidar, que una enfermedad lo arrebate tan rápido deja una huella eterna, en lo más profundo del alma.
La pasión que lo ayudó a enfrentar la tristeza
A veces en un mismo momento pueden convivir el duelo personal con la plenitud profesional. Mientras a puertas cerradas Travolta aún lloraba la muerte de su amor, para finales de los 70, era el nuevo galán de Hollywood. Así como su Tony Manero en Fiebre de sábado por la noche lo llevó al estrellato y le dio su primera nominación al Oscar, su Danny Zuko de pantalones ajustados, chaqueta de cuero y jopo perfectamente peinado en Grease terminó de convertirlo en una estrella. Junto a Olivia Newton-John se volvieron una icónica dupla, al punto tal que hoy, 47 años después, suelen ser uno de los disfraces de parejas más populares de Halloween.
Paralelamente, la altura le dio una perspectiva que no podía conseguir en tierra. En 1978 consiguió su primera licencia de piloto de avión, pasión que se convirtió en un motor para salir adelante. Terminó por adquirir varios aviones, construyó una pista de aterrizaje en su casa e incluso en una entrevista con LA NACION en 2010 reconoció que rechazó protagonizar Reto al destino (An Officer and a Gentleman) porque el rodaje se superponía con un entrenamiento de aviación. “Lo lamenté un poco porque la habían escrito para mí, pero realmente quería ir a la escuela de aviación. Richard Gere debe estar muy agradecido”, manifestó. Y sí, seguramente sea así porque, gracias a los rechazos de Travolta, además se quedó con los protagónicos en Chicago, Gigoló americano (American Gigolo) y Días de gloria (Days of Heaven).

Una segunda oportunidad para el amor, una familia y una pérdida indescriptible
Recién doce años después de la muerte de Hyland, John Travolta empezó a sanar su corazón. En el rodaje de Los expertos (The Experts) su camino se cruzó con el de la actriz Kelly Preston. Los dos sintieron una química innegable, pero como amigos, no amantes. Su vínculo se fortaleció después del rodaje, pero pasó mucho tiempo —ella se divorció del actor Kevin Gage, tuvo un romance con George Clooney y hasta se comprometió con Charlie Sheen, y él salió con las actrices Marilu Henner y Catherine Deneuve— hasta que ambos se encontraron en el lugar y momento correctos.

En 1991 tuvieron un doble casamiento, primero en París en una ceremonia oficiada por un ministro de la Cienciología y luego en Florida, puesto que el primero no tenía validez legal, y el 13 de abril del año siguiente le dieron la bienvenida a Jett, su primer hijo. Pero, cuando Travolta pensaba que el dolor era algo del pasado, un duro diagnóstico volvió a impactarlo. A los dos años, el niño fue diagnosticado con el síndrome de Kawasaki, una rara afección que se caracteriza por la inflamación de las paredes de los vasos sanguíneos que suele afectar principalmente a los más chicos.
Durante la mañana del 2 de enero de 2009, Jett sufrió un ataque de epilepsia en una habitación del complejo Old Bahama Bay, en la isla Gran Bahama, donde se encontraba de vacaciones con sus padres y su hermana menor Ella Bleu. La convulsión hizo que se golpeara la cabeza contra la bañera del baño, pero a pesar de los intentos de los médicos para reanimarlo, el daño era irreparable. Tenía solo 16 años.

“Corrí escaleras abajo con mi esposa para ayudar a mi hijo”, dijo Travolta nueve meses después frente a la justicia de Nassau en un juicio contra el paramédico Tarino Lightbourne y el exsenador Pleasant Bridgewater, a quienes acusó de haberlo extorsionado. Según expuso, le pidieron 25 millones de dólares para no publicar un supuesto documento con su firma en el que negaba hacer el traslado de su hijo a un centro médico, algo que la policía desmintió. Finalmente, retiró los cargos.
Recién cinco años después, el actor de Pulp Fiction se animó a hablar a corazón abierto sobre la muerte de su primogénito. “Fue lo peor que me pasó en la vida”, dijo durante una entrevista en el Theatre Royal Drury Lane de Londres. “La verdad es que no sabía si lo lograría. La vida ya no me interesaba, así que me costó mucho mejorar”, admitió. Tras la muerte de su hijo, crearon la Fundación Jett Travolta, para ayudar a niños con discapacidad o en situación de vulnerabilidad.

Pero según él mismo admitió, lo que les permitió salir adelante fue la Cienciología, religión a la que se unió en los setenta y la cual lo tiene, junto a Tom Cruise, como uno de sus máximos referentes. “Siempre voy a estar agradecido a la Cienciología por apoyarme durante dos años seguidos, es decir, de lunes a domingo. No se tomaron un día libre, trabajaron desde diferentes ángulos de las técnicas para superar el duelo y la pérdida, y para hacerme sentir que finalmente podía superar el día”, dijo Travolta.
El día que John Travolta tuvo que despedirse de su esposa
Los años posteriores a la muerte de Jett tuvieron un sabor agridulce para Travolta. El 23 de noviembre de 2010 se convirtieron en padres de Benjamin, quien “le dio a la casa un espíritu y un propósito renovado”, según palabras de Travolta en Good Morning America. Sin embargo, en el medio enfrentaron serios escándalos mediáticos. Durante varios años se especuló mucho sobre la homosexualidad del actor y en 2012 el autor John Randaloph expuso en su libro You’ll Never Spa in This Town Again una supuesta infidelidad de Travolta a Kelly Preston con hombres. Tiempo después, el actor enfrentó varias denuncias por abuso sexual de parte de hombres que fueron tratadas en la justicia.

Para el protagonista de Contracara, la estabilidad personal se volvió su prioridad. Enfocado en su familia y en limpiar su imagen, decidió relegar un poco su carrera, algo que quedó en evidencia en el nivel que tuvo su filmografía, muy lejano al del siglo pasado. Pero cuando todo parecía estar equilibrado y las heridas un poco más sanas, las suturas se abrieron con una devastadora noticia: a su esposa le diagnosticaron cáncer de mama y falleció el 12 de julio de 2020 a los 57 años.

“Con mucho pesar les informo que mi hermosa esposa Kelly perdió su batalla de dos años contra el cáncer de mama”, expresó el intérprete en sus redes sociales. “El amor y la vida de Kelly siempre serán recordados”, escribió y agradeció a los médicos y a todo su círculo íntimo por acompañarlos. Asimismo, pidió disculpas y explicó que iba a tomarse un tiempo para estar con sus tres hijos. A partir de ese momento, se ocupó de honrarla tanto en la intimidad como públicamente. Cada aniversario de su muerte, como los 13 de octubre, día de su cumpleaños, suele dedicarle sentidos mensajes en Instagram.
Un presente envuelto en escándalos, mentorías y experiencias de vida
Durante los últimos años, John Travolta se aferró con fuerza a la religión, a la sensación de libertad de pilotear aviones, a su trabajo como actor y a acompañar incondicionalmente a sus hijos. De hecho, Ella Blue, de 25 años, ya dio sus primeros pasos como actriz y modelo y él es su principal consejero. Asimismo, el 8 de agosto de 2022 tuvo que decirle adiós a su querida amiga Olivia Newton-John y, más recientemente, hacerle frente a la filtración de una demanda que aseguraba que Riley Keough, la nieta de Elvis Presley, le donó óvulos a él y a Preston para que pudieran concebir a su hijo Benjamin.

John Travolta supo caerse y levantarse más veces de las que seguramente hubiese querido. “Aprendí que llorar a alguien, vivir el luto, es algo personal. El luto es individual y experimentar tu propio viaje es lo que te puede llevar a sanar. Esto es distinto al viaje de otra persona. Lo más importante que puedes hacer para ayudar a otro cuando están ellos en pleno luto es permitirles que lo vivan y no complicarlo con el tuyo”, sostuvo en diálogo con Esquire en 2021.
Sus interpretaciones en Fiebre de sábado por la noche, Grease y Pulp Fiction lo inmortalizaron —a él y a sus icónicos bailes— y lograron que hasta la actualidad se lo considere uno de los actores más importantes de Hollywood. “El legado se crea por todas las personas que me han amado y me han ayudado a lo largo de los años. Así que les dejo a ellos que formen cualquier tipo de memoria que deseen tener sobre mí. La vida es movimiento y un viaje; lo que dejas atrás en las personas, supongo que eso es tu legado. Va a ser distinto para cada uno el cómo interpretan mi vida. Y eso está bien, porque ese voy a ser yo”, sostuvo.