El último grito de Milei: “Che, seamos éticos”

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Mi padre, caballero de sólidos principios, solía decirnos a sus hijos, como un mantra, que debíamos ser “decentes y morales”. ¡Lo mismo que ahora le oímos a Milei! Bienvenidísimo el Presi a la legión de los que le recuerdan al mundo las cosas importantes. Y se lo está recordando a diario, con constancia de hormiga, destreza de zorro y rugido de león. Pensar que Néstor solo hablaba de plata; Cristina, de todo un poco, pero acaso trascienda por habernos enseñado “los efectos afrodisíacos de la ingesta de carne de cerdo”; Macri no tenía un discurso monotemático, probablemente porque no tenía discurso, y Alberto apenas era versado en mujeres. Solo el Pelu ilumina el camino con el resplandor de la moral. No estoy sugiriendo que desdeñe otros pilares de la vida en sociedad, como la libertad, la destrucción del Estado y el odio a los periodistas; pero sus mensajes se han vuelto trascendentales desde que nos revela el efecto afrodisíaco de la honestidad: no afanar se ha vuelto, por lo novedoso, excitante.

Lo power de todo esto es que lo diga Javi, cuyas sentencias se convierten en hits, son replicadas ad infinitum en las redes y dan títulos a portales en el mundo entero. Probablemente la gente, acá y allá, se interese en él por lo exótico del personaje: su apariencia, sus formas, sus cinco perrijos, y esa osadía de hablar de moralidad en el Congreso, nido de la casta, y ante los feroces lobos de Wall Street. Más osado todavía: en Nueva York, durante la Argentina Week 2026, acaba de tirárselo en la cara a José Luis Manzano, un lince en la articulación de lo público y lo privado, que carga con el peso de ser tenido, desde el Génesis, por “fruto prohibido”.

El mensaje purificador del Pelu está obrando verdaderos prodigios. Empezando por el propio Manzano, que enseguida llamó a su socio, Daniel Vila, para decirle que se bajaba del holding, uno de los más diversificados y poderosos del país (medios, energía, construcción, servicios públicos…). “Seguí solo o buscate otro. Me sumo a la cruzada de Milei”. Algo parecido le pasó al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, piedra de escándalo por haber ido en un vuelo privado a Punta del Este y, sobre todo, por haber llevado a su mujer a la misión presidencial que fue a Manhattan. En el primer caso se abstuvo de dar explicaciones por ser un tema de su “vida privada”; como que él decide quién le paga los viajes. En el segundo, adujo que llevaba a su esposa porque se iba a “deslomar” trabajando y porque es su “compañera de vida”; un dulce de leche. Después se disculpó: “Me equivoqué con lo de ‘deslomar’”. No, Manolo, amigazo, te equivocaste al subirla al avión. Igual, todo eso fue antes de que las palabras del Pelu le dieran vuelta el corazón. “Si volvemos a Punta del Este, será nadando –declaró–. Si el Presidente nos invita a otro viaje al exterior, no iré con mi mujer. Lo juro. Irá mi mujer.

También Juan Bautista Mahiques, flamante ministro de Justicia, sintió que algo se le removía en las entrañas. Está planteándose si puede seguir siendo, como su papá (juez de Casación), amigo de Tapia y de Toviggino; si no es hora de revisar sus vínculos con la política, con operadores que actúan en su nombre y, claro, con el dinero. Entre los altos funcionarios del Gobierno no se conoce un mea culpa tan radical. Muchos incluso temen que, bajo la figura del arrepentido, se le dé por hablar. “¡Juan, please, acordate de que sos un Mahiques!”.

Todo sea dicho: la prédica de Javi no ha calado en Santi Caputo, el célebre Caputín; tampoco en Dani Scioli y Mario Lugones, y mucho menos en Andrés Vázquez, multiprocesado jefe de ARCA, organismo al que ahora llaman “las arcas del jefe”. Ninguno de ellos está dispuesto a hacer borrón y cuenta nueva. Bueno, lo del borrón van a considerarlo.

¿Lule y Martín Menem? Trascendió un diálogo entre ellos. Martín: Che, ¿llamó Karina? ¿Bajó línea? ¿Hay cambio de agenda? Lule: Obvio que llamó. Obvio que bajó línea. Seguimos con la misma agenda.

Amigos del Presi me cuentan que su impronta moralista tiene algo de autobiográfico: fue el primero en hacer un profundo examen de conciencia. La ristra de episodios que dañaron su imagen –a la cabeza, $LIBRA y el festival de coimas en la Andis– lo convencieron de que la apuesta tenía que ir por ese lado; especialmente cuando la inflación no afloja, el consumo y la recaudación siguen para atriqui y la invasión de productos importados amenaza con dejar un tendal. “¡La ética será nuestro estandarte!”, ordenó el Pelu, y se largó a evangelizar.

Pero el diablo, diablísimo, metió la cola. Pícaros del Indec o de Economía filtraron a operadores del mercado el IPC de febrero (2,9%, otro mes con esa cifra espantosa) antes de que se diera a conocer oficialmente, lo cual provocó una corrida: había que huir de los títulos ajustados por tasa fija y pasarse a los que tienen cobertura inflacionaria. Más que picardía, esa filtración es un delito. ¡Javi, estos sinvergüenzas ganan fortunas con tu inflación! ¡No se enteraron!

Hablá urgente con Kari. Ella se va a ocupar.


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