En Boca Predio ya no se habla de procesos largos. Se habla de urgencias. De la necesidad inmediata de ganar. De un martes en Salta que asoma como examen antes que como trámite. Y en el centro de esa escena aparece Claudio Ubeda, un entrenador que intenta sostener el timón del equipo en medio de un arranque de año que dejó más interrogantes que certezas.
El opaco empate con Racing del viernes pasado fue apenas el prólogo. Apenas terminó el partido, el entrenador xeneize evitó cualquier referencia a su continuidad. No habló de respaldo dirigencial ni de rumores, sino que apuntó directamente al próximo compromiso: los 32avos de final de la Copa Argentina ante Gimnasia Chivilcoy. Un encuentro que, por contexto, vale más que el pase de ronda.

La planificación, sin embargo, sufrió un contratiempo. Juan Barinaga padeció un desgarro (ruptura fibrilar de grado 1 en el músculo recto anterior de su muslo derecho) en la práctica dominical y quedó descartado. Una baja que obliga a reconfigurar la defensa y que precipitó la convocatoria del juvenil Dylan Gorosito, de gran tarea en el Mundial Sub 20 con la selección argentina y en el campeonato de Reserva donde el club azul y oro fue campeón a fin de año. No es un detalle menor: en un equipo donde la última línea venía siendo lo más estable, la lesión introduce una fisura justo antes de un partido eliminatorio.
Ubeda ya había anticipado que habría rotación. No por capricho, sino por necesidad. Boca iniciará una seguidilla de siete partidos en 24 días. “Es necesario el recambio”, explicó. La frase, más que una declaración técnica, suena a búsqueda de aire. Porque el equipo necesita frescura, pero también respuestas.
El arco abre el primer interrogante. ¿Seguirá Agustín Marchesín o será momento de darle minutos a Leandro Brey? La decisión no es menor: la Copa Argentina suele ofrecer espacio para variantes, pero el margen de error es cero. En defensa, Marcelo Weigandt asoma como reemplazo natural en el lateral derecho. Y también podrían reaparecer nombres que llevan meses sin continuidad, como Nicolás Figal o Marco Pellegrino, a quien en las últimas horas sondeó Eduardo Domínguez para intentar sumarlo a Atlético Mineiro, en donde acaba de asumir como DT. Incluso Malcom Braida podría improvisar sobre la izquierda si Lautaro Blanco descansa.
En el mediocampo, la situación es igual de delicada. La baja confirmada de Leandro Paredes y la evaluación física de Ander Herrera obligan a recalcular. Santiago Ascacíbar, Milton Delgado y Tomás Belmonte vienen sumando minutos. El caso de Agustín Martegani es paradigmático: cumplió un año sin jugar oficialmente. En un plantel que necesita competencia interna, ese dato expone desajustes.
Arriba es donde la tensión se vuelve más visible. Edinson Cavani fue silbado en la Bombonera y ni siquiera viajará a Salta, y Miguel Merentiel no logró recuperar aun su mejor versión tras la lesión. La falta de eficacia pesa, y en ese contexto los juveniles Gonzalo Gelini, Iker Zufiaurre y Tomás Aranda piden pista. También Lucas Janson y Kevin Zenón. Y ahora se suma una pieza más al tablero: Adam Bareiro.
Arrancando en el Predio más lindo 💙💛💙 pic.twitter.com/HnAS11sicS
— Boca Juniors (@BocaJrsOficial) February 21, 2026
El exSan Lorenzo llegó hace apenas días y ya se entrenó a la par de sus nuevos compañeros. Viene con ritmo competitivo desde Fortaleza y físicamente está apto. La pregunta no es si jugará, sino cuándo. En un equipo que no encuentra contundencia, su irrupción puede ser una necesidad más que una apuesta. De hecho Ubeda evalúa incluso la posibilidad de incluirlo desde el arranque.
El trasfondo es claro y evidente: Boca no juega bien, no elabora, no sorprende, no llega al área rival y no genera situaciones de riesgo. Es un equipo largo, previsible y sin un conductor que pause y conecte líneas. La sensación de ciclo en evaluación constante sobrevuela el ambiente, como ya ocurrió poco antes del epílogo del trabajo de Hubo Ibarra, Diego Martínez, Fernando Gago e incluso de Miguel Ángel Russo, antes de su fallecimiento.
Sin embargo, la dirigencia, encabezada por Juan Román Riquelme, no muestra señales de ruptura. Puertas adentro sostienen que no hay equipos brillantes en el fútbol argentino y que los procesos requieren tiempo para consolidarse. Más claro: interpretan que con estos dos partidos “accesibles” (Gimnasia de Chivilcoy este martes y el Lobo mendocino en la Bombonera el próximo fin de semana), comenzará el despegue.
🔜 ¡𝗣𝗥𝗢́𝗫𝗜𝗠𝗢 𝗣𝗔𝗥𝗧𝗜𝗗𝗢!
⚽ #CopaArgentina
🆚 Gimnasia de Chivilcoy
🗓 Martes 24/2
🕙 21:15
🏟 Estadio Padre Ernesto Martearena
💻 @ElCanaldeBoca #DaleBoca 🔵🟡🔵 pic.twitter.com/atTeUbYO4O— Boca Juniors (@BocaJrsOficial) February 23, 2026
Pero el fútbol rara vez concede plazos cuando los resultados no acompañan. El partido en el estadio Padre Ernesto Martearena no es solo un cruce ante un rival del ascenso. Es un punto de inflexión emocional. Una derrota encendería alarmas. Una victoria convincente podría aliviar tensiones y reordenar el discurso. Como suele decirse, son ese tipo de cruces incómodos donde el conjunto más poderoso tiene más para perder que para ganar: si golea, es lo lógico. Si no ocurre eso, vuelven los nubarrones.
Ubeda lo sabe. Por eso habló de frescura, de minutos para los chicos, de mantener la importancia del partido. Sabe que en la Copa Argentina no hay red de contención. Es avanzar o quedar expuesto. Y en su caso, la exposición trasciende el resultado.
Boca viajará a Salta con 25 jugadores, entre bajas, regresos y refuerzos. Lo hará con la presión habitual amplificada por el contexto. El entrenador insiste en la calma. La tribuna, en cambio, pide señales.
En ese contexto, la probable formación del equipo es la siguiente: Leandro Brey o Agustín Marchesín; Marcelo Weigandt, Nicolás Figal, Marco Pellegrino, Malcom Braida; Tomás Aranda, Milton Delgado, Tomás Belmonte o Ander Herrera, Iker Zufiaurre o Gonzalo Gelini; Ángel Romero y Miguel Merentiel o Adam Bareiro.