“No vamos a entrar en provocaciones. Lo hace para que reaccionemos”. La frase no parece surgida del grupo político que recibió el 90% de los virulentos ataques, descalificaciones e insultos que descerrajó el presidente Javier Milei en la última Asamblea Legislativa, pero es la indicación que sale de San José 1111, donde Cristina Kirchner cumple prisión domiciliaria, como parte de una estrategia que parece haber dejado atrás el pendenciero “che Milei”.
La expresidenta ingresó en una nueva etapa en su comunicación política, con mensajes más espaciados que cuando apelaba a los audios, ni bien quedó detenida por el fallo de la causa Vialidad, en los comienzos de la administración libertaria, y ni que hablar de aquellas cartas que apuñalaban a la gestión de Alberto Fernández, de la que ella misma formaba parte. Algunos dicen que su internación, al final de 2025, fue la causa del cambio.
Pero el silencio de la expresidenta ante los arrebatos de Milei no obedece a cuestiones de salud ni a la necesidad de preservarse en medio de su duelo con los jueces para que morigeren sus condiciones de detención –algo que le interesa y mucho-, sino a un diagnóstico político: “El Presidente está nervioso, por eso insulta”, sueltan en el entorno de la titular del PJ nacional. Creen que el índice de inflación ya no es motivo de festejo para el Gobierno.

“Hay una inflación creciente, por eso salta así”, analizan el comportamiento de Milei en la Asamblea Legislativa del último domingo, cuando la emprendió en duros términos contra los bloques más nítidamente opositores, el kirchnerismo (y peronismo en general) y la izquierda. A la hora de buscar explicaciones, la expresidenta y sus colaboradores más cercanos señalan que “hace ocho meses que sube la inflación y se cae el consumo”.
El cuadro de situación que esbozan quienes visitan San José 1111 no incluye otra motivación que pudo haber tenido Milei para renovar sus ataques contra el kirchnerismo: recuperarlo como adversario funcional, puesto que en su actual estado de debilidad política no representaría una amenaza seria para su continuidad en el poder. Milei buscaría forzar una polarización, mano a mano, con un rival al que ya probó que puede doblegar.
El silencio de Cristina Kirchner se volvió tan espeso –aún para sus propios seguidores- que hasta aguantó frases del Presidente como la profesía de que estará “presa el resto de su vida”. La jefa del kirchnerismo, que concentra casi todas sus energías en mejorar su situación judicial y de detención, no pudo haber sido indiferente a semejante afirmación de Milei. Pero ni aun así bajó alguna orden para responderle, por lo menos en forma orgánica.
Paradójicamente dado el encierro de Cristina, el kirchnerismo está dispuesto a abrir las puertas para tomar contacto con dirigentes con los que se fueron distanciando en los últimos años. Uno de ellos, Miguel Pichetto, ya pasó por el living de Constitución. El diputado, que fue candidato a vicepresidente de Mauricio Macri en 2019, habría propuesto el armado de una amplia alianza que se mueva desde el centro hacia la izquierda y la derecha, sin llegar a los extremos.
“Ojalá más gente quiera ir a visitarla”, desliza un dirigente que tiene contacto con Cristina Kirchner, al dar cuenta, por un lado, de la intención de sumar voluntades y, por otro, del aislamiento político que conlleva la prisión domiciliaria para la expresidenta. Pero mientras ella mira para afuera, dentro del peronismo sigue teniendo los mismos problemas de siempre con Axel Kicillof, que surgió de su riñón pero ya no la reconoce como jefa.
A tal punto que el gobernador ni siquiera la mencionó en su discurso ante la Asamblea Legislativa bonaerense, algo que le marcó casi al instante la diputada Mayra Mendoza, exintendenta de Quilmes y mano derecha de Máximo Kirchner en La Cámpora. Si bien tiene muchos problemas en el interior de país, donde los gobernadores se le rebelan, el kirchnerismo sigue activo en la provincia de Buenos Aires y cada vez que puede le marca la cancha a Kicillof.
🟣 8M POR CRISTINA LIBRE 🟣
Este lunes 9 de marzo, por el Día Internacional de la Mujer, concentramos a las 14hs en San José 1111 para exigir la libertad de Cristina.
Desde San José vamos al Congreso para marchar a Plaza de Mayo.
¡Queremos a Cristina! 🇦🇷#CristinaLibre pic.twitter.com/3QqGLmriTD
— Argentina con Cristina 🇦🇷 (@argconcristina) March 4, 2026
La última vez que Cristina Kirchner apareció públicamente -dentro del perímetro de su balcón en San José 1111- fue el 19 de febrero, el día de su cumpleaños 73, cuando salió a saludar a un grupo de militantes que se habían congregado para saludarla. Dentro de unos días, el próximo lunes, la escena podría repetirse porque las mujeres del espacio planean reunirse en la misma esquina de Constitución para marchar, desde allí, a la convocatoria del 8M en el Congreso.
Pero ni siquiera los militantes más convencidos del kirchnerismo tienen claro si la conductora les volverá a dirigir la palabra, en esta oportunidad o cuando lo considere conveniente. Ya habían padecido cierta orfandad conceptual cuando la expresidenta demoró una semana en pronunciarse en contra de la reforma laboral, desde que la sancionó el Senado. La ruptura del bloque peronista que supo manejar con mano de hierro fue un golpe para la jefa del PJ.
“Efecto kuka”
Pese a que no sale a rebatirlo públicamente, Cristina Kirchner dice a los suyos que “no hay tal efecto kuka” que invocan el presidente Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, para explicar las turbulencias financieras que, de tanto en tanto, afectan al país. “Cristina está presa y es la que tiene mayor caudal electoral”, se atajan en La Cámpora para explicar que el Gobierno agita un fantasma fake con el regreso de la expresidenta, ya que no puede ser candidata.
En el fondo, en el kirchnerismo creen que Milei -a quien apodan risueñamente como “el bonsai de Trump”– se enfrentará a partir de ahora a la performance de su propio modelo económico. Y como están convencidos de que no le irá bien -se remiten al “industricidio” que también denuncia Kicillof-, entonces pronostican un declive en la aceptación popular del jefe libertario. “Por eso está nervioso. Si hasta se olvidó de mencionar la vuelta a casa del gendarme Gallo”, advierten.