En política económica existen pocas medidas capaces de generar efectos positivos simultáneamente sobre la inflación, la balanza comercial, el empleo industrial, el desarrollo regional, la movilidad y el ambiente.
Aumentar el uso de bioetanol en las naftas es una de ellas.
El reciente agravamiento del conflicto en Medio Oriente volvió a recordar una realidad incómoda para las economías dependientes de combustibles fósiles: el precio internacional del petróleo es uno de los principales factores externos capaces de desestabilizar las variables macroeconómicas internas.
En las últimas semanas, el barril de Brent registró fuertes subas tras la escalada del conflicto con Irán, en medio de temores por posibles interrupciones en el suministro mundial.
En la Argentina, este tipo de shocks se trasladan rápidamente a la inflación. El aumento de los combustibles impacta en el transporte, la logística y los costos productivos, y termina reflejándose en los precios de los bienes y servicios.
Sin embargo, existe una herramienta concreta para amortiguar ese impacto: aumentar el uso de bioetanol argentino y avanzar hacia una matriz energética diversificada, tal como lo hacen con éxito varios países de la región.
A diferencia del petróleo, cuyo precio depende de conflictos geopolíticos, decisiones de la OPEP o tensiones en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, el bioetanol se produce localmente a partir de maíz y caña de azúcar. Su costo depende principalmente de factores domésticos —como la productividad agrícola y la eficiencia industrial— y no de los vaivenes de la geopolítica global.
En Brasil, cerca del 50% del combustible utilizado en el transporte automotor es etanol, lo que da sustentabilidad y una notable resiliencia frente a los shocks petroleros. Paraguay, por su parte, diversifica con mezclas cercanas al 30%.
La Argentina, en cambio, mantiene desde hace más de una década un mandato de mezcla del 12%, muy por debajo de su potencial productivo. Actualmente produce 1,2 millones de metros cúbicos de bioetanol por año, mientras que la capacidad instalada alcanza aproximadamente 1,5 millones de metros cúbicos. Esto implica que la industria cuenta con un 25% de su capacidad para una mayor producción.
El dato es clave: la Argentina podría aumentar el corte de bioetanol de manera inmediata, sin necesidad de nuevas inversiones, simplemente utilizando la infraestructura industrial que ya existe.
Un impacto directo en la balanza comercial
El uso de bioetanol permitió ahorrar cerca de 619 millones de dólares en importaciones de nafta durante 2025, a pesar de los cual, Argentina debió importar 400 millones de dólares, debido a la insuficiente capacidad de refinación de nafta para cubrir la demanda interna.
Si el corte aumentara al 15% (E15) —un nivel plenamente compatible con los motores actuales— el país evitará casi 200 millones de dólares adicionales en importaciones.
Los números son contundentes; la incorporación de más bioetanol a la mezcla también tiene un impacto directo y favorable sobre la balanza comercial.
En una economía con restricciones estructurales de divisas y que ahora enfrenta un brusco aumento del petróleo, este impacto macroeconómico ya resulta imposible de ignorar.
Energía competitiva frente a shocks externos
Aumentar el uso de bioetanol también implica multiplicar la actividad a lo largo de toda la cadena productiva: mayor demanda de materias primas agrícolas, más actividad industrial, más empleo en las plantas bioenergéticas y mayor desarrollo económico en provincias como Córdoba, Santa Fe, San Luis, Tucumán o Salta.
A ello se suman beneficios ambientales y técnicos relevantes. El bioetanol reduce las emisiones de gases de efecto invernadero y mejora el octanaje de las naftas, lo que permite motores más eficientes y combustibles de mayor calidad.
El mensaje que nos envía la economía global (y nuestros vecinos) es claro: debemos fortalecer la seguridad energética y la estabilidad económica, y cuidar al consumidor utilizando energía competitiva y sustentable producida en el país.
Adam es director ejecutivo de la Cámara de Bioetanol de Maíz y Jorge Feijóo es presidente del Centro Azucarero Argentino