Durante décadas, los muros de adobe y las pistas de aterrizaje privadas del Zorro Ranch fueron sinónimo de un hermetismo inquietante. Hoy, bajo el sol de marzo, el polvo vuelve a levantarse en la propiedad, pero no por las visitas de la élite global, sino por las palas de los investigadores estatales y la ambiciosa visión de un político texano que busca “exorcizar” el pasado del lugar.


La propiedad de más de 3000 hectáreas, que alguna vez fue la joya de la corona del patrimonio de Jeffrey Epstein, tiene un nuevo dueño: la familia de Don Huffines, exsenador republicano de Texas y actual candidato a “comptroller” (equivalente a auditor) de su estado. Tras una compra discreta en 2023 a través de la entidad San Rafael Ranch LLC, el nombre de Huffines emergió de las sombras el mes pasado, vinculando su carrera política con uno de los terrenos más infames de Estados Unidos.





Huffines es republicano, católico y un aliado incondicional de Donald Trump. El presidente de los Estados Unidos dice que es un “MAGA Warrior”. Es por eso que la noticia de que él era el nuevo dueño de la propiedad generó suspicacias. Y tuvo eco en redes sociales…


Un refugio espiritual sobre cimientos oscuros
Huffines no solo compró la tierra: compró también un estigma que ahora intenta transformar. Lo primero que hizo fue rebautizar la propiedad como Rancho San Rafael, en honor al arcángel de la curación. En un breve cruce que mantuvo en X (ex Twitter) reveló que su plan es convertir la mansión de 3,000 metros cuadrados en un retiro cristiano.




El 17 de febrero, Huffines escribió: “En 2023, cuatro años después de la muerte de Epstein, el Rancho San Rafael había estado en el mercado abierto durante años y su subasta pública ya estaba programada.
Al momento de la venta, se promocionó que los ingresos se destinarían a las víctimas. Desde entonces, los abogados del patrimonio han confirmado que las ganancias de dicha venta beneficiaron a las víctimas.
Lo que el enemigo una vez planeó para el mal, Dios puede redimirlo para el bien. Es por eso que renombramos la propiedad como San Rafael, en honor al santo asociado con la sanación física y espiritual, y comenzamos de inmediato los planes para transformarla en un retiro cristiano, reclamándola para Jesús. Incluso la nueva entrada reflejará esa misión y dirá: “BENDITOS LOS QUE VIENEN EN EL NOMBRE DEL SEÑOR”.
In 2023, four years after Epstein’s death, San Rafael Ranch had been listed on the open market for years and was scheduled for public auction.
At the time of the sale, it was marketed that the proceeds would go to the victims. It has since been confirmed by the estate’s…
— Don Huffines (@DonHuffines) February 17, 2026
Pero el cambio estético no logró borrar la memoria de un sitio que las víctimas de Epstein describieron como una “fábrica de abusos”. Sin embargo, la redención prometida ha chocado frontalmente con la cruda realidad de una investigación criminal que se niega a morir.


El regreso de los peritos
A pesar del cambio de dueño, el rancho volvió a los titulares esta semana por una razón sombría: el lunes 9, agentes del Departamento de Justicia de Nuevo México iniciaron un allanamiento a gran escala.
La chispa de esta nueva incursión proviene de la reciente desclasificación de millones de archivos de la era Epstein. Entre los documentos, correos electrónicos de 2019 mencionan una posibilidad estremecedora: la existencia de restos humanos enterrados en las colinas que rodean la propiedad. La fiscalía estatal, dirigida por Raúl Torrez, ha dejado claro que la venta del inmueble no otorga inmunidad a los secretos que el suelo pueda esconder.
“Estamos buscando la verdad, sin importar cuánto tiempo haya pasado o quién sea el dueño actual”, señaló una fuente oficial cercana a la investigación.

El rancho del horror (y de los bebés)
En los documentos recientemente desclasificados aparecen testimonios de mujeres que denuncian haber sido abusadas en Zorro Ranch. Virginia Giuffre (antes Roberts) es quizá la testigo más conocida. En sus declaraciones judiciales y entrevistas, describió haber sido llevada al rancho de Nuevo México en varias ocasiones cuando era menor de edad. Afirmó que allí fue obligada a mantener relaciones sexuales con Epstein y otros hombres poderosos de su círculo.
Annie Farmer, una de las mujeres que testificaron en el juicio contra Ghislaine Maxwell en 2021. relató que en 1996, cuando tenía 16 años, fue invitada al Zorro Ranch junto con su hermana. Testificó que Epstein la agredió sexualmente en la propiedad bajo el pretexto de darle un “masaje”.
Sarah Ransome detalló el funcionamiento de la red de Epstein y mencionó el rancho como uno de los lugares de la “red de propiedades” donde las mujeres eran trasladadas para ser abusadas y controladas.
En 2019, el New York Times reveló que Jeffrey Epstein planeaba “utilizar su rancho de Nuevo México como base donde varias mujeres serían inseminadas con su esperma para dar a luz a sus hijos”. Su modelo era el “Repository for Germinal Choice”, un banco de esperma que operó entre 1980 y 1999 y que solo aceptaba donaciones de ganadores del premio Nobel.
Hay un dato que hoy desvela a los investigadores. El 21 de noviembre de 2019, Eddy Aragon, propietario de una estación de radio local que trató el tema del Zorro Ranch en repetidas ocasiones, recibió un mensaje anónimo que decía: “¿Sabía que en algún lugar de las colinas a las afueras de Zorro (sic), dos chicas extranjeras fueron enterradas por orden de Jeffrey y ‘Madame G’? Ambas murieron por estrangulamiento durante una sesión de sexo violento y fetichista”. Aragon envió este mensaje al FBI ese mismo año con la impresión de no haber sido tomado en serio. Sin embargo, todo cambió a principios de este año, 2026, con la publicación de millones de documentos judiciales relacionados con Jeffrey Epstein. A finales de febrero, el parlamento de Nuevo México decidió reabrir la investigación. Se ha creado una “Epstein Truth Commission” (Comisión de la Verdad sobre Epstein).
El costo de la infamia
La propiedad salió a la venta con un precio de 27.5 millones de dólares. Pero no recibió ofertas. Don Huffines logró un negocio inmobiliario espectacular: compró Rancho Zorro por $13.4 millones de dólares, menos de la mitad de su precio original.






Para Don Huffines, la propiedad representa un reto doble: político y espiritual. Mientras sus oponentes en Texas cuestionan la óptica de poseer el antiguo centro de operaciones de un depredador sexual, él se mantiene firme en su misión de limpieza.
Por ahora, el Rancho San Rafael permanece en un limbo extraño. Entre las oraciones de los nuevos propietarios y las excavaciones de la policía, el desierto de Nuevo México parece guardar aún la última palabra sobre el legado de Jeffrey Epstein.

