Bolivia: tensiones en el nuevo gobierno

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Tras dos meses de la asunción del nuevo gobierno, los disensos entre el presidente Rodrigo Paz y su vicepresidente Edman Lara se acentuaron hasta límites poco convenientes. El último episodio tuvo su origen en el respaldo de este último a las movilizaciones de la Central Obrera Boliviana (COB) contra el decreto que declaró la emergencia económica y dispuso el retiro de la subvención a los combustibles, estableciendo incrementos del 86% para la nafta y del 162% para el diésel con respecto al costo subvencionado que rigió por más de 20 años

En videos en TikTok, el vicepresidente se declaró en “oposición constructiva” al gobierno, tildó de “corrupto” a Paz y también arremetió contra ministros y legisladores a quienes insultó por “causar una convulsión social” debido a las consecuencias que estima que provocará el referido decreto. “Hay gente que dice que ya no soy parte del gobierno y soy oposición. ¡Cuánta razón!”, manifestó Lara.

Algunos legisladores le exigieron que se retractara, pero el vicepresidente ratificó sus declaraciones y aseguró contar con evidencias, lo que llevó a diputados del oficialismo y de la oposición a anunciar el inicio de procesos penales en su contra por expresiones calificadas como ofensivas y consideradas agraviantes para la institucionalidad del Congreso.

La furia del vicepresidente Lara se desató después de que no pudo lograr la aprobación, en sesión de la Asamblea Legislativa, que él preside, de una resolución de rechazo al decreto en cuestión. Otro revés que recibió fue la aprobación de los créditos internacionales, sobre los que días antes había asegurado que el Parlamento no iba a dar curso.

Su enojo llegó aún más lejos: confirmó que competirá en las subnacionales con su propio partido de manera independiente. Señaló que presentará candidatos a la gobernación y a la alcaldía, confirmando así un alejamiento del Partido Demócrata Cristiano (PDC) y de Paz. Esta circunstancia abre un escenario inédito: un vicepresidente compitiendo de manera paralela al presidente en unas elecciones subnacionales.

La relación entre Paz y Lara no ha dejado de ser tensa desde que el binomio ganó la segunda vuelta electoral, en octubre pasado. Con anterioridad, dos meses antes de las elecciones, Lara se definió como la garantía para los votantes de su fórmula. “Si Rodrigo Paz no cumple, yo lo enfrento” manifestó.

Esta situación tensiona las estructuras tradicionales del poder y coloca al país ante un complicado desafío institucional, ya que la coordinación entre presidente y vicepresidente es fundamental para la gobernabilidad.

El nuevo gobierno de Bolivia enfrenta el reto de refundar la democracia en un país asfixiado por décadas de autoritarismo, pobreza y narcotráfico. Es momento de dejar de lado las diferencias personales, los desentendimientos políticos y las señales públicas contradictorias que han comenzado a generar ruido en una población que exige unidad, claridad y trabajo conjunto. El país que los eligió no votó por una propuesta de gobierno dividida.


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