El destituido capitán de navío Claudio Villamide, exjefe de la Fuerza de Submarinos de la Armada, se declaró inocente ante el tribunal del juicio por el hundimiento del ARA San Juan, que provocó la muerte de sus 44 tripulantes a finales de 2017.
“Los cargos que se me hacen son injustos, son falsos. Soy inocente”, dijo Villamide. Negó falencias en el estado operativo de la nave y afirmó que las decisiones adoptadas por la conducción de la Armada antes de la última misión fueron las adecuadas.

El juicio oral por el hundimiento ocurrido el 15 de noviembre de 2017 empezó el martes: cuatro exaltos mandos de la Armada son juzgados por la tragedia, acusados de incumplimiento de los deberes de funcionario público, omisión de deberes del oficio y estrago culposo agravado por el resultado de muerte.
“Cumplí con mi deber, cumplí con la doctrina de submarinos, con los reglamentos y con los procedimientos”, declaró Villamide, uno de los acusados.
Lo escuchaban los jueces Mario Reynaldi, Enrique Baronetto y Luis Giménez.
“El submarino San Juan cumplió las normas y los requisitos reglamentarios establecidos para hacerse a la mar. Es falso que no estaba en condiciones de navegar”, enfatizó.
Durante su exposición, Villamide explicó cómo funciona el alistamiento de un submarino. No es una decisión personal de nadie, es un sistema, aclaró. Antes de cada zarpada hay cuatro controles formales: el Sistema de Mantenimiento Planificado, el Índice de Calificación de Materiales y las pruebas de 48 horas previas ejecutadas por toda la tripulación, y la doble verificación de mecanismos antes de navegar. Si un sistema esencial está inhabilitado, el submarino no opera. Ninguna tripulación aceptaría zarpar e irse a inmersión en el Atlántico sin confiar en su seguridad, añadió.

En su testimonio sostuvo que, desde que salió de la reparación de media vida, el ARA San Juan presentaba novedades pendientes que se fueron atendiendo progresivamente; la mayoría estaban ejecutadas, y las pendientes no afectaban la seguridad. Las obras correctivas pendientes a octubre de 2017 incluían, por ejemplo, el triturador de residuos de la cocina o un contador de horas funcionamiento de un sonar, que no comprometían la navegabilidad.
Junto a Villamide son juzgados Luis Enrique López Mazzeo, excomandante del Comando de Alistamiento; Héctor Aníbal Alonso, exjefe del Estado Mayor del Comando de la Fuerza de Submarinos; y Hugo Miguel Correa, que estaba a cargo del área de operaciones de comunicaciones submarinas.
La acusación es impulsada por el fiscal federal de Caleta Olivia Lucas Alberto Colla y por María Garmendia Orueta, de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA).
“Ni la tripulación ni nadie en el Estado Mayor, ni nadie en la Armada consideraba que el San Juan no podía navegar. No había papeles que dijeran que no podía navegar”, insistió Villamide.
Según su relato, el 14 de noviembre se reportó un ingreso de agua de mar que causó un cortocircuito en el sistema de baterías de proa. La tripulación consiguió controlarlo en un primer momento: “La tripulación pudo resolver sin inconvenientes ese tema, porque subió a superficie, normalizó la maniobra, cargó aire, ventiló el buque y nuevamente volvió a inmersión”.
Pero, luego, entre las 8.45 hasta 10.51, se desencadenó otro evento que provocó la incapacitación parcial o total de la tripulación y la pérdida de control del submarino, añadió.
“Afirmar que el buque no estaba en condiciones y que los enviamos a la muerte es indignante”, dijo Villamide. A su juicio, significa menospreciar la idoneidad y aptitud profesional de los 44 tripulantes, altamente capacitados y con vocación de mar para cumplir sus deberes.
Sólo momento se quebró y fue al recordar a sus camaradas fallecidos: los nombró de a uno.
Qué pasó
Villamide declaró que no existe una explicación concluyente sobre los motivos del desastre. “No aconteció que el buque se inundará; no se rompió ninguna tubería de refrigeración ni falló ninguna válvula en casco, porque no fue encontrado así. Pero sí pasó lo siguiente: por alguna causa que desconocemos, la tripulación perdió el control de la profundidad del submarino y el submarino se fue a pique. En algún momento, al alcanzar su profundidad de colapso, el buque implotó y naufragó a 907 metros de profundidad”.
En otro tramo, insistió: “No sabemos qué pasó. Nadie tampoco vinculó las novedades existentes al causal que provocó el naufragio del submarino. A fin de cuentas, no sabemos lo que ha ocurrido hasta ahora”.