Cuando Yerin Ha, la protagonista de la esperada cuarta temporada de Bridgerton, recibió el llamado que le confirmó que había sido contratada para incorporarse a la exitosa serie basada en las novelas románticas de Julia Quinn, estaba almorzando con su mamá en un lugar inusual para una heroína del cuento de hadas ambientado en la Inglaterra de la Regencia. La actriz de 28 años atendió su teléfono en pleno Gangnam, el barrio de Seúl que se hizo famoso globalmente hace 14 años gracias al omnipresente tema musical “Gangnam Style”. La locación, aunque algo distinta de lo esperado para la ficción de producción norteamericana y fantasioso espíritu británico, resultó apropiada para la nueva heroína de la historia en la nueva temporada que desde hoy tendrá sus primeros cuatro episodios disponibles y los siguientes cuatro-una pesadilla para los ansiosos-, recién el 26 de febrero.
Después de todo, Sophie Baek no es como las protagonistas anteriores de las fábulas de amor y sensualidad contadas en Bridgerton. Y no solo porque el personaje es de origen coreano -de ahí el cambio del apellido de la novela, Beckett a Baek-, sino porque por primera vez pertenece a otra clase que la de los dorados Bridgerton. Lo que resulta en varios obstáculos para los protagonistas, pero también explora por primera vez en el programa la vida del ejército de sirvientes que hasta ahora eran testigos mayormente silenciosos de las desventuras de la nobleza enamoradiza.

“Sophie era bastarda”, dice la primera línea de la novela de Quinn, Te doy mi corazón, en la que está basada la nueva temporada que propone su propia versión de La Cenicienta, con baile de disfraces, un flechazo y un artículo de vestimenta abandonado incluidos. La trama relata el vínculo entre Sophie, hija ilegítima de un noble reducida a la servidumbre por su madrastra Lady Amarinta (interpretada por Katie Leung, a la que algunos reconocerán como la primera novia de Harry Potter en la saga del mago adolescente), y Benedict, el rebelde y apuesto segundo hijo de la parentela Bridgerton, al que todos califican como un libertino, una descripción que a él le da igual y su madre, Lady Violet, está desesperada por modificar. Pero aún para la oveja negra de la familia la posibilidad de enamorarse de una empleada resulta inconcebible, especialmente porque no puede sacarse de la cabeza a la dama de plateado que conoció en el baile de máscaras organizado por su madre. Que la misteriosa desconocida y la fascinante Sophie sean la misma persona le aporta a la serie una nueva intriga por descubrir después de la revelación en la temporada anterior de que Penelope Featherington, ahora de Bridgerton, era Lady Whistledown.

Si hasta ahora los impedimentos para el romance en la serie tenían que ver con las rígidas convenciones del mercado matrimonial reservado para la nobleza, en esta oportunidad el foco del conflicto es más amplio y el anhelo de lo prohibido aún más intenso, un desafío para los actores a los que les tocó interpretarlo y especialmente para Ha, la nueva incorporación de la saga. Una virtual desconocida para el público masivo y la primera sorprendida de haber conseguido el papel que no figuraba en sus planes y mucho menos en sus sueños.
De Seúl a Londres, con escalas
La actriz, que apareció en papeles secundarios en las series Dune: la profecía (HBO Max) y Halo (Paramount+), nació en Australia pero sus vínculos con la actuación la llevaron a pasar mucho tiempo en Corea del Sur, la patria de sus padres. Su familia materna, de hecho, pertenece a una reconocida dinastía del universo teatral de aquél país, y su abuela, Son Sook -una leyenda de las tablas, el cine y la TV- hace poco aseguró en una entrevista televisiva que su nieta es mucho mejor actriz que ella. Más allá del halago de la abuela, lo cierto es que Ha siempre supo que quería dedicarse a la actuación, pero fue a los 14 años, al tiempo de comenzar su formación artística en Sídney que su mamá le sugirió que viajara a Corea para aprender el idioma e intentar construir su carrera como intérprete allí.

Según contó la actriz en un reportaje con la revista cultural Air Mail, el traslado le permitió, por primera vez en su vida, dejar de ser parte de una minoría. “En aquel tiempo, mi mamá creía que en Australia las oportunidades para los actores asiáticos eran escasas”, recordó. Así, la por entonces adolescente Ha asistió a una escuela secundaria dedicada a las artes en Seúl durante tres años, y luego regresó a Sídney para cursar sus estudios superiores en el prestigioso conservatorio de arte dramático de la ciudad, del que se graduó en 2018. Un año después consiguió el papel más importante de su carrera -hasta ahora- en una celebrada puesta teatral de El señor de las moscas.
El éxito de la obra la llevó a participar de algunos ciclos de la TV australiana y luego a ampliar su alcance con series producidas en Hollywood. Pero el verdadero cambio comenzó cuando sus agentes le avisaron sobre las audiciones para la nueva temporada de Bridgerton, que ya llevaban varios meses en marcha cuando ella tuvo la oportunidad de enviar su grabación a los productores.

Con la tarea cumplida y sin expectativas por los resultados de la audición, Yerin aprovechó una pausa en sus compromisos teatrales para acompañar a su madre a visitar a unos familiares en una zona rural de Corea del Sur. “Estaba en el supermercado con mi mamá y me llamó mi agente para decirme que tenía que mandar otra grabación para Bridgerton y que tenía un plazo de 24 horas para hacerlo”, contó la actriz, que en principio entró en pánico porque además del apuro lo que más la preocupaba en aquel momento era que no tenía aceitado el acento británico que el personaje de la serie requería.
De todas maneras, superó su aprehensión y volvió a mandar su material a los productores como le habían indicado. Unos días después le pidieron que se conectara por Zoom para probar su “química” con Luke Thompson, el actor británico que lleva tres temporadas interpretando al segundón Benedict a la espera de su propia historia de amor. Por la diferencia horaria entre Inglaterra y Corea del Sur, esa comunicación cayó cerca de la medianoche para Ha, que se conectó al encuentro tratando de controlar sus nervios y casi de inmediato se enteró de que su esfuerzo valió la pena.

Catorce días después de haber enviado su primera grabación la actriz recibió aquel llamado en un restaurante de Gangnam, una de las zonas de compras más elegantes de Seúl, volvió a Australia, organizó sus valijas y partió hacia Londres. Casi como si la varita mágica de su hada madrina hubiese transformado una calabaza en carruaje de cristal.
Al llegar a Inglaterra, Ha debió sumergirse de lleno en la usina de producción de Netflix: durante un mes combinó ensayos con pruebas de vestuario y clases de danza, con el fin de prepararse para los rigores de interpretar a Sophie durante los nueve largos meses que duró el rodaje. De ellos, una quincena estuvo dedicada enteramente a grabar la secuencia del baile de máscaras que abre el primer episodio, unas escenas fundamentales para establecer el tono de lo que vendrá, la personalidad de su personaje y el vínculo con Benedict además del resto de las relatos que van en paralelo al romance central en la temporada.

La secuencia, una de las más recordadas por los lectores de la saga literaria, debía también plantear el conflicto del relato sin descuidar ni exagerar las referencias a La Cenicienta y, al mismo tiempo, darle a la actriz una presentación digna del personaje en el que Ha encontró un reflejo de su propia historia. “Ella siente que no merece ser amada y yo, en algún momento de mi vida, pasé algo similar. Me sentía fuera de lugar al crecer en los suburbios de Sídney y yendo a una escuela pública donde no había una comunidad de chicos asiáticos”, explicó hace pocos días la actriz en un reportaje con la revista W, en el que también reveló que el verdadero desafío de haberse incorporado al tanque de Netflix fue cambiar su propia forma de pensar y de ver el mundo.
“A pesar de que sé que la representación de las minorías está cambiando en Hollywood, nunca pensé que ese sería mi camino. Siempre imaginé que me contratarían para ser la mejor amiga de la protagonista y estaba satisfecha con eso. Por más que soñé y deseé que las cosas fueran distintas, no pensé que me sucedería a mí, que yo podría interpretar al personaje central. Y cuando pasó, tuve que redirigir mi cerebro para convencerme de que estaba pasando y que me lo merecía”, concluyó la actriz que contra sus propios pronósticos se transformó en la heroína del cuento de hadas que todo el mundo quiere ver.