Carta de la semana
Día de la Madre
Seguramente, para algunos, será un día con fines comerciales. Para otros, será siempre motivo de un homenaje muy íntimo. “El viejo roble” como decía el inolvidable Luis Sandrini. Estoy convencido que en el cielo se leen las cartas de los lectores. Los que la tienen, aprovechen para abrazarla fuerte porque, en el abrazo, se juntan dos corazones. Los que ya no la tenemos, enviamos al cielo un “gracias viejita”.
José María Ugarte
Poner fin a la barbarie
¿Cuánto tiempo más los ciudadanos civilizados que habitamos este país tendremos que tolerar barbaries como las perpetradas por un grupo de inadaptados el jueves pasado, en la llamada Marcha Federal Universitaria, frente al Congreso, y que destruyeron los bienes públicos? ¿Cuánto tiempo más debemos soportar semejante violencia? ¿Por qué quienes pretendemos un país tolerante, una sociedad pacífica y democrática, tenemos que hacernos cargo de semejante salvajismo? Independientemente de cuál sea el reclamo, los manifestantes deben ejercer su derecho a la protesta dentro del marco de la ley, respetando el patrimonio común. En reiteradas oportunidades el Presidente refirió que pretende hacer de la Argentina el país más libre del mundo, pero nadie debería olvidar que para lograr que esa libertad no se transforme en desenfreno primero hay que recuperar los valores de orden, seguridad, respeto y moderación.
Frente al anhelo de una Argentina libre como la que pretende el Sr. Presidente, no solo las autoridades sino todos los ciudadanos en su conjunto debemos ser intransigentes con el vandalismo, inflexibles con la barbarie, o de lo contrario seguiremos observando pasivamente cómo aquellos que no acatan la ley ni respetan el orden reciben, inmerecidamente, el mismo trato que recibimos quienes sí lo hacemos.
Miguel Budich
Historia repetida
“Marcha pacífica”. Hay quienes calificaron así a la marcha del jueves pasado. Y no me refiero a los universitarios que, en mi opinión, debieron haberla postergado para no quedar en el medio del caos que se vivió. Además de las imágenes que mostraron los medios, quienes trabajamos en la zona pudimos comprobar que de pacífica no tuvo nada. Grupos violentos e indudablemente organizados rompieron veredas y agredieron verbalmente y con piedras al personal policial. Lo lamentable es que esto lo vimos y lo sufrimos en la gestión del ingeniero Macri. La historia se repite.
Cristina Wakim
Destrozos
El gobierno de la ciudad se la pasa gastando dinero para reparar la Plaza del Congreso después de cada manifestación violenta: propongo que solo sea de pasto, sin bancos ni veredas, ya que el que rompe no paga y tampoco la pueden cuidar. Total, somos nosotros los que pagamos, pero tenemos otras prioridades, como la seguridad, que no hay.
Felipe Heyde
fheyde@hotamail.com
¿Qué defendemos?
Las movilizaciones por el financiamiento universitario volvieron a poner a la educación en el centro de la conversación argentina. También son una oportunidad para ampliar la reflexión sobre qué significa defenderla. En la Argentina, la universidad gratuita ocupa un lugar importante en nuestra historia. Su aporte a la formación, la investigación y al acceso a la educación superior merece ser reconocido. Pero valorar nuestras instituciones también implica preguntarnos cómo mejorarlas. El financiamiento es indispensable, aunque no garantiza por sí solo mejores aprendizajes. Los resultados de PISA, por ejemplo, muestran las dificultades que enfrentan muchos estudiantes para alcanzar conocimientos fundamentales y nos recuerdan que garantizar el acceso a la educación no significa necesariamente garantizar una mejor enseñanza. Por eso necesitamos también discutir cómo se enseña, qué prácticas favorecen el aprendizaje y qué condiciones, formación continua y qué acompañamiento necesitan los docentes para llevarlas adelante. Esto requiere mirar el sistema educativo en su conjunto. No se trata de elegir entre financiar universidades o mejorar la educación obligatoria, sino de preguntarnos qué sucede con quienes nunca llegan a la universidad o atraviesan años de escolaridad acumulando dificultades. La igualdad de oportunidades se construye mucho antes. Y para abordar estos desafíos necesitamos continuidad. La educación no mejora de un día para otro, ni podemos empezar de cero con cada gobierno. Necesitamos continuidad en las políticas educativas, con transparencia, evaluación de resultados y capacidad para aprender y mejorar.
¿Qué educación queremos, cómo podemos mejorarla y qué estamos dispuestos a sostener en el tiempo para lograrla?
Clara Pirovano
Mensajes
El país entero pudo conocer en vivo y en directo, por medio de la manifestación de la llamada Marcha Universitaria, lo que son los verdaderos “mensajes de odio”.
Roque Sanguinetti
roquesang@yahoo.com.ar
La corrupción
Creo que el artículo “Corrupción”, que firma Diego Cabot, debería ser de acceso libre, publicado como separata, enviado a colegios primarios y secundarios y leído en los principales noticieros de la TV. Creo que trata un problema de “salud pública”. Porque la corrupción mata. Así somos ahora un pueblo de víctimas, y no a causa de los ingleses.
Miguel J. Maxit
mjmaxit6@gmail.com
Información y verdad
La reflexión de José Claudio Escribano sobre la inteligencia artificial tiene el mérito de advertir, con singular lucidez, que el desafío de nuestro tiempo no es solamente tecnológico, sino también moral: ¿de qué sirve disponer de más información si se debilita nuestra capacidad de reconocer la verdad? Una sociedad libre no se sostiene únicamente en la abundancia de datos, sino en la formación del juicio, la honestidad intelectual y la responsabilidad de quienes informan. Cuando la búsqueda de atención prevalece sobre la búsqueda de la verdad, el daño trasciende al periodismo y compromete la calidad de la vida democrática. El desafío no consiste en renegar de los avances tecnológicos, sino en recordar que ninguna herramienta puede sustituir la conciencia humana ni la responsabilidad moral. Una sociedad puede estar cada vez más informada y, sin embargo, cada vez menos preparada para comprender la realidad. Evitar esa paradoja es una responsabilidad que ninguna tecnología puede asumir por nosotros.
Juan T. Medi Cogo
Salud mental
Estas líneas son para visibilizar una realidad que suele permanecer en silencio: la salud mental de las madres de hijos e hijas con discapacidad. Ser madre ya implica una transformación profunda. Cuando a esa maternidad se suma la discapacidad de un hijo, el camino se vuelve más exigente, más solitario y, en muchos casos, invisible para el resto de la sociedad. El cuidado permanente, las terapias, las gestiones administrativas, la incertidumbre sobre el futuro y la constante preocupación por el bienestar del niño o la niña generan una carga emocional que pocas veces se nombra y aún menos se acompaña. Muchas de estas madres viven con altos niveles de estrés, ansiedad, agotamiento y, en no pocos casos, depresión. El sentimiento de culpa (“¿hago lo suficiente?”), el aislamiento social, la falta de redes de apoyo reales y la dificultad para encontrar espacios donde puedan hablar sin ser juzgadas agravan la situación. Además, con frecuencia priorizan las necesidades de sus hijos por encima de las propias, postergando indefinidamente su autocuidado y su salud mental.
No se trata de victimizar, sino de reconocer. Estas mujeres sostienen diariamente a sus hijos con una fuerza admirable, pero esa fuerza también se desgasta. Necesitamos políticas públicas y servicios de salud mental que contemplen específicamente a las cuidadoras principales. Que los equipos de salud, las escuelas y las instituciones sociales pregunten, escuchen y ofrezcan acompañamiento real. Y necesitamos, como sociedad, dejar de romantizar el sacrificio materno y empezar a sostenerlo de manera concreta: con respiro, con redes, con acceso a terapia y con reconocimiento.
Cuidar la salud mental de las madres de personas con discapacidad no es un lujo ni un asunto secundario: es una condición necesaria para que ellas puedan seguir acompañando a sus hijos con la dignidad y la presencia que merecen. Porque cuando una madre se derrumba, se derrumba también una parte esencial del sistema de cuidado de su hijo. Espero que estas palabras contribuyan a abrir la conversación y, sobre todo, a generar acciones.
Mariana Conca