Radiografía federal vs. fotografía global: ¿cómo está hoy la educación en la Argentina?

COMPARTIR

Cada tres años, la opinión pública entra en pánico cuando se publican los resultados del ranking mundial PISA. Sin embargo, el verdadero debate pedagógico ocurre en silencio dentro de nuestro territorio. Posiblemente encontremos más respuestas revisando qué pasa en casa con las Pruebas Aprender que mirando hacia afuera. Para entender dónde estamos parados, es necesario ordenar el mapa: hoy la educación argentina muestra una mejora histórica en Lengua (primaria) y una crisis estructural en Matemática (secundaria).

Los últimos resultados de las Pruebas Aprender en 6° grado muestran una mejora generalizada en todo el país: la proporción de alumnos con niveles satisfactorios o avanzados en Lengua aumentó 10,5 puntos porcentuales. ¿Por qué se dio este salto?

La respuesta es un cambio de paradigma pedagógico. Se abandonó progresivamente la “psicogénesis” -un método global de inmersión vigente desde los años 80 donde el chico adivinaba las palabras por el contexto- para regresar a planes estructurados basados en la conciencia fonológica. La neurociencia ya demostró que el cerebro necesita que se le enseñe a descifrar el código de manera explícita, conectando cada letra con su sonido.

Este impulso pedagógico no fue un esfuerzo aislado, sino que funcionó acoplado a la recuperación de la presencialidad plena, más días de clase efectivos y planes intensivos de lectura. Además, es el resultado de una política transversal: nació como una experiencia piloto en provincias de distintos signos políticos y se consolidó en mayo de 2024 con el Compromiso Federal por la Alfabetización, firmado por unanimidad por las 24 jurisdicciones. Cuando el aula recibe planes basados en evidencia científica y continuidad política, los chicos responden.

Al analizar cómo mejoró en Lengua cada provincia, los datos muestran que las jurisdicciones que más rápido mejoran son, en general, las que venían más atrás. Provincias como San Juan, Catamarca y La Rioja lideraron la velocidad de mejora, pegando un salto histórico de casi 14 puntos porcentuales en la tasa de aprobación en Lengua gracias a que cambiaron la forma de enseñar a leer.

En contraposición, si miramos la foto del rendimiento general, CABA y Córdoba se mantienen en lo más alto con más del 80% de sus alumnos aprobados. Esta disparidad responde a la lógica de sistemas conocida como “efecto techo”. Su ritmo de crecimiento es más lento por una cuestión lógica: cuando un distrito ya tiene a la gran mayoría de sus estudiantes en los niveles óptimos, el margen estadístico para seguir escalando es mucho más acotado.

En esta radiografía, se destaca el caso de Mendoza, que, incluso con un buen rendimiento histórico, tuvo un avance de 12,4 puntos porcentuales en su tasa de aprobación entre 2023 y 2025. Esta provincia es un ejemplo no solo de las bases fundacionales del Plan Provincial de Alfabetización, sino, además, de la importancia de darle continuidad y seguimiento de las mejoras trabajando fuerte un plan de lectura fluida desde primer grado.

El gran punto de dolor en la educación argentina se encuentra en lo que está pasando en Matemática y muy focalizado en la secundaria. Mientras que en la primaria el nivel de aprobación ronda el 55%, en el último año de la secundaria apenas el 14,2% de los alumnos logra un nivel satisfactorio en Matemática.

El primer problema está en las fallas en comprensión lectora: los alumnos no entienden la consigna escrita. El segundo factor es normativo y pedagógico. Tras la pandemia, muchas provincias implementaron regímenes de “promoción acompañada” extremadamente flexibles para evitar que los chicos abandonaran el colegio.

Los gráficos de abandono escolar muestran que la medida funcionó para retenerlos dentro del aula, pero el costo oculto fue un apagón de aprendizajes. Los alumnos avanzaron de año arrastrando deudas matemáticas graves. A esto se suma una forma de enseñar que sigue atrapada en la receta de memoria y el algoritmo rígido. Cuando la evaluación les pide razonar una situación de la vida real, los estudiantes se frustran porque no se les enseñó a pensar de forma activa.

En Matemática, la provincia de Buenos Aires -por su peso demográfico- es el reflejo perfecto de las dos realidades del sistema. En la primaria hay señales para un optimismo cauto: el nivel de aprobación en Matemática subió al 56,3%, traccionado principalmente por las escuelas estatales y el esfuerzo de los 24 partidos del Conurbano. Y como concentra casi dos tercios de la matrícula provincial, su mejora empuja todo el territorio.

Sin embargo, el “partido difícil” se juega en la secundaria bonaerense. Allí se siente el impacto directo de la flexibilización pedagógica pospandemia. En distritos del sur y el oeste del Conurbano, como La Matanza, Merlo o Quilmes, más del 60% de los adolescentes quedó por debajo del nivel mínimo en Matemática, en sintonía con un alarmante promedio nacional. La escuela media enfrenta un doble desafío: un piso críticamente bajo y un techo bloqueado que impide a los jóvenes desarrollar capacidades complejas para un mundo laboral exigente.

Cada vez que nos comparamos con el mundo, buscamos recetas milagrosas diseñadas en otros continentes. Al respecto, el periodista y analista internacional Andrés Oppenheimer señala una diferencia de fondo: el éxito de los países que lideran los rankings educativos -como los asiáticos- no se basa en decretos, sino en una sólida cultura familiar de la educación. Son las propias familias las que asumen un rol activo e invierten tiempo y desvelo en el aprendizaje de sus hijos, en lugar de esperar pasivamente que un ministro solucione los problemas del sistema. En países como Corea del Sur, por ejemplo, los padres acompañan a sus hijos a clases los sábados. Por eso, la diferencia en la educación no la va a hacer un ministro y ni siquiera un maestro. La va a hacer la familia que acompaña al alumno y el propio alumno.

Las pruebas PISA funcionan como una fotografía global para saber dónde estamos parados respecto al mundo. Las pruebas Aprender son nuestra radiografía federal: una herramienta censal indispensable para diseñar políticas públicas adaptadas a la realidad de cada aula argentina.

El camino ya se inició con éxito en la alfabetización inicial de Lengua. El desafío urgente ahora es construir para la Matemática una política pública igual de clara, científica y sostenible en el tiempo, lejos de efectismos tecnológicos. Es hora de dejar de alarmarse por la foto de afuera y empezar a usar nuestra propia radiografía para rescatar a la escuela argentina desde el aula.


COMPARTIR