Rolling Stone estrenó REC, un nuevo ciclo de entrevistas originales conducido por Manu Buscalia en Feed, el nuevo espacio de LA NACION. El encargado de abrir la serie fue Dillom, que en una extensa charla dejó definiciones fuertes respecto de su presente artístico y personal, los excesos de la vida contemporánea, la fama y el proceso detrás de La nueva violencia, su flamante tercer álbum de estudio.
Desde el comienzo de la charla, que a su vez quedó registrada en la tapa de la próxima revista Rolling Stone de octubre (muy pronto disponible en kioscos y en la web), Dillom reflexionó sobre una época en la que “todo parece quedar registrado” y cuestionó el uso constante de celulares durante los conciertos. “Para mí los streamings de los shows son antiartistas“, disparó. “No es lo mismo que vivirlo ahí. Además, hay errores o imperfecciones que pasan más de largo estando en vivo que cuando quedan impresas para siempre”.
La conversación también giró alrededor de La nueva violencia, su más reciente LP, un disco atravesado por la ansiedad digital, la sobreinformación y los vínculos contemporáneos. Dillom contó que la idea del álbum nació a partir de una sensación de agotamiento provocada por su propia relación con las redes.
“Llegó un momento en el que me empecé a sentir enfermo. Tenía una adicción a mirar estas pelotudeces todo el día. Sentía que me estaba haciendo mal y que estaba influyendo en mi forma de pensar”, aseguró. A partir de esa inquietud, comenzó a construir una obra que, según sus palabras, busca exponer “la parte más escabrosa de lo rutinario” en la vida moderna.
Esa búsqueda lo llevó incluso a experimentar durante la grabación del disco. Junto a su equipo, se instaló durante varias semanas en una casa de campo donde dejaron los celulares de lado. La experiencia, que comenzó como una decisión de trabajo, terminó convirtiéndose en un experimento social.
“Los primeros días aparecía el reflejo de buscar el teléfono. Después me encontré mirando el cielo durante una hora y media, perdido en mis pensamientos. Ahí dije: ‘Se pueden recuperar las neuronas, la atención‘”, contó entre risas.

A diferencia de trabajos anteriores, donde el personaje de Dillom ocupaba un lugar central, para La nueva violencia el músico buscó correrse del centro del relato. “No quería hablar de mí porque ya me aburre“, afirmó. “Siento que la obra es incluso más grande de lo que soy yo como persona”.
También hubo espacio para hablar de la fama, una condición que, lejos de rechazar, asegura disfrutar. “Soy un buen famoso“, bromeó. “No disfruto de la careteada sino del cariño de la gente. Que me paren por la calle y me digan cosas lindas me gusta mucho”.
Dillom contó además que recientemente cambió de terapeuta después de una década y definió ese espacio como una parte fundamental de su vida. “Me entusiasma que llegue el día de terapia“, aseguró. “Lo disfruto porque es un espacio para mí, para hablar y bajar a tierra las cosas que me pasan”. Además, reveló que las sesiones suelen extenderse al análisis de su propia obra y a intereses vinculados con la meditación y la espiritualidad.

Otro de los temas centrales fue el estado actual de la industria musical. El músico cuestionó la dependencia de muchos artistas respecto de las tendencias impuestas por las grandes compañías. “Lo que más me enoja de este presente es la subordinación de los artistas“, afirmó.
Y profundizó: “Estamos en un momento en el que nadie sabe qué va a pasar. Las multinacionales tampoco tienen idea. Entonces no nos dejemos pasar por arriba. Te dicen que hagas esto o aquello porque es lo que garpa, pero hoy no hay una fórmula”.