Durante años la industria insistía que el futuro del interior del auto iba a ser minimalista, apostando por la fórmula sencilla de menos botones y más pantallas. Los comandos físicos comenzaron a desaparecer de las consolas y funciones tan habituales como regular la temperatura, poner las balizas o encender la calefacción de los asientos quedaron escondidas dentro de menús digitales.
La tendencia permitió crear habitáculos más limpios y minimalistas. También facilitó las actualizaciones de software y concentró numerosos sistemas en una única pieza. A pesar de esto, la experiencia cotidiana expuso su contracara: para realizar una acción que antes requería girar una perilla, ahora puede ser necesario mirar la pantalla y tocarla varias veces hasta llegar a la opción deseada.
Por qué algunas marcas volvieron a fabricar repuestos de modelos que desaparecieron hace décadas
Después de extenderse por buena parte de la industria, ese diseño comenzó a revisarse. Algunas automotrices ya recuperaron mandos tradicionales y otras preparan interiores que combinarán las posibilidades de las pantallas con botones para las funciones de uso frecuente.
Uno de los movimientos más significativos llegará desde Volvo, una de las marcas que llevó más lejos el minimalismo. En varios de sus modelos actuales, prácticamente todos los ajustes se realizan desde la pantalla central, incluido el climatizador.

Su responsable de diseño, Thomas Ingenlath, adelantó que sus próximos habitáculos incorporarán más controles físicos, según recopiló Motor Illustrated sobre la conferencia de prensa con los planes de la compañía para los próximos años.
El cambio no supondrá abandonar las pantallas ni recuperar las consolas repletas de teclas de hace dos décadas. La idea será reservar la interfaz digital para aquello que pueda aprovecharla y asignar un mando propio a las funciones que el conductor necesita utilizar constantemente.
Ingenlath puso como ejemplo a las cámaras Leica, cuyos controles se distinguen por su forma, material y respuesta al accionarlos. Esa lógica podría trasladarse a perillas y selectores capaces de identificarse mediante el tacto, sin necesidad de apartar la vista del camino.

Los primeros indicios de esta nueva etapa aparecerían en un prototipo que Volvo presentará en 2027, cuando celebre sus 100 años. Además del interior, el vehículo anticiparía una revisión de la identidad visual de la marca, incluida una reinterpretación de su parrilla y su emblema, de acuerdo con el mismo medio.
De símbolo tecnológico a problema de uso
La multiplicación de las pantallas estuvo asociada inicialmente con la modernidad y, más tarde, con el crecimiento de los autos eléctricos. Tesla fue una de las marcas que popularizó el tablero casi desprovisto de comandos, una solución que después se extendió incluso a modelos con motor de combustión.
Pero los controles táctiles presentan la limitación evidente de que una superficie lisa no permite reconocer una función con la mano. Una perilla puede encontrarse y accionarse sin mirarla; una opción digital exige localizar visualmente el ícono correcto y comprobar que el sistema haya respondido.

La discusión también llegó a las evaluaciones de seguridad. Desde 2026, Euro NCAP incorporó con mayor peso la facilidad de uso de los comandos dentro de sus protocolos. El organismo europeo busca que funciones esenciales puedan operarse de manera directa y sin depender de menús complejos. Su calificación no constituye una obligación legal, pero influye sobre la imagen y el desarrollo de los vehículos comercializados en Europa.
En la misma línea de la marca sueca se encontró Volkswagen, que también comenzó a recuperar teclas y perillas después de las críticas recibidas por sus comandos táctiles. Sus nuevos interiores vuelven a ofrecer controles físicos para funciones habituales como el volumen, la climatización y las balizas, aunque mantienen una pantalla central para el resto del sistema multimedia.