En las proximidades del río Cacheuta y a escasa distancia de la localidad de Potrerillos, existe un circuito de montaña que atrae a caminantes de diversa procedencia: una experiencia que combina el imponente entorno de la precordillera mendocina con el atractivo histórico de los restos de una aeronave accidentada.
La historia es que el 6 de febrero de 2010, un avión del tipo Piper Warrior (matrícula LV-AZR) se precipitó contra un cerro cercano a Potrerillos. A bordo viajaban tres personas: el piloto, el copiloto y un fotógrafo invitado especialmente para capturar imágenes aéreas de la zona. El accidente fue fatal: dos de los ocupantes murieron en el acto, mientras que el tercero falleció al llegar al centro hospitalario.
Las investigaciones de la Junta de Investigaciones de Accidentes de Aviación Civil (JIAAC) determinaron que el siniestro obedeció a una sucesión de errores humanos. El informe señalaba que el Piper Warrior volaba a una altura peligrosamente baja, ubicándose por debajo de los límites mínimos de seguridad, y, al agotarse el combustible de uno de los tanques principales, el piloto no dispuso del margen necesario para efectuar el cambio al tanque de reserva, lo que impidió la reactivación del motor y desencadenó la tragedia.
Desde entonces, diversos excursionistas se embarcan en esta travesía por las quebradas de Potrerillos para ver los restos del “avión caído”. El trekking se desarrolla a través de las quebradas secas y laderas rocosas características de la región hasta alcanzar el sitio donde yace la estructura. Se trata de una ruta de ida y vuelta que suma un total de 12,9 kilómetros.
Para completarla, los caminantes deben superar un desnivel positivo de 543 metros en un recorrido que demanda entre 5 y 8 horas de marcha. Debido a la constante erosión del terreno, las subidas prolongadas, los lechos de ríos secos con piedras sueltas y la arena floja, la travesía presenta una exigencia física de moderada a alta, por lo que resulta aconsejable contar con rodaje previo en terrenos de montaña.
Las postales del camino y el factor sorpresa
Si bien el trekking puede hacerse de forma autónoma, ya que el acceso al lugar es libre y gratuito, es recomendable contar con el acompañamiento de un guía o institución, como la Escuela Municipal de Montaña de Luján de Cuyo.
El recorrido inicia sobre la Ruta Nacional 7 y el puente del río Cacheuta; los primeros 15 minutos sirven para adaptar el ritmo mientras se contempla la inmensidad del valle y la majestuosidad del Cordón del Plata. Sin embargo, a medida que se ingresa en la zona de cerrilladas —cerros pequeños dispuestos en cadena—, las vistas abiertas se pierden por completo. Solo al llegar a las proximidades de los restos o al trepar hasta el filo se recupera la panorámica hacia el Embalse Potrerillos.
La geografía de la zona actúa como un escudo natural para los restos del fuselaje, lo que exige estar muy cerca para lograr divisarlos. En ese marco, el encuentro repentino con la estructura genera un fuerte impacto entre los visitantes. “La curiosidad por ver la estructura es grande, pero llegar ahí siempre conmueve. Este año subí con un grupo de Regatas Mendoza en el que iba la hija del piloto; recordar el aniversario de la tragedia con su relato directo y su dolor fue un momento que conmovió a todos los participantes”, recuerda Ramón “El Chino” Berón, uno de los guías de trekking de la Escuela Municipal de Montaña de Luján de Cuyo, que realiza la ruta desde 2011.
“El avión todavía conserva su color blanco con líneas rojas y su patente en color negro. Aunque presenta abolladuras, se observan separados el fuselaje y sus dos alas. También está la estructura del asiento y un poco de la alfombra”, aporta Mauro Dibarbera, otro de los guías de la Escuela Municipal.
A diferencia de los primeros años posteriores al siniestro, cuando la nave se hallaba casi intacta, el paso de los visitantes aceleró su desguace. “Hoy se encuentra la cabina y parte del fuselaje; casi todo lo demás se lo han ido llevando en el transcurso de los años. Los grupos grandes que vamos con guía no traemos nada por respeto a las víctimas, pero al ser una zona abierta hay gente que entra por su cuenta y lo ha ido desmantelando”, advierte Berón.
Dibarbera aclara además un aspecto clave de la ubicación, ya que la estructura no se encuentra en el lugar exacto del impacto: “Si uno mira hacia arriba y a la izquierda, se logra divisar una cruz negra con los nombres de los tres tripulantes y la fecha del accidente, colocada por sus familiares. Es una caminata de unos 10 minutos más, todo cuesta arriba y bien empinado”, precisa el guía.
Gestión de marcha y precauciones en la precordillera
La travesía transcurre por el lecho del Arroyo Cacheuta y, si bien se puede realizar durante gran parte del año, los expertos advierten que es fundamental evitar los días de lluvia. “Cuando cae agua en la alta cuenca, este cauce seco se vuelve extremadamente peligroso por las crecidas repentinas y el arrastre de piedras”, advierte Berón.
Para abordar la salida, los profesionales sugieren contar con el equipamiento adecuado y tomar las siguientes medidas de prevención:
- Calzado rígido: botas de trekking con buen agarre para proteger los tobillos ante los acarreos inestables.
- Indumentaria por capas: llevar ropa de abrigo extra, guantes y protección contra el sol radiante (gafas, gorro y protector solar).
- Hidratación y víveres: mínimo entre 2 y 3 litros de agua por persona, comida de marcha, frutos secos y caramelos.
- Seguridad y comunicación: bastones de trekking, linterna frontal, botiquín personal, silbato y radios VHF/handies para la comunicación en zonas sin cobertura celular.
- Aviso de itinerario: notificar siempre la ruta, los integrantes y la hora estimada de regreso a allegados antes de ingresar a la montaña.
Para quienes no posean autonomía de orientación en terreno agreste, la recomendación es realizar la actividad junto a guías habilitados, para contar con mayor seguridad y acompañamiento durante la experiencia y mantener una actitud respetuosa con la memoria del lugar.