El equipo económico profundizó una conducta específica en las últimas semanas. Luis Caputo y algunos de sus funcionarios, como Pablo Lavigne, a cargo del área productiva, revisan la marcha de la actividad para determinar cuáles son los sectores de menor reacción y ver cómo apuntalarlos. Salvo el campo, las finanzas, la minería y la energía, todo puede entrar en su lista.
La aplicación de medidas específicas para economías rezagadas es una de las novedades más importantes que arrojó la implementación del plan desde que Javier Milei llegó a la Presidencia. Se podría decir que el mercado es bueno, pero si se lo vigila, es mejor.
La adaptación de la vieja letra a la nueva sintonía está consensuada al máximo nivel de Gobierno. De esa inspiración surgieron la baja de tasas para dejar más pesos en la calle, las facilidades para ampliar los créditos en dólares y el esquema para fondear préstamos hipotecarios con recursos de Anses, entre otras cosas. El Gobierno está preparando más medidas en la misma línea.

Los fabricantes locales de autos atraviesan una etapa oscura, eclipsados por la llegada masiva de vehículos chinos llenos de tecnología y a menor precio. Con esa desesperación fueron a golpear a través de ADEFA la puerta del Banco Nación. Lo maneja Darío Wasserman, esposo de Pilar Ramírez, legisladora porteña y persona de confianza de Karina Milei en la ciudad de Buenos Aires.
Las automotrices se llevaron lo que buscaban. Desde mañana, el Banco Nación ampliará su línea +Autos con una modalidad en UVA para financiar hasta el 100% de autos, pick ups y utilitarios nuevos o usados de hasta 10 años, con un tope de $100 millones y sin necesidad de constituir una prenda. Es un monto considerable, que supera largamente los US$60.000.
Los créditos tendrán plazos de 12 a 60 meses, cuotas iniciales más bajas que la alternativa tradicional en pesos y un mecanismo de protección atado a la evolución de los salarios. Hay expectativa de que la medida le dé un empujón al mercado.
Los esfuerzos del Nación para poner plata en la calle le están dando una nueva forma al mundo financiero. Como presta mucho y en condiciones favorables con respecto a la competencia, suma clientes. Es llamativo que en la gestión libertaria el market share de la entidad que el Gobierno quiso privatizar y no pudo le esté sacando una tajada del negocio a los bancos privados.

Hay otras ideas que recorren la mesa del equipo económico, como quitarles más impuestos a la importación de maquinaria para sectores que exportan y ya se están exprimiendo los escasos recursos del Tesoro para volcar a la calle.
La orden de Milei es no hacer obra pública, pero hay rutas que, según el equipo económico, es más caro no hacer que finalizar. Ese pequeño paquete está avanzando sin pausa por la insistencia del jefe de Gabinete, Diego Santilli, interesado en tener algo que mostrarles a los gobernadores. Caputo no solo no pone freno, sino que tiene la expectativa de que sea un pequeño eslabón más en la cadena de decisiones para reactivar la economía y acompañar el proceso político del año próximo.
La economía está completamente entrelazada en las conversaciones políticas. El expresidente Mauricio Macri habla con Karina Milei con una frecuencia que hubiese sido impensada hace algún tiempo. Algunos mencionan que pasa una vez por semana. Todo cambió tras la comunicación telefónica de media hora que ambos mantuvieron a mediados del mes pasado para reinaugurar el diálogo y coordinar una estrategia nacional entre La Libertad Avanza y el PRO.
Tanto Macri como Karina miran las elecciones del año próximo. El expresidente transmitió su preocupación acerca de la necesidad de que la normalización de la economía se sienta en la vida del votante. La hermana del Presidente piensa lo mismo cuando mira las encuestas. Esta semana, uno de sus funcionarios más cercanos reconoció que la gente tiene que “estar mejor”, siempre dentro del plan. Es el nuevo cliché libertario.
Llama la atención que parte de ese diagnóstico sea compartido por la oposición. Sergio Massa, cada vez más activo en la interna peronista, mantiene sus contactos de siempre en Estados Unidos, no sólo con la política, sino también con grandes fondos de inversión. Por eso celebró recientemente que, en esas conversaciones, apareciera una pregunta que hasta hace poco parecía fuera de agenda: qué podría pasar con la economía si el peronismo volviera al poder el año próximo. No es un dato menor. Después del gobierno de Alberto Fernández, que terminó con una inflación superior al 200% anual, el justicialismo se sentía relegado entre las alternativas electorales reales para el próximo turno.
Massa está difundiendo un mensaje completamente distinto al del propio Massa, pero modelo 2023. Asegura que una eventual vuelta al poder será con superávits fiscal y comercial, al estilo de Néstor Kirchner, después de una discusión interna que, promete, se dará en 2027. Es una versión parecida a la que también transmiten las terminales de Axel Kicillof.

Todo eso ocurre en medio de una interna que explota. Pero en el peronismo, las peleas de hoy no necesariamente condicionan las decisiones de mañana. Hay un axioma que suele ordenar al espacio: los años pares son de discusiones permanentes; en los impares, cuando llegan las elecciones, casi todos terminan juntos.
La nueva conciencia sobre la situación económica actual y la necesidad política futura llevaron a un reordenamiento al interior del Gobierno. Caputo sigue buscando alternativas para promover la reactivación dentro de los límites que pone Milei. La convicción en el Gobierno es tan grande que une a los que se pelean. No solo tiene el acompañamiento de la hermana del Presidente, sino también el de su rival en la interna, Santiago Caputo, quien cedió poder, pero nada de la escucha de Milei.
En la nueva configuración, los halcones son el propio Milei y Federico Sturzenegger, uno de sus ministros preferidos, cuya sintonía con el Presidente le garantiza una cercanía envidiable y la antipatía silenciosa de algunos de sus compañeros.
Hay fricciones del poder cotidiano que le quitan ritmo a algunas decisiones de Caputo. A Sturzenegger, por ejemplo, se lo señala como un detractor de la norma que les permite a los bancos prestar en dólares, en ciertos casos. Y en el Gabinete señalan que la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, puso sus reparos a usar dinero del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para fondear a los bancos para que promuevan el crédito hipotecario.
El FGS depende de Anses, que está dentro del Ministerio de Capital Humano, pero lo maneja Economía. Petovello no está involucrada en el manejo cotidiano, aunque cuando lo cree necesario, dice lo que piensa sobre el tema.
Una foto convalida esa lejanía. El anuncio de la medida se hizo el 26 de agosto pasado. En el centro estaba Caputo, rodeado por el vicepresidente segundo del Banco Central, Baltasar Romero Krause, y Juan Cruz Micele, director general de Inversiones del FGS, que no está al tope del organigrama. Petovello, de quien depende el organismo de la seguridad social, no apareció en la imagen ni participó de ningún tramo del anuncio.
La necesidad de una reacción para favorecer el camino electoral libertario puso al ministro de Economía cada vez más en el centro de la escena. En las reuniones de Gabinete y en las últimas visitas a la mesa política sostienen que hay sectores que están “volando”, -es la palabra que reprodujo uno de los asistentes a esos encuentros-, pero otros permanecen rezagados, como la construcción, el consumo masivo y la industria.
Quienes lo escuchan reproducen su pronóstico: la mejora de la economía será más visible para la mayor parte de la población a partir del primer trimestre del año próximo. Justifica ese anticipo en la expectativa de que la inflación siga bajando y los salarios se recuperen por encima de los precios, algo que debería generar una mejora en la percepción de la situación general. Habrá que revisar su pronóstico en marzo del año próximo, antesala de la carrera electoral.
Caputo acepta la centralidad que le toca. El ministro se mostró muy activo frente a los medios en los últimos días. En Estados Unidos, concedió entrevistas a periodistas argentinos. De regreso en Buenos Aires, volvió a exponerse públicamente y, tras participar en la conferencia de la UIA, se detuvo a responder las consultas de los cronistas, incluso sobre algunos de los puntos más sensibles de la economía. No es una conducta frecuente.

Esta semana aseguró en conversaciones con funcionarios que trabajan en Casa Rosada que no había llegado a la reunión del G-20 con una gran expectativa de reunirse con el secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, garante de la estabilidad argentina durante la corrida cambiaria de 2025. El ministro se juntó por 20 minutos y se fue con elogios. Caputo lo vivió como un éxito.
La creciente densidad del vínculo con Washington empieza además a producir consecuencias fuera de la economía, ya que un guiño de Donald Trump abrió la puerta esta semana para que Javier Milei anunciara nuevos castigos contra la explotación petrolera en las Islas Malvinas.
Hay documentos que permiten intuir una fortaleza de la Argentina. Rockhopper y Navitas construyeron su proyecto mirando fundamentalmente a Londres. El registro oficial británico muestra que ambas contrataron a Hanbury Strategy and Communications para realizar lobby durante al menos dos años. Además, el 14 de junio de 2023, Navitas se reunió con Zac Goldsmith, entonces ministro del Foreign Office, para discutir específicamente el proyecto Sea Lion. Rockhopper continuó apareciendo como cliente de Hanbury durante parte de 2024. No hay un despliegue equivalente en Washington, de manera que construyeron relaciones en el Reino Unido sin desarrollar una red pública semejante en el centro del poder mundial. Esa ausencia dejó un flanco que la Argentina comenzó a aprovechar cuando Trump incorporó inesperadamente el tema Malvinas a la conversación.
Son movimientos distintos, pero responden a una misma lógica: ampliar los márgenes de maniobra sin alterar el corazón del programa.
El cambio no supone que Milei haya abandonado sus convicciones ni que el ministro de Economía sea ahora desarrollista. Es algo más elemental y se puede entender con los sondeos. A la supervivencia del proyecto no le alcanza solo con que cierren las cuentas.