Los bancos podrán otorgarles préstamos en dólares a las empresas, incluso cuando únicamente generen ingresos en pesos. La flexibilización anunciada ayer por el Gobierno marca un quiebre frente a las restricciones que se pusieron luego del estallido de la crisis de 2001, una medida que ahora busca dinamizar las inversiones y la actividad económica.
“Fue un pedido de las industrias. Nos venían pidiendo una mayor flexibilidad en esto”, afirmó el ministro de Economía, Luis Caputo. Detrás de esta decisión hay un número: desde el Palacio de Hacienda estiman que hay una capacidad de US$5800 millones para otorgar créditos, luego de que los depósitos en moneda extranjera subieran a un ritmo acelerado desde 2023.
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“Las medidas anunciadas permitirán el acceso al crédito en moneda extranjera a empresas que hasta hoy estaban excluidas, aun cuando tuvieran un excelente historial crediticio y capacidad de pago. Estas empresas tendrán, ahora, más opciones para elegir la moneda en la que decidan financiarse”, explicó la Asociación de Bancos Argentinos (Adeba), entidad que reúne a Banco Macro, Banco Nación y Grupo Financiero Galicia, entre muchos otros.
Los bancos que están conformados por capitales argentinos fueron los que más se mostraron de acuerdo con esta medida, a diferencia de la postura que mostraron los bancos internacionales en el pasado, englobados bajo la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA).
Sin embargo, la mayoría de las entidades financieras hoy se muestra prudente y está a la espera de conocer más detalles en el DNU que publicará Economía en los próximos días y la reglamentación que emitirá el Banco Central (BCRA).
Por lo pronto, el Gobierno aclaró que las financiaciones alcanzadas por el nuevo régimen se otorgarán dentro de un “marco prudencial” específico y que no podrán superar el 15% de los depósitos en moneda extranjera de cada uno de los bancos. Además, estarán sujetas a mayores exigencias de capital y límites de exposición crediticia.
“Estas medidas contribuirán a generar condiciones para el desarrollo del ahorro y del crédito en dólares en los próximos años. Favorecerán, además, que una parte de los dólares que los argentinos mantienen en efectivo o en el exterior se canalice hacia el sistema formal”, aseguró Adeba, que remarcó que se trata de “un paso más en la dirección correcta”.
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Los bancos se muestran cautelosos sobre a quiénes irán a parar los préstamos en dólares. El principal riesgo es que haya un descalce de monedas, porque si un banco presta dólares a una compañía que no genera divisas, queda expuesto a que una variación significativa del tipo de cambio deteriore la capacidad de pago del deudor.
Por eso, según pudo saber LA NACION, aunque se amplíen los destinos permitidos, los bancos buscarán prestarle únicamente a aquellas empresas que tienen una gran reputación y espalda financiera.
“Creemos que esta flexibilización representa un paso muy positivo para expandir el crédito, movilizar el ahorro hacia la inversión y potenciar el desarrollo productivo del país. Al ampliar la capacidad de los bancos para otorgar financiamiento en dólares, se generan más oportunidades para que las empresas inviertan, crezcan y generen empleo. Desde Supervielle apoyamos esta y todas las medidas que contribuyan a profundizar el mercado financiero y de capitales, porque son clave para construir una economía con más financiamiento, competitividad y crecimiento sostenible”, compartieron desde el Banco Supervielle.
Ariel Sbdar, CEO de Cocos Capital —que recientemente adquirió el 100% de Banco Voii—, consideró que con esta nueva medida los bancos “tenemos por delante la oportunidad” de canalizar el ahorro local en dólares hacia la inversión productiva. Pero agregó que también está la “responsabilidad de explicar bien de qué se trata esta nueva etapa del sistema”, diferente a la que estaba el sistema financiero en 2002 después del corralito.
“Sobre nosotros recae la parte más importante. Evaluar la capacidad de repago bajo distintos escenarios cambiarios, distinguir a los tomadores que cuentan con cobertura natural, asignar con criterio un cupo que es acotado y cuidar el calce de plazos no son requisitos formales, sino la condición para que esta oportunidad no se convierta en un problema. El descalce de monedas sigue siendo un riesgo real y sería un error tratarlo como un tema saldado. La diferencia es que hoy está acotado, medido y previsionado. Después de 2001 elegimos convivir con un riesgo igual a cero, y esa decisión tuvo su propio costo en inversión y en empleo. Administrarlo bien es lo que nos permite volver a poner el ahorro local al servicio de la producción”, completó.