Envalentonados

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Si Javier Milei no quiere que vuelva el kirchnerismo, en modo envalentonado, no debería minimizar la sucesión de errores que el Gobierno viene cometiendo desde su intento de relanzamiento. Porque no son pocos, ni pequeños.

Desde la inoportuna inclusión del capítulo de “extranjerización de la tierra” hasta la aplicación del decreto referido a los “prácticos” (precipitada decisión que estuvo a punto de provocar una catástrofe en el comercio exterior por vía marítima).

Desde el intento de liberación del precio de los libros hasta la eventual modificación de la ley de farmacias, que permitiría la oferta de medicamentos de venta libre en quioscos y supermercados.

Y, por supuesto, Milei debería computar, como un error político propio, el de la falta de empatía con los morosos que tomaron deuda el año pasado, y que ahora no la pueden pagar.

Porque es cierto que se trata de un problema entre privados. Sin embargo, el estado podría usar herramientas para ayudar tanto a los deudores como los acreedores y sin gastar un solo peso.

De hecho, el Banco Nación y el Banco Ciudad, junto a otros bancos privados, ya lo están haciendo. ¿Cómo? ofreciendo una mejor refinanciación para que las deudas puedan ser saldadas en plazos más extensos.

Pero ya ni siquiera importa si toda la culpa del revés en el Senado fue del ministro Sturzenegger, quien habría aprovechado su privilegiado vínculo con Milei para introducir, en el paquete de una misma ley, cuestiones propias de la batalla cultural, pero que no son urgentes. Tampoco importa si también habría que endilgar a Patricia Bullrich cierta falta de impericia para convencer a los senadores aliados.

Lo que sí se acaba de confirmar, en las últimas horas, es que no se presentará ningún otro proyecto de ley que le sirva al kirchnerismo para soñar con el regreso, sin antes contar con doble clic de Karina Milei y Diego Santilli. Porque con los últimos errores, los kirchneristas están envalentonados, y van por más.

Hay para todos los gustos. Por ejemplo: el “impresentable todo terreno”, Gregorio Dalbón, queriendo transformar los errores del Gobierno en una jugada maestra de Kicillof, Cristina Kirchner y en especial, Sergio Massa, quien, dicho sea de paso, está llamando a medio mundo para “vender su gran hazaña”, titulada “a este golpe contra el Gobierno lo di yo”.

El posteo de Dalbón no tiene desperdicio. Tampoco tiene desperdicio este tuit de Cecilia Moreau: “Que descansen, largo día”. Porque incluye un viejo video de Massa, cuando parece que levanta una botellita vacía, de plástico, de agua mineral, con la fuerza de la mente.

Es muy interesante, también, destacar a Nancy Pazos, contando “la obra maestra” que le adjudicó a José Mayans, Juliana di Tulio y, de nuevo “¡oh sorpresa!” a Sergio Massa, para explicar porqué se le torció la mano al oficialismo.

Tampoco iba a dejar de colgarse de esta supuesta victoria nuestro falso che guevara, Juan Grabois, acotando: “El frente unido, el pueblo movilizado y las organizaciones sociales consiguieron algo histórico”

Además se sumaron, cuando no, los chicos grandes de Gelatina, subiéndose al caballo del campeón, con la frase: “Tenés que ser muy pelotudo para ser Gobierno y que se te caiga esta ley”.

¿Tiene relevancia política lo que diga Pedro Rosemblat y su compañero, o el señor Grabois? No.

Sin embargo, dejan al descubierto algo que es innegable: más allá de la hipocresía y de la doble vara del kirchnerismo, el gobierno, evidentemente, metió la pata. Y fuerte. El que mejor lo viene explicando es Luis Juez, con una dura autocrítica incluida: “Defendimos mal el debate de la Ley de Tierras”.

“Nos faltó inteligencia”, dijo el senador y enseguida remató: “Los campeones del relato instalaron un título horrible y con la consigna de ‘la patria no se vende’ nos acorralaron”, tiene toda la razón.

Una vez más, el Gobierno quedó acorralado por los “campeones del relato”. Justo por ellos, los mismos que no dijeron ni “a” sobre Lázaro Báez y sus 415.000 hectáreas “adquiridas” en la Patagonia. Los mismos que no dijeron absolutamente nada sobre la instalación de una base china en Neuquén. La misma base que te mostramos en La Cornisa, en exclusiva, allá por 2015, cuando el kirchnerismo tenía bajo 7 llaves el convenio secreto que había firmado con ese país.

Por eso, repetimos: el kirchnerismo no tiene ninguna autoridad moral para hablar del tema. Sin embargo, una cosa no quita la otra, porque para borrar al kirchnerismo del mapa político y obtener la reelección de Milei, el gobierno tendrá que afinar la puntería y no subestimar al adversario, o no darle de comer a gente como Eduardo Valdés, el mismo de la frase: “Bonadío, Stornelli, puf”. Resulta que ahora Valdés, apropósito de una definición poco feliz del canciller Pablo Quirno, escribió: “El canciller Quirno acaba de decir que un extranjero puede venir a la argentina y comprar un pueblo o una provincia entera. la patria no se vende ‼”

“Todos a la plaza”, y entonces, hacia allá fueron todos, incluidos el gobernador Axel Kicillof, vanagloriándose de que no lo detuvo ni el agua. Es que ya no sabe qué hacer para llamar la atención.

Tardaron segundos en recordarle a Kicillof que medio conurbano estuvo pasado por agua. Y que eso también es su responsabilidad.

Una vez más: no hay que pifiar, no hay que “darles de comer”, si no, cualquiera se envalentona.

Ahí la tenés, a Miryam Bregman, la gran líder del progresismo vernáculo, transformada en “la manaos” de cristina y máximo, acaba de proponer que, si gana, impulsará:

· Un impuesto a las grandes fortunas

· Otro impuesto a la vivienda ociosa

· Un impuesto extra a las petroleras y mineras

· Otro impuesto a los 4000 grandes terratenientes

Como se sabe, el gobierno apunta a todo lo contrario. Como también se sabe, hay mucha gente que apoya el rumbo y no quiere volver al pasado.

Por eso, acá va nuestra recomendación: más autocrítica, menos soberbia y más empatía al instalar temas tan sensibles. Porque se puede tener mucha razón, pero si no se comunica bien el objetivo, el tiro saldrá por la culata.

Y una cosa más: nunca subestimen a los campeones del relato. Porque, de esta manera, lo único que están haciendo es “envalentonarlos”.


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