Javier Milei tiene más posibilidades de sucederse a sí mismo que de ser reemplazado por otro argentino en la presidencia. Es una ventaja sin garantía que encierra un límite y una incógnita, un año antes de la carrera final de las elecciones nacionales.
El Presidente no sabe si puede sumar el apoyo que le falta para asegurarse el triunfo. Tampoco -ni él ni nadie- puede todavía develar el misterio sobre la capacidad de acumulación del peronismo. El PJ está enroscado en peleas internas, asolado por divisiones estructurales y anclado en un notable despiste ideológico. Es más temible por su capacidad de daño que por la posibilidad de crear algo distinto a sus últimos fracasos.
En cambio, para el Presidente es más importante encontrar resultados concretos para la ajustada realidad de los votantes que preocuparse por sus rivales del año que viene. Milei depende de sus aciertos, en tanto el peronismo necesita que él se equivoque para renacer.
Una larga fila de argentinos espera pasar por ventanilla a cobrar los resultados del esfuerzo que hicieron y hacen para el imprescindible acomodamiento de las grandes variables de la economía. Es decir, para que el gasto público pase del déficit al superávit como condición necesaria para poner freno a la inflación. A eso siguió un torniquete a los ingresos familiares por la también imperiosa vía de adecuar las tarifas de los servicios públicos a sus costos reales.
La presencia del peronismo, más por los efectos no deseados de su gestión que por la oferta opositora, es un riesgo inevitable que Milei enfrentará con temeridad
Luego del susto en las elecciones bonaerenses y del rescate de los Estados Unidos de la corrida cambiaria, una primera minoría superior al 40% hizo triunfar a los libertarios en 16 de los 24 distritos electorales del país. Hasta ahí el reconocimiento a la decisión de cortar y recortar y la confirmación de la expectativa de una mejora.
Milei no sabe si tendrá algo más para ofrecer el año que viene. Mientras pasan los días, desde que en marzo Manuel Adorni se convirtió en un problema político, el Gobierno acumula meses de constante caída en los indicadores de apoyo y confianza. Sus rivales kirchneristas, en particular el gobernador Axel Kicillof, no creció demasiado, solo se acercó a Milei por el declive libertario.
El Presidente tiene como carta mostrar el primer impulso que generarán las inversiones en gas, petróleo y minería en Neuquén, Rio Negro y varias provincias cordilleranas. Un nuevo país, el de la economía extractiva, asoma con el pronóstico de que en cinco años la producción agropecuaria será duplicada por las exportaciones de Vaca Muerta y de la megaminería.
Es un cambio extraordinario que no esconde un problema electoral inmediato y a la vez expone la debilidad de la economía que por estas horas mantiene en vilo a los argentinos de los grandes centros urbanos.
La reactivación de la economía por una vía genuina no figura en la agenda de un equipo económico que tiene todo su foco puesto en las finanzas y las variables inflacionarias
El comercio tradicional está afectado por los ingresos reducidos y por el crecimiento de las ventas on line a portales chinos. La industria en términos generales tiene más retrocesos que avances. Con diplomacia, y entre los elogios que descargó, la jefa del Fondo Monetario, Kristalina Giorgieva, hizo notar durante su visita al país los riesgos de sustentación social y política del modelo.
Milei ganará o perderá en los grandes centros urbanos, donde desde siempre se definieron las elecciones; lejos de esas notables fuentes de crecimiento que transformarán la Argentina del medio siglo que viene.
Alerta spoiler: el país no está vacunado contra la llegada de un salvador que se le ocurra despilfarrar los ingresos por la recaudación de esas exportaciones gasíferas y mineras. Esas sumas serán varias veces más grandes que los 215.000 millones de dólares en retenciones que el campo aportó desde que las instauró Eduardo Duhalde, según el cálculo del presidente de la Sociedad Rural, Nicolás Pino.
Milei pondrá a su izquierda a todos sus rivales, en un juego que puede ser de dos, frente a un peronismo reunificado, o de tres, si se llega a armar una alternativa más centrista con radicales y lo que queda de PRO
Más de dos décadas atrás, Néstor y Cristina Kirchner decidieron malgastar la renta agropecuaria entre las víctimas de un modelo industrial irremontable, en lugar de promover que esos desempleados se convirtiesen en actores del desarrollo de zona productivas, que así perdieron la oportunidad de hacer despegar a la agroindustria cerca los campos.
El país puede repetir su historia si el peronismo regresa tal como se fue, sin entender los desatinos que cometió. Por ahora se beneficia del retroceso de Milei y se enreda en la pelea entre Cristina Kirchner y Kicillof. La expresidenta seguirá haciendo ruido hasta el extremo de condicionar y debilitar a su eventual sucesor en el peronismo, que puede condenarla políticamente al pasado. Una pena que teme más que los fallos judiciales.
La presencia del peronismo, más por los efectos no deseados de su gestión que por la oferta opositora, es un riesgo inevitable que Milei enfrentará con temeridad.
No parece tener previsto el Presidente reparar en la necesidad de una política que lo relacione con los argentinos que se van cansando del esfuerzo. Es un dilema complicado, en tanto no puede caminar por el mismo lugar en el que ya tropezaron los peronistas con sus diversos planes platita ante cada elección.
Hasta ahora, la reactivación de la economía por una vía genuina no figura en la agenda de un equipo económico que tiene todo su foco puesto en las finanzas y las variables inflacionarias que dependen del control de la moneda.
Entre insultos a Lula y abrazos con Keiko, Milei recorrió en los últimos días parte de una geografía electoral que parece un presagio para la Argentina. En Brasil habrá un mano a mano entre la izquierda gobernante y la derecha representada por Flavio Bolsonaro, el hijo del expresidente preso. De la misma manera, en Perú la hija de Alberto Fujimori superó por un margen ínfimo a un candidato de la izquierda, tal como ocurrió con el derechista Abelardo de la Espriella, en Colombia.
Milei pondrá a su izquierda a todos sus rivales en un juego que puede ser de dos, frente a un peronismo reunificado, o de tres, si algún desprendimiento llega a armar algo con una alternativa más centrista con radicales y lo que queda del PRO. Esa variante, un juego de tres, es por ahora incierta y parece lejana; los antecedentes regionales terminaron en todos los casos en una pelea desde los extremos.
El mano a mano con el peronismo kirchnerista es una tentación para los libertarios y a la vez un riesgo, en tanto una elección pareja haga recordar que el estado de las finanzas del país es más precario que los discursos que lo exaltan.